No quiero, pero tengo que. No puedo hacer otra cosa sino contarlo. Despues de todo, quizas esta sea la ultima noche. Quizas cuando apoye la cabeza en la almohada y cruce hacia ese otro lado, que tambien es este, sea la ultima vez. Me da lastima, despues de tantos años intentando contar esta historia, tener que narrarla ahora asi, toda de un tiron, sin correcciones, sin revisiones, sin ediciones posteriores. Esa sera una tarea que le dejo a mi editor, es decir, a mi futuro editor, si alguna vez alguien encuentra esto y se decide a publicarlo. Solamente le pido que no altere demasiado el estilo, el ritmo de lo que escribo, si tal cosa es posible. Tambien le deseo suerte, espero no dejar demasiado de mi en esto que escribo. Sobre todo espero no dejar una cosa, ese algo. Pero bueno, es hora de ponerme a escribir, dado que cada vez tengo mas sueño. Tomese todo lo anterior como un prologo.
No recuerdo la epoca, pero el sol caia con furia sobre el asfalto. Yo estaba con J. en una terracita que oficiaba de bar. A unas pocas cuadras habia una playa, en la que habiamos estado toda la mañana y tambien una buena de la tarde. Mientras la escuchaba tenia la vista clavada en mi vaso de cerveza, y veia el mundo como un universo sumergido y amarillento. A travez de aquel prisma veia pasar a los peatones que sin prisa iban y venian por aquella calle perpendicular a la avenida. Parejas, familias con chicos. Algunos paseaban perros. Cada tanto pasaba algun auto. J. me contaba algo de su niñez y yo me arremolonaba en la la silla, cada vez mas lejano a todo. En cierto momento me percate de una silueta que habia permanecido frente a nosotros en la vereda de enfrente. Estaba perfectamente inmovil, y de alguna manera, aunque no podia verle la cara, sentia que nos observaba. Esa fue la primera vez.
Claro, en ese momento no sabia donde quedaba la terraza de ese bar, no sabia donde quedaba esa playa donde el sol brillaba con ese color anaranjado tan intenso, y ni siquiera quien era J. Todo eso lo sabria muchisimo mas tarde. Decadas.
La siguiente vez fue en la quinta abandonada que quedaba al lado de la casa en la que viviamos de chicos. Una medianera de metro y medio separaba nuestra casa de aquella quinta propiedad de un anciano simpatico que nos regalaba paltas y naranjas a mi hermano y a mi. El anciano habia desaparecido en algun momento y la quinta se habia vuelto un pequeño pedazo de monte en el barrio de Florida. Con una medianera tan baja la pelota se iba constantemente al baldio, y con mi hermano M. nos turnabamos para saltar a buscarla, cuando no nos cruzabamos los dos para ver si volviamos con una mandarina o una rata muerta. Pero esta vez era de noche y estaba solo. No habia pelota pero recuerdo que de todos modos salte. No hice ruido al tocar el piso con los pies, y cuando levante la cabeza me di cuenta que algo estaba mal. No habia ruido en absoluto. De alguna manera supe que habia entrado en un mundo completamente muerto. Mi atencion se vio atraida hacia el viejo galpon que, como una cueva, se escondia en el extremo opuesto de la quinta, casi oculto en la penumbra. Y dentro de esa casucha llena de arañas y ratas volvi a sentir esa presencia fija que me observaba. Toda la realidad comenzo a verse atraida por el vortice de la cabaña, y yo sentia, sin poder moverme, que era lentamente arrastrado hacia ese punto inmovil, muerto, completamente gris. Me tomo varios años poder distinguir que aquello fue un sueño.
Hubo un punto en donde comprendi que aquella figura fija se me aparecia en sueños. Tenia siempre diferntes formas, pero solia ser sobre todo una mujer vieja de la que variaba la raza, apariencia y vestimenta. Otras veces era un perro, tambien viejo. O un pajaro. Pero casi siempre era una mujer vieja que parecia acechar desde los puntos mas inesperados.
Luego, mucho mas tarde, mientras caminaba por una calle de tierra que parecia acercarse a una iglesia pero en realidad no se acercaba nunca, para luego ir a parar a un cementerio de pueblo donde las lapidas blanqueadas por los años no tenian nombre alguno y se espaciaban para perderse entre helechos y arbustos viejos. El cementerio estaba rodeado por una muralla de apenas medio metro, que estaba derruida en muchisimos puntos. La tarde estaba muriendo y el silencio era tambien total. Y fue por una de esas aberturas que entro una figura. Instantaneamente supe que era ella. La delato su cara borroneada, como oculta tras una mancha. se movia muy lentamente, como una proyeccion. No caminaba, no movia ninguna extremidad. Era una proyeccion que se deslizaba silenciosamente entre los escombros. Giro tras un viejo sauce que se erguia en una de las esquinas del cementerio y por unos momentos pude recuperar el aliento. Pero volvio a aparecer, sin ningun sentido, por el camino que dejaba el cementerio. Vestia unos harapos de campesina de cuento de hadas, y llecava atada la espalda, en un pañuelo enorme, lo que parecia se una criatura recien nacida. Por unos instantes la niebla que le cubria la cara se disipo y entonces pude comprobar que me miraba con una mueca cinica. Dejo caer lo que parecia un niño pero solo era un viejo fardo de madera. Entonces desperte.
