Tengo que cambiar el puto indodoro, pense. Despues pense que para que. En serio, ¿para que? Es una taza de porcelana del tamaño aproximado de un culo humano. Treinta, treinta y cinco centimetros de altura, por 30 de diametro. Creo que tengo un croquis, incluso. Un croquis de mi inodoro. Dibujado sobre una factura de telefono o de internet, no lo se.
Hice este croquis mientras cagaba, sentado en esa misma taza de porcelana, mientras mis pies helados movian los dedos sobre las baldosas sucias del baño. Y ahi pense que tenia que cambiar el inodoro y tambien pense que par que, en efecto. Para que si nadie mas que yo lo mira, y ni siquiera yo, porque cuando uno esta sentado digamos que el inodoro en si mismo no entra en el rango de vision. Uno se mira las rodillas, los pies, las pantorrillas demasiado flacas y con la cantidad justa de pelo, ni mucho ni poco, la panza si es que la tiene (yo la tengo), el pito si es que se lo encuentra (el mio lo encuentro) y luego, si levanta todavia mas la mirada se choca ya con la pileta, la puerta del baño, un espejo demasiado alto para reflejar mi cara de tonto recorriendo el baño con la vista. Si, todo eso. Pero el inodoro no.
Queda, digamos, oculto del campo de vision. Se lo siente con las nalgas, eso si. No directamente - dios me guarde de tener el culo apoyado directamente sobre la ceramica en invierno - sino a travez de la tapa de plastico barata que separa los ya mencionados cachetes (sobre los cuales no colocare adjetivos) del ovalo que se cierra en un embudo para finalmente terminar en un pequeñisimo estanque, del tamaño de un puño o dos, en donde se suele acumular el pis, la mierda y el papel higienico hasta que tiro de la cadena y al tuntun de un ruidito maravilloso como de catarata toda la materia digamos organica desaparece por oscuros recovecos, recorre sinuosas tuberias y va a parar a un lugar mejor (por no decir al Rio de la Plata).
En resumen, que el inodoro funciona bien. Cada tanto tiene alguna perdida, como no. Todo va a perdida tarde o temprano en esta ciudad, en este pais, en este universo que marcha hacia la muerte termica. La existencia es una lucha contra la entropia. Una lucha perdida, por supuesto. Perdida de antemano y por eso me fastidio solo lo justo y necesario cada vez que un plomero me arranca la cabeza por cambiar el fuelle que conecta el deposito de la mochila con la tacita de porcelana donde estoy sentado mientras... ya saben.
Asi que decir que funciona bien es una manera de decir que por el momento aun no se ha roto, es decir que esta rompiendose o en proceso de romperse, pero que por periodos no hay fugas en el fuelle y eso conlleva a que el piso este seco, cosa que siempre me pone contento. Y como funciona bien y dado que nadie lo ve entonces no tiene ningun sentido que cada vez que veo ese inodoro viejo, mugriento, de un amarillo parduzco tirando al ocre, un tono descolorido que hace decadas ha reemplazado al blanco original de la porcelana italiana, como las manchas van decolorando la piel de los viejos o como la humedad descascara las paredes, digo no tiene sentido que cada vez que veo esa porqueria de inodoro mal sellado mal atornillado con musgo aqui y alla me agarren unas ganas tremendas de cambiarlo, de reemplazarlo por uno nuevo. No tiene sentido porque al fin y al cabo la mierda es mierda, la muerte es muerte y toda va a ir a parar al Rio de la Plata, que tambien es siempre el mismo mal que le pese a Heraclito.
Si, cambiarlo es inutil pero preocuparse por cambiarlo, eso ya es ridiculo. Supongo que esto es mi vida ahora. Ser asaltado por ideas de tonto de capirote. Supongo que de todos modos la vida siempre fue y siempre sera esto: preocuparse por cosas que no tienen el mas minimo sentido. Una lucha perdida contra la entropia. La energia, al igual que el agua, arrastre o no arrastre mierda y papel higienico, siempre busca digamos el punto mas bajo para establecerse. Lo que significa que no importa cuantas veces reemplace la taza por una flamante porcelana nueva, italiana, hecha en Venecia, o en Japon, de un diseño minimalista y hasta Feng Shui, o de proporciones perfectas, de diseño, o Aleman, solido, eficiente, compacto como para aguantar el culo de un luchador de sumo; No evito ni gano nada, lo se.
Y sin embargo... a fin de cuentas tengo que cambiarlo.