Por lo general los empleados toman subtes por la mañana, y tambien por la tarde. Toman subtes con frecuencia y con pasion. Generalmente esa pasion es el odio, pero es sabido que las pasiones son mas parecidas entre si de lo que parecen. Suben en Malabia, En Dorrego, En Bulnes o en Plaza Miserere, dependiendo de cuanto tengan ganas de caminar ese dia. Tambien influye mucho en esto las ganas que tienen de pisotear y ser pisoteados o de evitar los colectivos atibosrrados siempre de otros incontables empleados, a veces de algunos delfines y nunca de siquiera una Sirena.
Si suben en Malabia, entonces subir es un eufemismo, pues la palabra correcta seria "entrar", si fuese posible entrar en el vagon atibosrrado de empleados hasta el borde mismo de la puerta y tambien mas alla. Si el empleado dispone de un punzon, de un hacha o de una picana, puede intentar abrirse paso a travez de la muralla humana que se comprime como una pared viva de zapatos y maletines; Si no posee alguno de estos elementos o de otros que ejerzan derechos similares, esta perdido, y debera resignarse al colectivo, al cual tampoco podra subir como no sea trepandose de una ventana o viajando en el techo (opcion poco recomendable en dias de mucho frio o calor, mucho viento y lluvia).
Si logra subir al Dragon, comienza entonces la verdadera odisea: una lucha estrategica y mortal, tanto fisica como psicologica, no digo ya por conseguir un asiento, sino por evitar que una lluvia de codos, hombros, tetas duras y punzantes y portafolios asfixien sistematicamente al pobre empleado en cuestion de segundos. Esto no seria del todo tan terrorifico, si no fuese porque tambien tienen que hacer frente a una terrible fuerza centrifuga, la cual, si el empleado esta cerca de puertas o ventanas, pugna por expulsarlo del vagon, generalmente hacia los caños de los tuneles, con resultados mas o menos mortales o paraplejicos. Tambien es usual que, sobrecargados de peso, los vagones exploten a presion como un inmenso globo de acero y plastico, y entonces todos los empleados vuelen como incredulos perdigones hacia las paredes de cemento, redecorando el paisaje cual pelicula de horror. Si los empleados siguen y siguen subiendo y el vagon no explota o se desarma parcial o totalmente, ocurre que el aire dentro del vagon se acaba por completo, por lo cual no es raro que, llegando el dragon a la estacion terminal, sea plaza de mayo o Catedral, los empleados del Metrovias tengan que llamar a la morgue para trasladar decenas de cadaveres asfixiados. Ha habido Dragones enteros en donde no ha llegado vivo un solo pasajero.
Los Delfines nunca tienen este problema, pues dejan pasar los Dragones llenos hasta que encuentran uno vacio, sin importarles el hecho de que muchas veces deban esperar dias enteros.
Los empleados que quieren llegar con vida a su puesto deben resistir la fuerza de gravedad que parece querer concentrarlos hacia el centro del vagon, en donde yacen los cadaveres de los que no resisten la fuerza centripeta, en forma de una bola de trajes arrugados y cuerpos negros y ya pudriendose. Quedar contra un caño es fatal, tropezarse es fatal, casi todo es fatal, puesto que estacion a estacion mas y mas y mas empleados siguen subiendo, estrolando y comprimiendo cual aserrin a los que, ya arriba del vagon, pugnan por impedirles esa subida, por lo que cada vez que las puertas del Dragon se abren ocurre una verdadera batalla campal, que nos recuerda a los enormes combates medievales de ingleses contra galeses o franceses, de españoles contra moros, de franceces contra borgoñeses, de cristianos contra arabes; Solo que aqui son los empleados en viaje contra los empleados que quieren viajar.
Apenas el Dragon llenisimo de empleados que ya estan luchando entre si por respirar y por conseguir una mejor posicion para el codo, para el torax o para sacarse de encima a las empleadas gordas y malhumoradas que no solo gritan y gimen cual puercos, sino que ademas arañan y muerden, las hordas de empleados que esperan sobre el anden lanzan sus intimidantes gritos de guerra, mientras golpean rabiosamente sus maletines o hacen sonar sus celulares a todo volumen. Los viajantes no se hacen esperar, y responden lanzando gritos rabiosos o cantando con todas sus fuerzas arengas de combate. Cuando las puertas se abren es la locura total, el desmadre: Piñas, mordiscos, patadas y tirones de pelo son los embates iniciales. Luego puede darse que los empleados del anden intenten tironear en proporcion tres a uno a cualquier empleado cercano a la puerta, el cual se resistira con todas sus fuerzas, siendo ayudado por sus compañeros de viaje en una claro ejemplo de moral laboral y mutua ayuda entre los peregrinos. Si el empleado es expulsado del vagon, alguno de los de abajo ocupa rapidamente su lugar, lanzandose de cabeza al espacio libre. Muchas veces es rechazado a trompadas por los furiosos viajantes, pero si logra quedar arriba del subte para cuando las puertas se cierran, automaticamente pasa a formar parte de la tripulacion. Los empleados desalojados se convierten, a su vez, en parte de los furiosos piratas de anden, dispuestos a todo por un lugar.
Estas cruentas guerras por un espacio en el dragon suelen durar los pocos segundos que las puertas permanecen abiertas en cada estacion, lo cual no evita que, debido a las olas y avalanchas humanas que se forman, decenas de empleados caigan a las vias antes o despues de la apertura de las puertas. Si caen antes, generalmente luchan con todas sus fuerzas por salir, sobre todo si caen delante de la locomotora. Si caen despues o durante el cierre de las puertas, casi en su totalidad son arrollados por el Dragon, quedando reducidos a un cardumen de visceras y huesos rotos. Los cuerpos triturados por los dragones crecen minuto a minuto, y no es nada raro que el servicio se vea interrumpido varias veces al dia solo para limpiar las vias desbordantes de cadaveres destrozados.
"La duda nace del no estar conforme. El ser que duda es el disconforme, y las dudas que valen la pena son las dudas surgidas de un pensar profundo, conciente e inconciente. Lo que quiere estar donde esta y esta conforme con ello, ese, ese no duda... ¡Ese no se permite dudar! ¡Ese más bien quiere creer! Así pues, los filósofos tienen que ser por fuerza personas disconformes y criticas. Esa incomodidad es lo que Exhorta al movimiento." (D.O.D, Prologo)
20 oct 2014
Los Empleados y el cine.
Los empleados van al cine con frecuencia. Les gusta verse representados por los especimenes mejores parecidos de si mismos, luchando en tragedias o comedias en las que siempre o casi siempre se trata del amor o del odio a una sirena.
La actriz que hace el papel de sirena (casi siempre una empleada, salvo casos milagrosos de sirenas con dotes para la pantalla) es siempre la mas expuesta, pues cualquier falla en la forma de mirar o en la manera de asir la baranda de las escaleras, e incluso una dureza minima para sacarse o ponerse un guante delatan su plebeyo origen de ser que trabaja en relacion de dependencia. Estas fallas tragicomicas a lo Sybil Vane ponen de muy mal humor a los empleados mas cultos, que siempre se sientan en las primeras filas y comen pochoclos y chocolates como si en ello les fuera la vida, que entonces salen indignadisimos del cine, llevando a los tirones a sus parejas. El malhumor es pronunciado sobre todo los dias domingo, que tan nefastamente cerca estan del lunes.