Este tipo de sueños, con la anciana que aparecia en lugares desiertos (un baño abandonado, un viejo estacionamiento subterraneo, un campo de pastos quemados atravesado por una tenebrosa via del tren) se volvieron mas frecuentes y aterradores en mi adolescencia, y alcanzaron el punto de volverse intolerables cuando empece a percibir algo que hasta ese momento fatidico se me habia pasado por alto: En cada sueño ella parecia acercarse mas. Si bien nunca avanzaba directamente, si bien siempre daba rodeos, si bien no mostraba siempre esa mueca horrible llena de cinismo, lo cierto es que poco a poco comenzaba a cerrar la distancia que habia entre nosotros. Comprendi que con cada sueño nos ibamos volviendo mas y mas cercanos. Y que, si continuaba esa inexorable logica de pesadilla, llegaria el dia - o mas bien la noche - en que estaria frente a frente con aquel fantasma, con aquel espectro, con aquello que, fuera lo que fuese, me atormentaba cada vez con mayor frecuencia. Por ese entonces tenia veinticinco o veintiseis años y trabajaba diseñando carteles publicitarios en una conocida agencia. De alguna manera, pese a los imnomnios, las consultas primero psicologicas, luego psiquiatricas, y finalmente con dudosos profesionales de lo oculto, me las habia arreglado para tener lo que se podia llamar una vida comun. Tenia amigos, rutinas, el año anterior habiamos comenzado a salir con J. Fue a partir del sueño del camino rural en donde mi vida comenzo a volverse la espiral de evasiones tras evasiones que me llevaron al triste pero quizas merecido final desde el que escribo esto.
Bajaba por lo que no puedo describir como otra cosa que un camino forestal, con aserraderos abandonados, como si anteriormente toda la zona perteneciera a una gran explotacion maderera. Lo que otrotra debio de haber sido un bosque ahora era un desolado monton de barro y ramas secas, con algunos tocones podridos aqui y alla. Sobre el fondo cada tanto aparecian masas ocres que de alguna manera sabia eran viejos y desmantelados tractores amarillos, palas mecanicas que comos viejos fosiles mordian el polvo de los años; restos de antiguas maquinarias inclasificables aparecian aqui y alla, mientras el camino de barro descendia trazando profundos zigzags. Tras una curva se volvio una larga recta que iba hasta lo que parecia ser un pueblo a uno o dos kilometros de distancia. A ambos lados del camino se abrian espacios de infinito cesped quemado por la sequia. Mientras caminaba hacia el pueblo solo podia pensar en que sin dudas habia sido la actividad humana lo que habia convertido ese bosquecillo en algo muy parecido a un desierto. La vi cuando me hallaba justo a la mitad del camino. Al principio dude que fuera ella, porque primero parecia ser una nena, y aquello nunca tomaba formas jovenes o que estuvieran extentas de decrepitud. Pero a medida que se iba acercando, me di cuenta de que era algo completamente distinto. Era una mujer, si, que parecia - no se podia decir con certeza - joven, pero no era para nada una nena. Lo que pasaba es que tenia la espalda partida... contorsionada, deformada a la manera de los enfermos de meningitis, la escoliosis era tal que la columna de aquello era practicamente una S; Tenia la cabeza practicamente a la altura de la cintura... y al estar el camino en bajada, daba la impresion de ser mas baja de lo que era. Al continuar acercandome - no podia hacer otra cosa, mi cuerpo se movia solo - note que venia completamente desnuda, solo cubierta por una sabana amarillenta que tenia un agujero por el que habia metido la cabeza. La rigidez de los miembros y el color de la piel de aquella mujer me hicieron pensar inmediatamente en un cadaver, en algo muerto. Era una cosa muerta que caminaba lentamente a mi encuentro, arrastrando los pies, contorsionando las pantorrillas en espasmos, aplastando las piedras como si no las sintiera, porque sin duda no las sentia. Y tenia en la cara nuevamente aquella mueca deforme e insoportable. A esas alturas ya sabia que era un sueño, pero tambien supe que si no hacia algo para despertarme iba a ser el ultimo. Algo adentro mio lo gritaba con un terror mundo mientras acortabamos la distancia. Solo nos separaban 200 metros, 180 metros, 150 metros, yo intentaba despertarme por todos los medios, pero no podia cerrar los ojos, gritar no servia de nada (mi voz se perdia ronca en esa soledad de pueblo), y no podia dejar de caminar. Era parecido al sueño de la cabaña que tuve en mi infancia. Toda mi existencia era atraida contra mi voluntad contra un vertice que se ubicaba justamente detras de la mujer deforme. Era como si el mundo mismo fuera llevado hacia ella por una despiadada fuerza mecanica. Ya casi uno enfrente del otro, alargo un brazo deforme y retorcido para tocar mi cara. Y entonces desperte.
