"Si, como dices, el fuego se iluminara tanto a si mismo como a las otras cosas, entonces la oscuridad se esconderia a si misma y al resto de las cosas"
Nagarjuna
Se oyo un horrendo bramido en la inmensidad de la noche, seguido de dos sordas detonaciones igual de tremendas. Todo sonido es ominoso en el silencio absoluto. La cosa, una masa amorfa de sombras al filo del final del resplandor de la fogata, yacia en el suelo retorciendose y respirando dificultosamente, si es que podia llamarse respirar a los extraños ruidos que producia. El cañon de la M3 exhalaba una apenas visible señal de humo. El sutil pero inconfundible olor a polvora se mezclaba con el olor terroso y picante de la fogata. Automaticamente me lleve la mano a la cartuchera y repuse las balas. "Seis en la recamara" pense. Todo habia ocurrido muy rapido. Primero la voz, familiarmente humana, luego aquella cosa acercandose, parandose justo al limite de lo visible, como un demonio que no puede atraversar el circulo magico. Me habia dado mala espina desde el comienzo. Nadie se acerca a una fogata en el medio del desierto, a esas horas de la noche. Nadie que no se traiga nada, claro. Cruzamos algunas palabras, triviales, insipidas. Supongo que algo en la voz o en la forma de hablar me dio la segunda advertencia. Fue una palabra que dijo, "claro", "por supuesto", "pero mire usted", no puedo recordar cual fue, pero fue una tonteria, una palabra mas del monton, de esas que no tienen digamos un gran significado y precisamente por eso se dicen siempre con una entonacion y una modulacion precisa pero practica. No se como fue que eso la pronuncio, pero la pronuncio inconfundiblemente mal, de una manera refinada y perversa, inhumana. Oi esa palabra y sin pensarlo mi mano fue derecho a la sobaquera. En ese mismo segundo la cosa habia dado un salto que habia ganado los cuatro o cinco metros que no separaban y, si mi punteria y mi reaccion no hubieran sido literalmente perfectas, habria bastado un segundo mas para que pasara conmigo quien sabe que atrocidad. Pero mi mi reaccion fue perfecta y entonces yo retrocedi dos pasos y la cosa fue a dar justo al filo del resplandor, con una parte de su indefinible monstruosidad iluminada, y la otra engullida por las sombras.
Habia escuchado muchas historias sobre cambiaformas, demonios y creaturas de ese estilo; y me habia reido de todas y las habia tomado como lo que son sin duda: producto de la increible imaginacion humana. Una facultad que tanto se inventa historias como tambien se inventa un par de botas, una brida o una calibre 44. Los gargarismos de ultratumba que venian de aquella cosa me enseñaban que habia cosas que existian con o sin la imaginacion humana, y tambien mas alla. Me asalto la idea de que si aquella cosa conseguia arrastrarse a la oscuridad yo quedaria completamente indefenso. Levante el arma y hice dos descargas mas haciendo punteria a lo que pensaba seria algo parecido al punto medio de aquella abominacion. 4 en el tambor, una docena mas en la cartuchera. ¿serian suficientes para acabar con eso? Avance algunos pasos ladeando y sin perderla de vista. Tendria que asegurarme, hacer valer cada disparo. Si aquello era capaz de hablar, de utilizar el verbo que dios nos dio a su imagen ¿quien sabe de que otra cosa era capaz? Sin duda era capaz de todo lo que era capaz un hombre. Y un hombre es capaz de casi cualquier cosa.
Avance algunos pasos mas, deteniendome en lo que creia era la distancia que nos habia separado cuando consiguio acercarse con su salto. Un conejo herido no salta mas que uno sano. Se supone que la logica funciona de modo universal, o eso habia aprendido, una de las pocas cosas que me habian quedado de aquellos viejos intentos del cura del pueblo por enseñarme gramatica. Y entonces, mientras intentaba distinguir alguna parte, alguna extremidad, alguna pista en esa masa negra alquitranada que parecia vibrar como la tierra, senti una punzada fria entre los ojos. Algo asi como un finisimo hilo helado e invisible que me unia a alguna parte del monstruo, naturalmente a la parte que se fundia en el negro absoluto. La noche escondida en la noche. Sin duda de aquel lado deberia estar el sitio, si se lo puede llamar cabeza, en donde se alojaba la conciencia de aquello que ahora intuitiva e inconfundiblemente sabia que me miraba. Me miraba abiertamente, de frente a frente, con la impudicia y la impunidad de quien sabe que mira sin ser visto. No podia ver de donde salia, si es que salia de algun sitio, aquella mirada que me bañaba en una lluvia de agujas de acero. Mi cuerpo entero se habia puesto tenso como una barra de acero. Con horror descubri que tenia los brazos demasiado tiesos, los dedos de la mano aferrando la culata del revolver como si fueran el cuello de una bestia, los hombros como si cargaran una carreta. Poco faltaba para que me fallaran las piernas y me desplomara. Respire profundo e intente relajar el cuerpo lo suficiente para disparar si fuese necesario. Entonces la oi hablar. No puedo reproducir el extraño fonema que articulo aquel ser disfrazado de hombre. Sonaba a guijarros apretujandose bajo las espuelas de un caballo. Sonaba a juncos doblandose bajo el peso de la corriente del rio. Sonaba a cigarras dialogando con cigarras.
