15 sept 2014

Mini - Fabula, puede leerla o no, irse al carajo o a Mercadolibre: Hoy sali de la esclavitud, o sea del trabajo, y tuve, como quien quiere un helado o una escapada a mar del plata, un impulso irracional de ir a conseguir un libro de titulo prometedor, de un autor que se dice, es "una de las voces mas solidas de la narrativa argentina contemporanea" (segun la contratapa de dicho libro, claro), y entonces sali todo despatarrado a esquivar trajeados apurados, turistas y señoras gordas, todo esto mientras leia (caminando) una novela de Hemingway que, como las novelas de perez galdos de la maga, no termina nunca, y luego de encontrar el libro en una libreria de 2x2 de la calle Ayacucho pero con libros hasta el techo y musica clasica (ya cerrada, pero me abrieron porque la entrada era de vidrio y el contacto visual hace mas bondadosa a la gente, siempre y cuando uno tenga zapatos, saco y un libro de Hemingway en la mano) fui a meterme con urgencia en un cafe. Digo con urgencia porque asi como hay gente que tiene que ir al baño despues del primer mate, pelear despues del cuarto vodka o fumar despues del ultimo polvo, asi yo tengo una necesidad fisiologica y muy hipster de meterme en un cafe si estoy solo y con un libro nuevo. Meterme en el cafe aunque sea solo para mirar la contratapa y salir a los quince minutos, sintiendome un poco mas estupido, un poco mas no se que y tambien un poco mejor. Lo juro, es asi y no se por que. Es un infantilismo surgido de leer a Sabato de adolescente, y mas tarde a Arlt y a Dostoievsky y en fin. Si eso no es construir la imagen de uno mismo, no se que es.
La cosa es que sali de ahi y me tome el 106, repleto de gente que volvia del trabajo, que aun volvia del trabajo. Es casi inutil querer viajar vacio en Buenos Aires, como no sea a las tres de la mañana.
Por suerte habia, parada en el medio del colectivo, como las madonnas de los cuadros de Verrochio o Boticelli, una chica muy alta y muy linda, y entonces me acorde que a la mañana habia leido, mientras viajaba mediodormido en el subte B (rumbo a la esclavitud) en el diario "El Argentino" de un señor sentado que ver gente linda tenia los mismos efectos endorfinicos que ciertas drogas y que me habia acordado de Platon.
Mientras miraba a la chica por sobre Hemingway abierto en la pagina 113 pensaba que se parecia increiblemente a una chica que conozco, pero felizmente llevada a una belleza renacentista. No se que mecanismos comparativos del carajo operaran para que uno piense esas cosas. Por suerte o desgracia pegue un asiento y quede de espaldas a la beldad que justo en ese momento hablaba por celular y sonreia maravillosamente.
Y entonces subio un tipo mucho mas bajo y feo, algo que era como los musicos vagabundos de muerte en Venecia, pero con la diferencia de que este iba solo (no, iba con la mujer y el hijo de 4 años) y no solo le faltaba un instrumento, sino tambien un brazo.
Luego de mostrar la obligatoria credencial de discapacidad (que ninguno de nosotros miro) comenzo a mendigar (palabra horrible) con un argumento de 150 pesos para no quedar en la calle, poniendo a su mujer e hijo como palanca emocional, como si no fuera ya tragedia la suya sola, y lo interesante es que el tono era agresivo, no de suplica o conmiseracion, sino agresivo como si tuviese unas ganas locas y reprimidas de arrebatar una cartera, cosa que indignaba la superioridad de las señoras, los cadetes y todos los pazguatos que esperan todo el dia para eso, para sentirse seguros y realizados ante la comparacion con ese pobre tipo, pero que en mi caso habia logrado que cierre el libro para oir atentamente.
Despues de recorrer el colectivo dos veces, con los malos modales y codazos correspondientes (lo cual era causa pero tambien efecto de la aplastante gelidez silenciosa de todos los pasajeros, los cuales se defendia de la miseria con el marmoreo muro de la indiferencia a base de celulares, libros y hacerse los dormidos).
El hombre pregonaba su melodrama rapida y friamente. Nos odiaba, nos despreciaba a todos con o sin sentido, pero yo (mi irrefrenable tendencia a ponerme del lado del pobre) no podia pensar mas que cuanta razon que tenes hermano, con toda tu incapacidad para entender incluso tu propia situacion, cuanta razon que tenes, y mientras yo pensaba esto el tipo ya discutia con una jovencita de saco rojo que, indignadisima, lo acusaba a plena voz de haberle tocado el culo, cosa que con un solo brazo y ese colectivo tan lleno merecia mas el aplauso que el repudio.
El tipo volvio cerca del chofer e hizo una pausa. Silencio. La indiferencia de los pasajeros era kafkiana, y yo queria decirle al mendigo que aunque lo atendiese alguien del otro lado del tubo, no podria uno decir con seguridad que estuviese hablando con un funcionario del Castillo, cuando entonces el mendigo nos miro a todos con esas miradas vacias que al no mirar a nadie nos abarcar innegablemente a todos, aunque nos hagamos los sotas, y entonces nos dijo que muchas gracias, rabiosamente y a los gritos y con desesperacion tapada por el orgullo que muchas gracias, que era increible que un colectivo lleno, pero llenisimo, y que le habian dado, entre todos, una moneda de un peso. Miserables, ratas de porqueria, basuras que viajaban a mar del plata y cambiaban el auto, que seguramente ese dia habian gastado quien sabe cuanto en alfajores y tonterias, en cafes y libros y paquetes de cosas tiradas por la mitad, cosas que se usan una o dos veces o nunca, y que solo una moneda de un peso en un colectivo lleno, llenisimo de personas que (claro que todo esto ultimo lo pensaba yo, mientras pretendia no estar ahi, detras de mis 600 paginas de editorial De Bolsillo) se indignan con Gaza o con el Ebola pero que eligen guardarse su peso mientras otro (cualquier otro, y ahi esta el asunto, un otro cualquiera, que es el unico otro verdadero, legitimo) va a parar a una acera fria y humeda y llena de tierra y piojos, sea hipotetica o no esa situacion, tenga uno o dos brazos, tenga mujer o hijos, los señores se guardan su peso porque claro, porque, querria haberte dicho, mendigo, cada cual se gano ese peso trabajando y de todos modos (querria habertelo dicho enfrente de todos y no estar escribiendo esto ahora casi como algo lastimoso, casi como una resignacion o una disculpa que merece un sopapo mas que el "te perdono, cagon") ninguno de nosotros era responsable de tu miseria, mendigo; habias entrado en nuestra vida, en nuestra vida que a esa hora esta mas cansada y aburrida que nunca, hacia solo unos minutos.
Por eso, aunque levantases ironicamente la moneda de un peso como Socrates su indice en la Academia de Rafael, con una mirada rabiosa y una sonrisa hipocrita, por eso tambien te habria querido explicar que era casi natural que cada cual evitara la compasion como mejor pudiese, algunos con el celular, otros con aforismos de Nietzsche - Zarathustra, que era natural porque en la sociedad del exito, descendiente de los sonrientes carteles de Malboro de los 60, pero mas enferma y neurotica, en esta sociedad de despotas en Gucci y de sociopatas y cyborgs sonrientes y de buen curriculum, se le huye a la miseria (que digo, a su sola idea) del mismo modo como se huye de toda negatividad, de todo dedo levantado, que en este caso era una moneda, una moneda que de tan alta casi tocaba el cielo (el techo) con su solcito de cobre y que interpelaba, junto con ese "gracias", todas nuestras miserables existencias de viajar sentados rumbo a casita. La monedita interpelaba a todo el genero humano.
Pero no te lo dije, mendigo, discapacitado real o falso, seguramente falso y ademas drogadicto para la tranquilidad de nuestras conciencias negadoras del misero pesito y por lo tanto desesperadas buscadoras de pretextos demonizadores, no te lo dije, y por eso ahora narro todo esto mientras coo un plato de polenta.