Lo terrible de esa vez no fue solo la cercania fetida de aquella cosa, sino que esa mañana, mientras gritaba y me revolvia entre las sabanas transpiradas, no sentia en absoluto el haberme despertado. Sentia que en cualquier momento esa mano podia alcanzarme. Necesitaba cerciorarme, necesitaba asegurarme de que no estuviera en la casa. Esa mañana J. no se habia quedado a dormir ¿que pasaria si la encontraba a ella en vez de a mi? La sensacion de que una baba pegajosa me habia seguido desde el sueño, desde ese mas alla que sentia cada vez mas cerca, esa mañana fue cuando comence a sentir la cercania real, la ruptura de los planos, o mas bien la union de los mismos. Ella - o tal vez yo -habia cruzado una linea y ahora sueño y realidad de algun modo se habian fusionado. Se habia tendido un puente en algun sitio inasible, lo sentia con una certeza fisica que rayaba en la repugnancia, en el asco. Recuerdo haber ido al baño a vomitar, pero quizas ese recuerdo se transponga de alguna otra mañana - y hubo tantas otras luego de esa - en donde despertaba con la sensacion de una mano en el pelo, de un aliento en la nuca o con los musculos contraidos en una reaccion defensiva inexplicable para todos menos para mi. Paulatinamente comence a alejarme de todos. Primero de J. Luego de mis amigos. Finalmente hasta de mis conocidos. La cercania de aquella monstruosidad no me dejaba espacio para nada mas. No podia tolerar tener a nadie mas cerca mientras sentia esa lenta asfixia, esa sorda desesperacion de estar siendo pacientemente cortado por una cierra, desgarrado desde adentro con clavos.
Fruto de mi aislamiento comence a tener problemas en el trabajo. No era posible hacer publicidad sin tener buenas relaciones, o al menos malas relaciones, con los otros empleados y con los clientes. Al cabo de un tiempo (¿meses, años?) me echaron del trabajo y con lo que cobre me fui de Buenos Aires. En esa epoca todavia albergaba la esperanza de que de alguna forma aquel sucubo estuviera relacionado con algo especifico de mi vida, y lo unico que me quedaba de mi vida era el lugar donde vivia, asi que cambie eso sin que sirviera para nada. Uno lleva sus sueños adonde quiera que vaya, no importa si son ensueños o pesadillas. Sentia el puente cada vez mas solido. Por supuesto que cada vez empece a dormir menos y peor. Tomaba pastillas o alchol, y luego pastillas y alcohol, casi hasta desmayarme. Empece una carrera contra mis sueños utilizando todas las drogas que me podia permitir. Pasaba dias entero inconciente para pasar luego dias enteros sin dormir. Llego un punto en que crei que habia perdido por fin la capacidad de soñar, o al menos de recordar los sueños. Pero la sensacion de terror constante no desaparecio. Entendi que no recordar no era igual a no succeder, y una mañana desperte sin poder controlar mis gritos, que eran verdaderos aullidos. Estaba enloquecido y si hubiera tenido una ventana me habria lanzado por ella sin pensarlo. Por supuesto tenia otros medios, como los cuchillos en la cocina o la lavandina debajo de la mesada. Elegi este ultimo y aunque no consegui matarme si consegui quemaduras quimicas en el estomago y varias semanas en el hospital. Fue el primero de mis cuatro intentos de suicidio. Luego del ultimo se me hizo claro que aquello no me permitiria morir sin haber cumplido antes el horrible destino que me tenia reservado quien sabe desde cuando. Quizas desde el momento mismo de mi nacimiento.
Estos ultimos años fui cayendo presa de una debilidad cada vez mas sostenida, de un decaimiento impostergable. Lamento haber destruido mi capacidad de dormir sin desmayarme a base de barbituricos. Ahora pienso que tal vez podria haber investigado mas, en mis sueños, sobre los motivos del monstruo para perseguirme durante tantos años. Tal vez podria haber descubierto algo, una clave, algun tipo de llave para liberarme del fin que me aguarda. Se que son solo pensamientos inutiles. Ya no se puede cambiar lo hecho. En mi defensa solo puedo decir que en su momento me parecio mejor lo otro. En su momento tuve demasiado miedo. Es la reaccion mas normal, instintiva. Me pregunto si eso lo sabe, si por eso avanza tan segura, tan paciente, pero sobre todo me pregunto cuan cerca esta, y cuanto se acercara la proxima vez. Me pregunto si la proxima por fin, de una vez por todas, sera la ultima.
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