Si una Sirena fuese capaz de ir al cine, es decir, de pasar de una a dos horas sentada en una butaquita como de juguete, entre pinchuda y esponjosa, llena de pequeñas migas y pedazitos pinchudos de maiz, mirando una enorme pantalla cineramica, haria la sencilla union de puntos (que en una sirena seria mas bien como reir y no como pensar) y preguntaria como es posible que el malhumor sea mas pronunciado los domingos que los martes, cuando ambos estan igual de cerca del lunes.
Luego o antes del cine, los empleados suelen tambien ir a pequeños locales mas o menos lujosos a atiborrarse de comida, rodeados de otros empleados comensales y de empleados - empleados que los atienden y les cocinan. Uno podria pensar que el empleado, salvo cuando ama o creer amar o sentir pena por el asunto de las Sirenas, hace todo lo posible por recordarse constantemente que su naturaleza.
El constante esfuerzo del empleado por convencerse de ser enteramente un empleado hace sospechar a los delfines (esos hybridos de empleada y triton o de sirena virgen y espiritu santo) que los empleados no son empleados en absoluto, pues no les parece logico que lo que es naturalmente de un modo deba estar constantemente apuntalandose para encarnar su naturaleza. La conocida frase de pindaro tiene para los delfines un sentido no literal. Los delfines intuyen oscuras intenciones de otros seres en los titanicos esfuerzos de implantar la naturaleza de empleado por todas parte, pero como estos seres no pueden ser Sirenas ni delfines, los delfines tienen que terminar por concluir, rascandose la cabeza y sintiendose vergonzosamente mas estupidos de lo que les gustaria pensar que son, que son los mismos empleados quienes conspiran entre y si y contra si mismos.
Los delfines que siguen la corriente de la psicologia analitica creen que es el Inconciente colectivo de los empleados el que conspira contra sus conciencias, en un intento por plasmar la verdadera naturaleza, que o bien seria realmente servil o bien algo diferente, del cual la condicion de empleado es algo intermedio. Otros Delfines opinan, aun dentro de la misma corriente, que es la conciencia del empleado la que, negando su inconciente, se aferra estupidamente a lo eficiente y remunerado por sobre lo indeterminado, y que la innegable atraccion por las sirenas no seria otra cosa que una proyeccion de todo lo negado sobre estos articulos de pescaderia.
La actriz que hace el papel de sirena (casi siempre una empleada, salvo casos milagrosos de sirenas con dotes para la pantalla) es siempre la mas expuesta, pues cualquier falla en la forma de mirar o en la manera de asir la baranda de las escaleras, e incluso una dureza minima para sacarse o ponerse un guante delatan su plebeyo origen de ser que trabaja en relacion de dependencia. Estas fallas tragicomicas a lo Sybil Vane ponen de muy mal humor a los empleados mas cultos, que siempre se sientan en las primeras filas y comen pochoclos y chocolates como si en ello les fuera la vida, que entonces salen indignadisimos del cine, llevando a los tirones a sus parejas. El malhumor es pronunciado sobre todo los dias domingo, que tan nefastamente cerca estan del lunes.
Si una Sirena fuese capaz de ir al cine, es decir, de pasar de una a dos horas sentada en una butaquita como de juguete, entre pinchuda y esponjosa, llena de pequeñas migas y pedazitos pinchudos de maiz, mirando una enorme pantalla cineramica, haria la sencilla union de puntos (que en una sirena seria mas bien como reir y no como pensar) y preguntaria como es posible que el malhumor sea mas pronunciado los domingos que los martes, cuando ambos estan igual de cerca del lunes.
Luego o antes del cine, los empleados suelen tambien ir a pequeños locales mas o menos lujosos a atiborrarse de comida, rodeados de otros empleados comensales y de empleados - empleados que los atienden y les cocinan. Uno podria pensar que el empleado, salvo cuando ama o creer amar o sentir pena por el asunto de las Sirenas, hace todo lo posible por recordarse constantemente que su naturaleza.
El constante esfuerzo del empleado por convencerse de ser enteramente un empleado hace sospechar a los delfines (esos hybridos de empleada y triton o de sirena virgen y espiritu santo) que los empleados no son empleados en absoluto, pues no les parece logico que lo que es naturalmente de un modo deba estar constantemente apuntalandose para encarnar su naturaleza. La conocida frase de pindaro tiene para los delfines un sentido no literal. Los delfines intuyen oscuras intenciones de otros seres en los titanicos esfuerzos de implantar la naturaleza de empleado por todas parte, pero como estos seres no pueden ser Sirenas ni delfines, los delfines tienen que terminar por concluir, rascandose la cabeza y sintiendose vergonzosamente mas estupidos de lo que les gustaria pensar que son, que son los mismos empleados quienes conspiran entre y si y contra si mismos.
Los delfines que siguen la corriente de la psicologia analitica creen que es el Inconciente colectivo de los empleados el que conspira contra sus conciencias, en un intento por plasmar la verdadera naturaleza, que o bien seria realmente servil o bien algo diferente, del cual la condicion de empleado es algo intermedio. Otros Delfines opinan, aun dentro de la misma corriente, que es la conciencia del empleado la que, negando su inconciente, se aferra estupidamente a lo eficiente y remunerado por sobre lo indeterminado, y que la innegable atraccion por las sirenas no seria otra cosa que una proyeccion de todo lo negado sobre estos articulos de pescaderia.
19 oct 2014
Trance
Ahora es el calor humedo y pegajoso del baño, de unas paredes demasiado bajas, de un ambiente que se agranda y se achica con la respiracion, es un tiempo que se acelera y se desacelera como una soga elastica, algo que carraspea y tiene pequeñas explosiones, como si un orden luchara con la materia elastica, pugnando por emerger, por configurarse en cualquier momento sobre el aire ceniciento de la casa.
No importa, pues yo aguanto. Soporto. Las melodias de Garcia suenan de fondo, el sol se filtra como una proyeccion por los vidrios polvorientos. Yo estoy aca, los planetas giran, Celeste esta en algun lado.
Por un lado son las cosas y por el otro es el cuerpo. Dos sensaciones: El cuerpo tocando las cosas y el cuerpo tocandose a si mismo, estar y ser.
Ayer me habia despertado luego de soñar con una hechicera y cuatro discipulos, y de fondo Ganimedes, un ser mitad anciano (el hermitaño tipo tarot) mitad pajaro, con cabeza de pajaro y cuerpo de anciano. Ganimedes, satelite de Jupiter. Ganimedes, Amante de Zeus. Ganimedes, Raptado por el aguila. Ganimedes, copero de los dioses. Resulto que la cabeza era una cabeza de aguila, y entonces en realidad Jung tenia algo o mucho de razon: hay algo dentro de nuestra cabeza que no nos pertenece, que es como una entrada o una salida pero a fin de cuentas una puerta o una antena o una bandeja en donde se depositan o se retiran elementos que van mas alla de nuestra vida regida por las experiencias sensoriales, y esto es irrefutable pues yo soñe con Ganimedes.
Despues, mucho mas tarde, caminabamos bajo una lluvia que era como la transpiracion del mundo. Despues, o mucho antes, yo miraba un cielo plomizo sobre el que se alzaban edificios grises como montañas o como inmensos monolitos dedicados a dioses desconocidos, al Dios progreso, a ningun dios, a la nada. Desierto sobre desierto, diez mil años de civilizacion para llegar a las urbes de asfalto, no podria haber salido peor.
Antes o despues, nos revolcabamos con furia sobre una cama siempre deshecha, arremetiendo con furia, buscando ciegamente la conexion.
Caminabamos bajo la lluvia calida y estabamos mareados. El cielo era bajo y parecia querer desplomarse como un cielo raso casi podrido, cubierto de telarañas. Buscabamos cosas que no recuerdo, de nombres hilarantes, nos perdiamos entre las ferias.