- En nombre de dios, ¿que clase de abominacion sos? - le pregunte. Sea por mis nervios, sea porque realmente asi fue, me parecio sentir una oleada de ironia viniendo de aquel ser. La masa negra se retrajo y viro sobre si misma y nuevamente me hallaba mirando algo que imitaba casi a la perfeccion la mitad de un cuerpo humano. Unos vaqueros, un par de botas, un cinturon con hebilla y el comienzo de una camisa de mezclilla que se perdia en la noche. Medio torso y un par de piernas.
- Los dioses existen precisamente porque no tenemos idea de la clase de abominacion que somos - me respondio aquello con una voz dura y socarrona que todavia tenia rastros de piedray de insecto.
- No hables por mi, engendro - le recrimine - Yo soy un hombre, y camino con derecho sobre esta tierra.
- Hombre o no Hombre - dijo aquello - ¿que importa? Un hombre es tambien una abominacion sin derecho para sostenerse sobre la tierra. Mirate a ti. Necesitas a tu dios pero sobre todo a tus armas. Sin ese artefacto que tienes en las manos ya no serias capaz de hablar de dioses o de hombres...
En este punto, la cosa comenzo nuevamente a difuminarse y a convulsionar y a emitir lo que no podia interprearse mas que como unas sonoras y guturales carcajadas. Carcajadas ahogadas que parecian salir de una enorme caverna. No venian ya de la direccion donde estaba el engendro, sino que parecian reveberar de los cuatro costados del desierto y venir hacia mi de todos los sitios a la vez. Esta sensacion de estar rodeado me distrajo tan solo un segundo. Ese instante le basto a aquella cosa para incorporarse e huir. Por el rabillo del ojo me parecio ver, justo en el lugar donde habia estado aquello, a un enorme perro negro que ya corria hacia las sierras. Mentalmente realice un disparo intentando cortarle la carrera y luego siguiendo freneticamente lo que me imaginaba era su trayectoria realice dos disparos mas. De alguna manera senti que aquel tercer disparo habia hecho blanco, pues senti un revuelque lejano, seguido por un horrible aullido y por feroces ladridos que, para la disminucion de mi infinito terror, parecian estarse alejando en vez de rodeandome o acercandose. ¿aquello huia? eche el cuerpo a tierra y rode casi hasta tocar la fogata con mi espalda. Sintiendo peligrosamente las llamas en mi nuca, puse una rodilla en tierra y haciendo abstraccion de absolutamente todo el universo que me rodeaba coloque con una frialdad que hasta hoy me sorprende, uno por uno, cada cartucho Smith & Wesson American Calibre 44. No se si demore unos segundos o una eternidad en recargar el arma, pero con cada bala entrando en la recamara me convencia mas de que estaba en mi ultimo instante de vida, de que aquella cosa me mataria de un momento a otro. Sera en la proxima carga, o en la proxima, o en la proxima...
En un solo movimiento cerre el tambor giratorio y avance un paso con la rodilla en tierra para alejarme un poco del fuego. Sentia un calor hiriente en la espalda y un frio mortal en las extremidades. Desorbitados y casi ciegos mis ojos se perdian en la infinita negrura de la noche. Escuchaba y veia solo con el oido; Me esforzaba desesperadamente por dejar de lado mi vista y expandir el resto de mis sentidos como enormes tentaculos que cubriesen todo el firmamento. Intente predecir el ataque del monstruo, anticiparme a la nueva forma que tomaria para venir por mi. Hombre, Tigre, Serpiente, Toro... o algo por fuera de los limites de mi imaginacion. Espere y espere y espere. Espere por horas hasta que por fin una franja muy sutil en el horizonte comenzo a perder la oscuridad absoluta y a definirse en un azul apenas menos profundo que el resto del cielo. Poco a poco las dunas grises comenzaron a desocultarse y luego a dibujarse con mayor filo y entonces supe que habia salvado la vida. Aquella cosa habia huido con la noche misma, de la que sin dudas formaba parte y fuera de la cualm ahora que se acercaba el alba, me era claro que no podia persistir. Porque el mal solo existe en el mal.
Mientras la penumbra cedia poco a poco, tuve que darle cierto grado de razon a aquel demonio. No teniamos, pensaba en verdad mientras me forzaba a enfundar el revolver, no teniamos nosotros los hombres, pero tal vez tampoco ninguna otra creatura, en verdad idea alguna de nuestra naturaleza.