Esa misma noche Malosetti tocaba temas de Spinetta, de Cerati, Standar del jazz cool y por supuesto suyo. Estabamos molidos y las guitarras y los bajos nos sonaban como golpes. Estabamos al borde del sueño, y Celeste buscaba las referencias mitologicas de Ganimedes y Europa, pero yo ya no estaba ahi.
La realidad misma se iba en Fade, yo oia todo perfectamente, los solos de Malosetti me inmovilizaban (es decir, a mi cuerpo, a mis manos aferradas como garras a la mesa, a mis pies acalambrados, a mis ojos abiertos como platos), me clavaban como una cruz o un tornillo al saloncito del Boris, pero yo, lo que se dice yo, estaba parcialmente en otros sitios: Estaba en mi cama, dando vueltas para uno y otro lado. Estaba en el salon del London, mirando un cuadro de Cortazar, tomando una imperial, leyendo mi futuro en un libro de Perec. Estaba en un claro y fresco palacio, sobre una loma o en un verde valle, mirando a una hechicera de aires babilonicos, de ojos negros y boca sensual, muy parecida a Belen Blanco, enseñandole a un discipulo a convertir un pesado rosario de Hierro en uno de Cobre. Los labios de la hechicera iban soplando, muy de cerca, muy despacio, una a una las esferas oscuras y llenas de herrumbre, y con cada soplido, con cada halito, se convertian en relucientes esferas cobrizas o broncineas, y los ojos y la boca y el cielo se cuajaban, cada vez, en una sonrisa burlona y seductora, mientras que yo daba vueltas en mi cuarto oscuro y asfixiante, buscando un apice de frio en la cama amplia y perpetuamente desordenada, mientras que en el mismo instante me revolvia nervioso y ausente en la incomoda butaca plastica del Boris Club, entre snobs, gente del jet set, Celeste y dos tres piojosos con buen oido, identicos a mi.
Mis sienes estaban, cada una, a kilometros de su hermana espejada, y mi cabeza era como un gran globo gelatinoso, difuso e invisible, que abarcaba varias realidades a un tiempo, y todo era un poco como en "El Perseguidor", analogia muy fortuita porque a un mismo tiempo escuchaba Jazz para un muerto reciente, me ahogaba entre las sabanas y miraba un cuadro de Cortazar.
Casi no pude prestarle atencion a la desorbitante version de "Despiertate Nena". Malosetti desmenuzaba el espacio y el tiempo, virtuosismo que aplastaba la escala, que sobrecargaba mi ya sobrecargado aparato perceptivo con punteos y mas punteos, y el teclado y la bateria que parecia querer desarmarse en una vibracion histerica; Pero yo no percibia todo eso porque miraba a Ganimedes, al tiranico y despotico dios con cabeza de pajaro, que amonestaba a la joven y sensual hechicera, vestida como una Hetaira, vestida como Sheena, con aires egipcios, bajo un sol del medio oriente.
Recien pude despertarme (aunque mis ojos, impavidos de un terror que ahora solo puedo narrar con la confortante seguridad del dia despues, nunca se cerraron, y nadie en el Boris habria podido siquiera sospechar que mi atencion estaba en algun otro lado) con la version homenaje a Cerati de "primavera cero". Fue un bostezo: la realidad entraba nuevamente en sus goznes, con la facilidad de una espada para entrar en su vaina, de un sexo para entrar en el otro, de un molinete para girar. Todo estaba muy bien: me habian traido otra cerveza (Scotch Ale, cool!), la sonrisa de Celeste era hermosa como siempre, Malosetti seguiria tocando por otra media hora y al llegar a casa habria cafe y las milanesas del mediodia.
No importa, pues yo aguanto. Soporto. Las melodias de Garcia suenan de fondo, el sol se filtra como una proyeccion por los vidrios polvorientos. Yo estoy aca, los planetas giran, Celeste esta en algun lado.
Por un lado son las cosas y por el otro es el cuerpo. Dos sensaciones: El cuerpo tocando las cosas y el cuerpo tocandose a si mismo, estar y ser.
Ayer me habia despertado luego de soñar con una hechicera y cuatro discipulos, y de fondo Ganimedes, un ser mitad anciano (el hermitaño tipo tarot) mitad pajaro, con cabeza de pajaro y cuerpo de anciano. Ganimedes, satelite de Jupiter. Ganimedes, Amante de Zeus. Ganimedes, Raptado por el aguila. Ganimedes, copero de los dioses. Resulto que la cabeza era una cabeza de aguila, y entonces en realidad Jung tenia algo o mucho de razon: hay algo dentro de nuestra cabeza que no nos pertenece, que es como una entrada o una salida pero a fin de cuentas una puerta o una antena o una bandeja en donde se depositan o se retiran elementos que van mas alla de nuestra vida regida por las experiencias sensoriales, y esto es irrefutable pues yo soñe con Ganimedes.
Despues, mucho mas tarde, caminabamos bajo una lluvia que era como la transpiracion del mundo. Despues, o mucho antes, yo miraba un cielo plomizo sobre el que se alzaban edificios grises como montañas o como inmensos monolitos dedicados a dioses desconocidos, al Dios progreso, a ningun dios, a la nada. Desierto sobre desierto, diez mil años de civilizacion para llegar a las urbes de asfalto, no podria haber salido peor.
Antes o despues, nos revolcabamos con furia sobre una cama siempre deshecha, arremetiendo con furia, buscando ciegamente la conexion.
Caminabamos bajo la lluvia calida y estabamos mareados. El cielo era bajo y parecia querer desplomarse como un cielo raso casi podrido, cubierto de telarañas. Buscabamos cosas que no recuerdo, de nombres hilarantes, nos perdiamos entre las ferias.
Esa misma noche Malosetti tocaba temas de Spinetta, de Cerati, Standar del jazz cool y por supuesto suyo. Estabamos molidos y las guitarras y los bajos nos sonaban como golpes. Estabamos al borde del sueño, y Celeste buscaba las referencias mitologicas de Ganimedes y Europa, pero yo ya no estaba ahi.
La realidad misma se iba en Fade, yo oia todo perfectamente, los solos de Malosetti me inmovilizaban (es decir, a mi cuerpo, a mis manos aferradas como garras a la mesa, a mis pies acalambrados, a mis ojos abiertos como platos), me clavaban como una cruz o un tornillo al saloncito del Boris, pero yo, lo que se dice yo, estaba parcialmente en otros sitios: Estaba en mi cama, dando vueltas para uno y otro lado. Estaba en el salon del London, mirando un cuadro de Cortazar, tomando una imperial, leyendo mi futuro en un libro de Perec. Estaba en un claro y fresco palacio, sobre una loma o en un verde valle, mirando a una hechicera de aires babilonicos, de ojos negros y boca sensual, muy parecida a Belen Blanco, enseñandole a un discipulo a convertir un pesado rosario de Hierro en uno de Cobre. Los labios de la hechicera iban soplando, muy de cerca, muy despacio, una a una las esferas oscuras y llenas de herrumbre, y con cada soplido, con cada halito, se convertian en relucientes esferas cobrizas o broncineas, y los ojos y la boca y el cielo se cuajaban, cada vez, en una sonrisa burlona y seductora, mientras que yo daba vueltas en mi cuarto oscuro y asfixiante, buscando un apice de frio en la cama amplia y perpetuamente desordenada, mientras que en el mismo instante me revolvia nervioso y ausente en la incomoda butaca plastica del Boris Club, entre snobs, gente del jet set, Celeste y dos tres piojosos con buen oido, identicos a mi.
Mis sienes estaban, cada una, a kilometros de su hermana espejada, y mi cabeza era como un gran globo gelatinoso, difuso e invisible, que abarcaba varias realidades a un tiempo, y todo era un poco como en "El Perseguidor", analogia muy fortuita porque a un mismo tiempo escuchaba Jazz para un muerto reciente, me ahogaba entre las sabanas y miraba un cuadro de Cortazar.
Casi no pude prestarle atencion a la desorbitante version de "Despiertate Nena". Malosetti desmenuzaba el espacio y el tiempo, virtuosismo que aplastaba la escala, que sobrecargaba mi ya sobrecargado aparato perceptivo con punteos y mas punteos, y el teclado y la bateria que parecia querer desarmarse en una vibracion histerica; Pero yo no percibia todo eso porque miraba a Ganimedes, al tiranico y despotico dios con cabeza de pajaro, que amonestaba a la joven y sensual hechicera, vestida como una Hetaira, vestida como Sheena, con aires egipcios, bajo un sol del medio oriente.
Recien pude despertarme (aunque mis ojos, impavidos de un terror que ahora solo puedo narrar con la confortante seguridad del dia despues, nunca se cerraron, y nadie en el Boris habria podido siquiera sospechar que mi atencion estaba en algun otro lado) con la version homenaje a Cerati de "primavera cero". Fue un bostezo: la realidad entraba nuevamente en sus goznes, con la facilidad de una espada para entrar en su vaina, de un sexo para entrar en el otro, de un molinete para girar. Todo estaba muy bien: me habian traido otra cerveza (Scotch Ale, cool!), la sonrisa de Celeste era hermosa como siempre, Malosetti seguiria tocando por otra media hora y al llegar a casa habria cafe y las milanesas del mediodia.
15 oct 2014
Desfile
Uno empieza a ver un desfile de modelos y primero piensa "que buenas que estan estas minas" (mas que nada con las primeras tres o cuatro), pero a medida que la cosa continua, uno empieza a ver que definitivament algo no anda bien. Al principio es dificil darse cuenta de QUE es lo que no esta bien, hasta que uno siente algo parecido a lo que siente al ver pasar cosas por una banda de produccion o de ver pasar un autito por el scalectrix... repeticion, si... intercambio, las modelos se intercambian una por otra, y entonces descubris que son todas sospechosamente parecidas: los gestos, las sonrisas sobre todo, todas tienen la misma sonrisa de anuncio de supermercado, una sonrisa que subsiste a los cuerpos, y entonces ves que todas tienen tambien un unico cuerpo, con medidas casi identicas, gestos y formas identicas, identicas formas de caminar, identica vacuidad en la mirada, todo un aire como fresco, liviano y despreocupado de absolutamente todo.
Son todas identicas, y ahi mismo uno empieza a sentir un horror vago, como un asco, como si en vez de estar viendo mujeres uno estuviera siendo engañado por un genio maligno (pero cual?) y lo que desfilaran fueran cucarachas o sopas instantaneas... ¿de donde vendra ese horror?
Es cuestion de seguir mirando la segunda o la tercera tanda de pasarelliadas, en donde las modelos ya se repiten, para darte cuenta que el horror no viene de la repetitiva variacion de un arquetipo psicofisico impreso sobre cada ser con la brutalidad de un molde industrial que corta y golpea los cuerpos y machaca y exprime los cerebros, hasta dejar a cualquier mujer, fuese como fuese en su fuero interno, como un calco de la version photoshopeada de cindy crawford o pamela anderson, no; El horror viene de el vago darse cuenta (vago al principio, pero el horror aumenta proporcionalmente con la lucidez) de que no hay repeticion porque no hay en realidad alguna variacion entre ellas, y que mientras a uno le mienten que esta viendo varias minas (ya una rubia, ya una pelirroja alta y desdeñosa, ya una morocha esqueletica como un cogote de pollo) en realidad lo que uno ve es a la misma mujer, ausente y espectral, que, autentico substrato aristotelico, persiste como una percha ontologica detras de los cuerpos potencialmente putrefactos de todas las chicas que caminan sobre la pasarela - banda mecanica de los cuerpos como las vacas caminan por el matadero.
Cuando uno se da cuenta que son todas la misma, se da cuenta tambien de que no son ninguna en absoluto (ya lo dijo el Flaco Spinetta, "ella es tan clara que ya no es ninguna") y que esa belleza que uno admira es en el fondo morbidamente horrida, como estar enamorado de un vaso de plastico o de una muñeca de trapo, como creer que la belleza esta en la estadistica o la pureza en los shampoos y productos para los ojos y los labios, como si lo que uno llama bello, la apariencia sensible del Bien decia Platon, pudiese estar en los vomitos y en las dietas, en los esfuerzos gastados en gimnasios, en los millones publicitarios, en las grasas y aceites fabricados de petroleo y demas materiales toxicos, que estas y casi todas las chicas se untan con una ignorancia indigesta en la cara y las axilas, en los ojos y los labios, y que este meter la cara en el basurero y el cuerpo en el matadero sea considerado bello e intente atraernos (¡y que de hecho lo consiga casi siempre!) lo que vuelve al horror en un asco directo, en una nausea que lo hace a uno sentirse sucio y descolocado, dentro de algo que es la realidad pero deformada, como si, sin previo aviso, la geometria de los cuerpos solidos se inflara en alguno de los costados del plano, desdibujando todo como si fuese un dibujo en un globo que se infla.
Son todas identicas, y ahi mismo uno empieza a sentir un horror vago, como un asco, como si en vez de estar viendo mujeres uno estuviera siendo engañado por un genio maligno (pero cual?) y lo que desfilaran fueran cucarachas o sopas instantaneas... ¿de donde vendra ese horror?
Es cuestion de seguir mirando la segunda o la tercera tanda de pasarelliadas, en donde las modelos ya se repiten, para darte cuenta que el horror no viene de la repetitiva variacion de un arquetipo psicofisico impreso sobre cada ser con la brutalidad de un molde industrial que corta y golpea los cuerpos y machaca y exprime los cerebros, hasta dejar a cualquier mujer, fuese como fuese en su fuero interno, como un calco de la version photoshopeada de cindy crawford o pamela anderson, no; El horror viene de el vago darse cuenta (vago al principio, pero el horror aumenta proporcionalmente con la lucidez) de que no hay repeticion porque no hay en realidad alguna variacion entre ellas, y que mientras a uno le mienten que esta viendo varias minas (ya una rubia, ya una pelirroja alta y desdeñosa, ya una morocha esqueletica como un cogote de pollo) en realidad lo que uno ve es a la misma mujer, ausente y espectral, que, autentico substrato aristotelico, persiste como una percha ontologica detras de los cuerpos potencialmente putrefactos de todas las chicas que caminan sobre la pasarela - banda mecanica de los cuerpos como las vacas caminan por el matadero.
Cuando uno se da cuenta que son todas la misma, se da cuenta tambien de que no son ninguna en absoluto (ya lo dijo el Flaco Spinetta, "ella es tan clara que ya no es ninguna") y que esa belleza que uno admira es en el fondo morbidamente horrida, como estar enamorado de un vaso de plastico o de una muñeca de trapo, como creer que la belleza esta en la estadistica o la pureza en los shampoos y productos para los ojos y los labios, como si lo que uno llama bello, la apariencia sensible del Bien decia Platon, pudiese estar en los vomitos y en las dietas, en los esfuerzos gastados en gimnasios, en los millones publicitarios, en las grasas y aceites fabricados de petroleo y demas materiales toxicos, que estas y casi todas las chicas se untan con una ignorancia indigesta en la cara y las axilas, en los ojos y los labios, y que este meter la cara en el basurero y el cuerpo en el matadero sea considerado bello e intente atraernos (¡y que de hecho lo consiga casi siempre!) lo que vuelve al horror en un asco directo, en una nausea que lo hace a uno sentirse sucio y descolocado, dentro de algo que es la realidad pero deformada, como si, sin previo aviso, la geometria de los cuerpos solidos se inflara en alguno de los costados del plano, desdibujando todo como si fuese un dibujo en un globo que se infla.
9 oct 2014
Sirenas
Los empleados mueren de pena porque las sirenas nunca están en las oficinas o en ninguno de los aburridos puestos fijos que aquellos ocupan.
No esta del todo mal enamorarse de las sirenas. Nada mal, ni siquiera un poquito mal. De hecho, lo que se dice enamorarse, uno solo puede enamorarse de una sirena, es sabido. Es de una sirena o no es amor.
El problema radica casi siempre en ser empleado, porque a las sirenas, escurridizas y tintineantes, no les gustan para nada los empleados con sus cubículos. No les gustan los pisos sucios, los ascensores y los horarios fijos. Le huyen con particular aversión a los subtes, a las salas de espera y a los halls de bancos. Poco les importa si son pobres empleaduchos o empleadores con gordas cuentas bancarias; En sus mares ellas se rien por igual de esa manada de tontos con traje y maletin.
Las sirenas no solo no se enamoran de los empleados, sino que en cuanto lo hacen dejan de ser sirenas y se convierten en pejereyes o en amas de casa. Hay Muchas que los desprecian. Algunas incluso los odian. Los odian tanto que cuando ven pasar un empleado no pierden la oportunidad de arrojarle cascaras de nueces, carozos de aceituna o de salpicarlo dando furiosos coletazos.
Las sirenas y los empleados nunca se encuentran, salvo en excepciones artísticas como las novelas de Dostoievski.
Esto siempre sucedió asi, y asi seguirá sucediendo mientras queden sirenas vivas sobre la tierra o, mejor dicho, bajo las aguas. Los empleados continuaran, tontos y tercos, muriéndose de pena en bares y en callejones sucios, cual bolsas de basura, en sus aburridos domingos o en sus interminables jornadas estupidizantes, tomando colectivos que lo mismo da si van a mar del plata, a chascomus o al obelisco.
Lo mismo importa porque adonde quiera que vallan no habrá sirenas;
Si bien es cierto que son numerosos los empleados que mueren de pena, tambien es cierto que este numero es casi nulo comparado con los empleados que mueren de causas mucho menos romanticas, como resfriados y accidentes de trafico, o que viven sus vidas de mosca hasta el fin de sus dias, lo cual es sin dudas mucho peor y tambien mucho mas corriente. De hecho, si uno toma en cuenta la totalidad de los empleados, el numero que es capaz de sentir pena (me refiero a pena verdadera, sheakspereana, y no a todo ese tipo de sufrimientos histericos leves como pueden ser la angustia de no llegar a fin de mes o de no cobrar tanto como el compañero de al lado, o la angustia de no tener una mujer tan linda como la del verdulero) es alarmantemente bajo. Por lo cual podemos con alivio o alarma declarar que la gran mayoria de los empleados es inmune a morir de pena, como asi tambien a enamorarse de una sirena, y esto tanto por la dificultad que tiene un empleado por dar con una sirena real (la mayoria de los empleados jamas ha visto una sirena y ni siquiera saben como lucen) y luego, aun mas, por trabar autentica relacion con ella, como asi tambien por la esterilidad de la mayoria de los empleados para el amor verdadero.
Como el empleado nunca ha visto (y probablemente jamas vera) una sirena (puesto que si la ve deja automaticamente de ser un empleado, y pasa a ser o un inmundo pedazo de estiercol con traje o bien un hermoso Triton) tendra sin dudas problemas para reconocer a alguna, milagro solo posible en el caso de que la sirena no logre verlo primero a el (esto es muy dificil, pues las sirenas son muy atentas y andan constantemente olisqueando el aire como los conejos).
Es sabido que el mayor de los empleados nunca deja de ser cabeza de raton, mientras que la mas insignificante de las sirenas es como minimo cola de leon.
En general, los empleados no solo tienen problemas para enamorarse de las sirenas, sino tambien para enamorarse en general, sea de cabras, mujeres o potuses. Esto es toda una paradoja porque, en primer lugar, todo empleado tiene una tendencia tragica al enamoramiento, medio o fin que casi nunca pueden lograr debido a su embrutecimiento producto de la rutina, y dentro de los enamoramientos, los empleados son tercamente propensos a enamorarse de las sirenas, pese a que nunca hayan visto una y no sepan siquiera como lucen, con lo cual tenemos que los empleados que estan enamorados de una sirena y mueren de pena, la mayoria de las veces no estan enamorados de una sirena real, o bien no estan realmente enamorados de una sirena, sino que o estan enamorados de algo como la sombra o el cuento o el mito de una sirena, que bien puede ser un cuadro, una cancion de Charly Garcia o una mujer muy hermosa o con buen culo o muy bien vestida o simplemente con olor a pescado, o bien estan enamorados de una autentica sirena, pero ese estar enamorados no es el amor real, sino otro tipo de relacion o sentimiento o idea con respecto a una sirena, y entonces cuando dicen amar a una sirena resulta que solo quieren comprar una sirena o caramelos, o que quieren violar una sirena o acostarse con ella a cambio de dinero, e incluso su confusion es tal que hasta dicen amar a una sirena cuando la odian con feroz conciencia o cuando estan envidiosos o celosos de los tritones o de las sirenas mismas. En ambos casos estos errores no les impide a los muy estupidos morir igualmente de pena, inutilmente.
Los problemas para enamorarse son, pese a las apariencias, mucho mas graves para las sirenas y los tritones, y es que dado que ocho de cada diez hombres y mujeres son empleados y empleadas, gerentes y prostitutas, curas y amas de casa y demas variedades de productos de gondola y bichos oriundos de la generacion espontanea, una sirena o un triton tienen grandes dificultades de hallar a sirenas y tritones (dado lo penoso de sus circunstancias actuales, no hacen diferencia de sexo) de los cuales enamorarse, con lo cual pueden pasar largos y penosos años antes de que una sirena logre, no digo ya enamorarse, sino tener una noche decente con algun hombre, pues es sabida la impotencia y la falta de imaginacion en la cama de los empleados, tan distintos a los lascivos tritones, primos acuaticos de los satiros y faunos. Igual infortunio sufren los tritones, que no pueden reprimir el asco de una pestilente ama de casa o de una secretaria de botox y plastico, fingida hasta en los gestos para desnudarse, con las contorsiones y cantos de una sirena salvaje. Los empleados no tienen estos problemas propios de especies en extincion, pues cualquiera que vaya a un subte o a un boliche puede ver pilas y pilas de empleados titilando entre si en esos dialogos y pobres franeleos que ellos llaman "relaciones", "cachondeos", "levantes" o "flirts", y que tanto se parecen a los tramites y a las fotocopiadoras. Lo curioso es que los empleados se desprecian entre si aristocraticamente, y persisten cual Faeton o Antigona en su tragico empeño por amar a una sirena o a un triton, pese a que esto es precisamente lo que paulatina pero indeteniblemente va estinguiendo a las sirenas, y que tarde o temprano terminara por extinguir tambien a los empleados.
Algunos, los mas sensibles, logran ver sirenas en los ojos de las mujeres jovenes. Si son buenos escritores luego escriben, basandose en estas visiones, pequeños relatos de no mas de una carilla.
Pese a estas dificultades para amar, los empleados no tienen problemas para proliferar (al igual que los conejos y las alimañas), para comprar diarios y comida rapida, para comprar televisores o para hacer escapadas relampagos a pinamar, por lo cual no hay peligro de que, a corto y mediano plazo, los empleados se extingan como variedad de las porquerias; Claro que cuando ocurra la epica muerte de la ultima sirena (que sin dudas morira de aburrimiento en una hermosa playa del caribe mientra el mundo entero compra telefonos y mira programas de talk - show) los empleados enfrentaran una situacion limite comparable con el meteorito de yucatan o la glaciacion, puesto que perdida para siempre la posiblidad de morir de pena por el amor verdadero, iran paulatinamente cayendo en cuenta cabal de su miserable condicion de empleado, lo cual los transformara automaticamaente en algo distinto (pues una cualidad esencial del empleado es la ilusion perpetua de ser algo diferente, ilusion que depende sin dudas de que haya un objeto magico sobre el cual proyectar eso otro, y que sino eso son para ellos las sirenas), en algo distinto que sospecho se parecera mucho al codigo de barra o al perfecto arquetipo de carrito de supermercado.
Los empleados intuyen, yo creo que inconcientemente, este lejano pero certero fin, y entonces crean sociedades de beneficencia, se hacen veganos o viajan unas semanas por Europa.
Las sirenas poseen en este aspecto el orgullo de los ombues, y continuan cazando pescaditos, despeinandose o haciendo el amor con los tritones, completamente inmunes a lo que pueda pasarles mañana o pasado mañana.
7 oct 2014
Ajedrecista
- De todos modos voy a salirme con la mia - dije.
- ¿Con que tuya?
- Con la mia, con lo que quiero.
- ¿Y como estas tan seguro?
No pude evitar soltarle una risa estrepitosa como el reviente de un caño de escape. Un reviente, algo que revienta, rabioso. Seguramente no entendio mi risa, porque me miro con perplejidad, intentando discernir entre una burla o la llana locura. Casi reviento de vuelta, porque la separacion que buscaba era estupida, tan estupida como mi sonrisa callada y fria. Hacia Calor y yo no queria estar ahi, queria estar en el fresco blanco de una plaza, y entonces me limitaba a callar y a sonreir friamente. Los ojos me ardian y me sentia afriebrado. El silencio era ya estupido, asi que volvi a hablar.
- Estoy seguro porque soy mejor ajedrecista que vos; Soy mejor que todos ustedes. Pronuncie el ustedes con especial desprecio. Me miro y, era obvio, seguia sin comprender, asi que volvi a hablar:
- Soy mejor jugador que vos - dije. - El ajedrez, sabes, se basa en anticipar los movimientos del rival usando los movimientos propios. Se trata de esconder el juego... o mas bien de mostrarle al otro un juego que no es, de que el otro juegue un juego que no es.
- Sigo sin entenderte - me dijo con aires de aburrida suficiencia. De pronto algo como un reflejo paso por sus ojos y tuvo como un instante de vaga comprension, una de esas comprensiones negativas que son como un temor o una vaga sombra en el patio nocturno. - Acaso vos pensas que yo no...
- Yo no pienso ni dejo de pensar que vos no. Sucede que cuando dos jugadores juegan el juego, el mismo juego y con esto me refiero al juego que es, al verdadero, entonces es cuando la partida es la nuda vita, y entonces los jugadores son los dos muy buenos o muy malos. Ok, veo que seguis sin entender. Eso es bueno. Uno comienza a ganar la partida cuando comienza a jugar solo, es tan sutil. Mientras el otro juegue uno no puede estar seguro de estar jugando, y a veces pasa que cuando uno cree estar jugando completamente solo, como contra si mismo, ¡zas! un alfil te caga una torre o un peon hace doblete, e incluso la reina puede aparecer furiosa como una araña o una locomotora y clavarte un jaque mate que te deja como sintiendote un idiota. Pero en otras, uno sabe que juega solo, y entonces las fichas y las manos del otro y hasta los tiempos de respuesta se mueven dentro de lo esperado...
- ¿pero me queres decir de que carajo estas hablando, y que tiene que ver el ajedrez o lo que sea que digas con eso de salirte con la tuya?
- Solo las arañas juegan bien al ajedrez - dije, y me senti un poco como Heraclito.
- Te podes ir yendo a la mierda si pensas que yo no. - me dijo con algo que era un comienzo de enojo, filoso y resplandeciente.
- Ya te dije que no pienso que vos no. Vos si. Vos si pero, ¿en que juego, no? Yo soy mejor araña que vos. Vos no jugas el mismo juego que yo. Crees jugarlo, pero no lo jugas.
- ¿Que, entonces estas jugando solo?
- Eso creo. Todos juegan solos. Juegan para si, y vos tambien. Vos tambien jugas en solitario. Lo malo es que crees jugar conmigo. ¿o no? Yo diria mas bien que tu juego necesita del mio, o que crees que ambos estamos del mismo lado del tablero, o alguna estupidez asi, pero no.
- ¿y entonces?
- Ya te dije: Lo esencial es conocer el juego del rival, y la mejor forma de lograrlo es escondiendo el propio juego. Claro que para esto lo primero es conocer el juego propio, y en esto hay que hacerle justicia a ese gran ajedrecista sin tablero ni piezas que fue Socrates. Claro que uno puede arrancar por la punta opuesta del hilo, y entonces identico proceso pero ad speculum es decir que la mejor manera de esconder el juego es conocer a la perfeccion el juego del rival. Hay estrategas activos y estrategas pasivos, y a mi me gusta decirles occidentales y orientales, Belisario y Sun Bin. Pero yo creo que como occidentales lo esencial es ese gnoti seauton socratico, y entonces lo mas importante a nivel practico es... ¿que?.
Yo esperaba una respuesta que sabia que no llegaria, y su expresion era una pura oscilacion entre la exhasperacion y la idiotez.
- ¿Si? - dijo. Esperaba sin duda que la pregunta pasara como quien espera que pase el tren.
- Vos tenias que responder - le dije laconicamente. - Pero bueno, te resumo: Al final, yo voy a salirme con la mia porque, fundamentalmente, nadie sabe cual es la mia. Todos ustedes no tienen la menor idea de cual es esa con la que me quiero salir. Mi juego esta completamente oculto, y por eso nadie puede detenerme. ¿como se me pueden anticipar si no saben por donde tengo que pasar? - Nuevamente la claridad parecio querer inundar su cabeza como un fuego en madera humeda.
- ¿y vos crees que vos si?
- Claro que yo si - le respondi, y nuevamente revente en una risa como de vidrio estallando, que acompañe de un descarado manotazo en la mesa. - Yo los tengo completamente resueltos. No te ofendas, pero tanto vos como ellos... ustedes... son todos malos jugadores. Son banderas y yo una araña, ¿que querias? Yo se lo que quieren, se cual es esa con la cual quieren salirse, conosco a la perfeccion, de tanto andar entre ustedes, su justicia, y entonces les regalo un alfil, uno o dos peones, voy dejando que sus piezas se acomoden como ustedes creen les conviene. No hace falta que pongas esa cara - le dije, ahora un poco mas serio - Todo buen jugador es algo hipocrita en sus preocupaciones. Pensa que es imposible hacer un buen gambito sin una autentica cara de falsa preocupacion. Es como el poker: la seguridad espanta a los peces.
- No te creas que es tan asi - me dijo - No sos tan vivo como pareces. Yo tambien estoy mucho tiempo con vos y, sin dudas, me doy una muy buena idea de como queres salirte con la tuya.
Su cara reflejaba una indignacion que era mas un miedo disimulado, un miedo que venia tal vez de haber comprendido un poco.
- ¿ah si? - dije apoyando el codo en la mesa y la cara en la palma. - decime que es lo que quiero.
Me miro a los ojos y, luego de un buen rato, suspiro como un globo que se desinfla. Su aire volvia a ser cansado y trivial. Casi con desgano me dijo "queres lo mismo que yo, lo mismo que todos". Yo deje pasar los minutos, ya aburrido de la circular tozudez del ser humano promedio. En cuanto me agarraron ganas de ir al baño, cosa que indefectiblemente ocurre al tercer o cuarto mate, dije jaque mate y me fui a hacer mis necesidades.
15 sept 2014
Mini - Fabula, puede leerla o no, irse al carajo o a Mercadolibre: Hoy sali de la esclavitud, o sea del trabajo, y tuve, como quien quiere un helado o una escapada a mar del plata, un impulso irracional de ir a conseguir un libro de titulo prometedor, de un autor que se dice, es "una de las voces mas solidas de la narrativa argentina contemporanea" (segun la contratapa de dicho libro, claro), y entonces sali todo despatarrado a esquivar trajeados apurados, turistas y señoras gordas, todo esto mientras leia (caminando) una novela de Hemingway que, como las novelas de perez galdos de la maga, no termina nunca, y luego de encontrar el libro en una libreria de 2x2 de la calle Ayacucho pero con libros hasta el techo y musica clasica (ya cerrada, pero me abrieron porque la entrada era de vidrio y el contacto visual hace mas bondadosa a la gente, siempre y cuando uno tenga zapatos, saco y un libro de Hemingway en la mano) fui a meterme con urgencia en un cafe. Digo con urgencia porque asi como hay gente que tiene que ir al baño despues del primer mate, pelear despues del cuarto vodka o fumar despues del ultimo polvo, asi yo tengo una necesidad fisiologica y muy hipster de meterme en un cafe si estoy solo y con un libro nuevo. Meterme en el cafe aunque sea solo para mirar la contratapa y salir a los quince minutos, sintiendome un poco mas estupido, un poco mas no se que y tambien un poco mejor. Lo juro, es asi y no se por que. Es un infantilismo surgido de leer a Sabato de adolescente, y mas tarde a Arlt y a Dostoievsky y en fin. Si eso no es construir la imagen de uno mismo, no se que es.
La cosa es que sali de ahi y me tome el 106, repleto de gente que volvia del trabajo, que aun volvia del trabajo. Es casi inutil querer viajar vacio en Buenos Aires, como no sea a las tres de la mañana.
Por suerte habia, parada en el medio del colectivo, como las madonnas de los cuadros de Verrochio o Boticelli, una chica muy alta y muy linda, y entonces me acorde que a la mañana habia leido, mientras viajaba mediodormido en el subte B (rumbo a la esclavitud) en el diario "El Argentino" de un señor sentado que ver gente linda tenia los mismos efectos endorfinicos que ciertas drogas y que me habia acordado de Platon.
Mientras miraba a la chica por sobre Hemingway abierto en la pagina 113 pensaba que se parecia increiblemente a una chica que conozco, pero felizmente llevada a una belleza renacentista. No se que mecanismos comparativos del carajo operaran para que uno piense esas cosas. Por suerte o desgracia pegue un asiento y quede de espaldas a la beldad que justo en ese momento hablaba por celular y sonreia maravillosamente.
Y entonces subio un tipo mucho mas bajo y feo, algo que era como los musicos vagabundos de muerte en Venecia, pero con la diferencia de que este iba solo (no, iba con la mujer y el hijo de 4 años) y no solo le faltaba un instrumento, sino tambien un brazo.
Luego de mostrar la obligatoria credencial de discapacidad (que ninguno de nosotros miro) comenzo a mendigar (palabra horrible) con un argumento de 150 pesos para no quedar en la calle, poniendo a su mujer e hijo como palanca emocional, como si no fuera ya tragedia la suya sola, y lo interesante es que el tono era agresivo, no de suplica o conmiseracion, sino agresivo como si tuviese unas ganas locas y reprimidas de arrebatar una cartera, cosa que indignaba la superioridad de las señoras, los cadetes y todos los pazguatos que esperan todo el dia para eso, para sentirse seguros y realizados ante la comparacion con ese pobre tipo, pero que en mi caso habia logrado que cierre el libro para oir atentamente.
Despues de recorrer el colectivo dos veces, con los malos modales y codazos correspondientes (lo cual era causa pero tambien efecto de la aplastante gelidez silenciosa de todos los pasajeros, los cuales se defendia de la miseria con el marmoreo muro de la indiferencia a base de celulares, libros y hacerse los dormidos).
El hombre pregonaba su melodrama rapida y friamente. Nos odiaba, nos despreciaba a todos con o sin sentido, pero yo (mi irrefrenable tendencia a ponerme del lado del pobre) no podia pensar mas que cuanta razon que tenes hermano, con toda tu incapacidad para entender incluso tu propia situacion, cuanta razon que tenes, y mientras yo pensaba esto el tipo ya discutia con una jovencita de saco rojo que, indignadisima, lo acusaba a plena voz de haberle tocado el culo, cosa que con un solo brazo y ese colectivo tan lleno merecia mas el aplauso que el repudio.
El tipo volvio cerca del chofer e hizo una pausa. Silencio. La indiferencia de los pasajeros era kafkiana, y yo queria decirle al mendigo que aunque lo atendiese alguien del otro lado del tubo, no podria uno decir con seguridad que estuviese hablando con un funcionario del Castillo, cuando entonces el mendigo nos miro a todos con esas miradas vacias que al no mirar a nadie nos abarcar innegablemente a todos, aunque nos hagamos los sotas, y entonces nos dijo que muchas gracias, rabiosamente y a los gritos y con desesperacion tapada por el orgullo que muchas gracias, que era increible que un colectivo lleno, pero llenisimo, y que le habian dado, entre todos, una moneda de un peso. Miserables, ratas de porqueria, basuras que viajaban a mar del plata y cambiaban el auto, que seguramente ese dia habian gastado quien sabe cuanto en alfajores y tonterias, en cafes y libros y paquetes de cosas tiradas por la mitad, cosas que se usan una o dos veces o nunca, y que solo una moneda de un peso en un colectivo lleno, llenisimo de personas que (claro que todo esto ultimo lo pensaba yo, mientras pretendia no estar ahi, detras de mis 600 paginas de editorial De Bolsillo) se indignan con Gaza o con el Ebola pero que eligen guardarse su peso mientras otro (cualquier otro, y ahi esta el asunto, un otro cualquiera, que es el unico otro verdadero, legitimo) va a parar a una acera fria y humeda y llena de tierra y piojos, sea hipotetica o no esa situacion, tenga uno o dos brazos, tenga mujer o hijos, los señores se guardan su peso porque claro, porque, querria haberte dicho, mendigo, cada cual se gano ese peso trabajando y de todos modos (querria habertelo dicho enfrente de todos y no estar escribiendo esto ahora casi como algo lastimoso, casi como una resignacion o una disculpa que merece un sopapo mas que el "te perdono, cagon") ninguno de nosotros era responsable de tu miseria, mendigo; habias entrado en nuestra vida, en nuestra vida que a esa hora esta mas cansada y aburrida que nunca, hacia solo unos minutos.
Por eso, aunque levantases ironicamente la moneda de un peso como Socrates su indice en la Academia de Rafael, con una mirada rabiosa y una sonrisa hipocrita, por eso tambien te habria querido explicar que era casi natural que cada cual evitara la compasion como mejor pudiese, algunos con el celular, otros con aforismos de Nietzsche - Zarathustra, que era natural porque en la sociedad del exito, descendiente de los sonrientes carteles de Malboro de los 60, pero mas enferma y neurotica, en esta sociedad de despotas en Gucci y de sociopatas y cyborgs sonrientes y de buen curriculum, se le huye a la miseria (que digo, a su sola idea) del mismo modo como se huye de toda negatividad, de todo dedo levantado, que en este caso era una moneda, una moneda que de tan alta casi tocaba el cielo (el techo) con su solcito de cobre y que interpelaba, junto con ese "gracias", todas nuestras miserables existencias de viajar sentados rumbo a casita. La monedita interpelaba a todo el genero humano.
Pero no te lo dije, mendigo, discapacitado real o falso, seguramente falso y ademas drogadicto para la tranquilidad de nuestras conciencias negadoras del misero pesito y por lo tanto desesperadas buscadoras de pretextos demonizadores, no te lo dije, y por eso ahora narro todo esto mientras coo un plato de polenta.
La cosa es que sali de ahi y me tome el 106, repleto de gente que volvia del trabajo, que aun volvia del trabajo. Es casi inutil querer viajar vacio en Buenos Aires, como no sea a las tres de la mañana.
Por suerte habia, parada en el medio del colectivo, como las madonnas de los cuadros de Verrochio o Boticelli, una chica muy alta y muy linda, y entonces me acorde que a la mañana habia leido, mientras viajaba mediodormido en el subte B (rumbo a la esclavitud) en el diario "El Argentino" de un señor sentado que ver gente linda tenia los mismos efectos endorfinicos que ciertas drogas y que me habia acordado de Platon.
Mientras miraba a la chica por sobre Hemingway abierto en la pagina 113 pensaba que se parecia increiblemente a una chica que conozco, pero felizmente llevada a una belleza renacentista. No se que mecanismos comparativos del carajo operaran para que uno piense esas cosas. Por suerte o desgracia pegue un asiento y quede de espaldas a la beldad que justo en ese momento hablaba por celular y sonreia maravillosamente.
Y entonces subio un tipo mucho mas bajo y feo, algo que era como los musicos vagabundos de muerte en Venecia, pero con la diferencia de que este iba solo (no, iba con la mujer y el hijo de 4 años) y no solo le faltaba un instrumento, sino tambien un brazo.
Luego de mostrar la obligatoria credencial de discapacidad (que ninguno de nosotros miro) comenzo a mendigar (palabra horrible) con un argumento de 150 pesos para no quedar en la calle, poniendo a su mujer e hijo como palanca emocional, como si no fuera ya tragedia la suya sola, y lo interesante es que el tono era agresivo, no de suplica o conmiseracion, sino agresivo como si tuviese unas ganas locas y reprimidas de arrebatar una cartera, cosa que indignaba la superioridad de las señoras, los cadetes y todos los pazguatos que esperan todo el dia para eso, para sentirse seguros y realizados ante la comparacion con ese pobre tipo, pero que en mi caso habia logrado que cierre el libro para oir atentamente.
Despues de recorrer el colectivo dos veces, con los malos modales y codazos correspondientes (lo cual era causa pero tambien efecto de la aplastante gelidez silenciosa de todos los pasajeros, los cuales se defendia de la miseria con el marmoreo muro de la indiferencia a base de celulares, libros y hacerse los dormidos).
El hombre pregonaba su melodrama rapida y friamente. Nos odiaba, nos despreciaba a todos con o sin sentido, pero yo (mi irrefrenable tendencia a ponerme del lado del pobre) no podia pensar mas que cuanta razon que tenes hermano, con toda tu incapacidad para entender incluso tu propia situacion, cuanta razon que tenes, y mientras yo pensaba esto el tipo ya discutia con una jovencita de saco rojo que, indignadisima, lo acusaba a plena voz de haberle tocado el culo, cosa que con un solo brazo y ese colectivo tan lleno merecia mas el aplauso que el repudio.
El tipo volvio cerca del chofer e hizo una pausa. Silencio. La indiferencia de los pasajeros era kafkiana, y yo queria decirle al mendigo que aunque lo atendiese alguien del otro lado del tubo, no podria uno decir con seguridad que estuviese hablando con un funcionario del Castillo, cuando entonces el mendigo nos miro a todos con esas miradas vacias que al no mirar a nadie nos abarcar innegablemente a todos, aunque nos hagamos los sotas, y entonces nos dijo que muchas gracias, rabiosamente y a los gritos y con desesperacion tapada por el orgullo que muchas gracias, que era increible que un colectivo lleno, pero llenisimo, y que le habian dado, entre todos, una moneda de un peso. Miserables, ratas de porqueria, basuras que viajaban a mar del plata y cambiaban el auto, que seguramente ese dia habian gastado quien sabe cuanto en alfajores y tonterias, en cafes y libros y paquetes de cosas tiradas por la mitad, cosas que se usan una o dos veces o nunca, y que solo una moneda de un peso en un colectivo lleno, llenisimo de personas que (claro que todo esto ultimo lo pensaba yo, mientras pretendia no estar ahi, detras de mis 600 paginas de editorial De Bolsillo) se indignan con Gaza o con el Ebola pero que eligen guardarse su peso mientras otro (cualquier otro, y ahi esta el asunto, un otro cualquiera, que es el unico otro verdadero, legitimo) va a parar a una acera fria y humeda y llena de tierra y piojos, sea hipotetica o no esa situacion, tenga uno o dos brazos, tenga mujer o hijos, los señores se guardan su peso porque claro, porque, querria haberte dicho, mendigo, cada cual se gano ese peso trabajando y de todos modos (querria habertelo dicho enfrente de todos y no estar escribiendo esto ahora casi como algo lastimoso, casi como una resignacion o una disculpa que merece un sopapo mas que el "te perdono, cagon") ninguno de nosotros era responsable de tu miseria, mendigo; habias entrado en nuestra vida, en nuestra vida que a esa hora esta mas cansada y aburrida que nunca, hacia solo unos minutos.
Por eso, aunque levantases ironicamente la moneda de un peso como Socrates su indice en la Academia de Rafael, con una mirada rabiosa y una sonrisa hipocrita, por eso tambien te habria querido explicar que era casi natural que cada cual evitara la compasion como mejor pudiese, algunos con el celular, otros con aforismos de Nietzsche - Zarathustra, que era natural porque en la sociedad del exito, descendiente de los sonrientes carteles de Malboro de los 60, pero mas enferma y neurotica, en esta sociedad de despotas en Gucci y de sociopatas y cyborgs sonrientes y de buen curriculum, se le huye a la miseria (que digo, a su sola idea) del mismo modo como se huye de toda negatividad, de todo dedo levantado, que en este caso era una moneda, una moneda que de tan alta casi tocaba el cielo (el techo) con su solcito de cobre y que interpelaba, junto con ese "gracias", todas nuestras miserables existencias de viajar sentados rumbo a casita. La monedita interpelaba a todo el genero humano.
Pero no te lo dije, mendigo, discapacitado real o falso, seguramente falso y ademas drogadicto para la tranquilidad de nuestras conciencias negadoras del misero pesito y por lo tanto desesperadas buscadoras de pretextos demonizadores, no te lo dije, y por eso ahora narro todo esto mientras coo un plato de polenta.
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