10 sept 2014

Vicky Waiting

Aunque no tenga nada que ver, aunque ahora ya no importa, yo ya una vez escribi esto. Es decir, escribi un cuento que era identico a esto, y que tambien era identico a una cancion que ahora acabo de escuchar por primera vez. La cancion es una cancion de jazz que, en cuestion, es homonima del titulo, y entonces esto que escribo y que ya escribi y luego desdije y estupidamente (tal vez) borre y ahora rescribo es como ese otro texto y como la cancion de  jazz, salvo porque no es para nada como la cancion sino que es la cancion. Pero como dije, ahora ya no importa.
Importo esa tarde, Vicky, cuando te encontre en la plaza como si esperaras. Y fijate que no digo me esperaras, sino solo esperaras, si, como si esperaras algo o no, porque tal vez no era algo sino nada, sino solamente a la espera, expectante. Mi falseamiento de los hechos no podria llegar a creerme el objeto indirecto de ese verbo esperar, que mas que verbo (categoria lexica que expresa accion o movimiento) deberia ser algun tipo de adverbio, algun lexico de modo, y aun mas en tu caso, dado que esa tarde soleada no esperabas nada (jamas crei que me esperaras, que esperaras a nadie), sino que solamente esperabas. Esperar...
¿Que es esperar, me queres decir? A ver, veamos: Tener esperanza de conseguir lo que se desea. ¿Que deseabas? Definitivamente deseabas algo. Luego de tanto tiempo, de haber escrito y borrado y vuelto a escribir, a tanto tiempo y espacio de esa tarde en la plaza que ahora recuerdo no era para nada plaza, y mucho menos una plaza de La Plata como crei por tanto tiempo, sino que mas bien era una tarde de mucho calor en parque Centenario o Rivadavia, entre los chicos y los puestos, entre las pelotas de futbol y los mates de tanta gente, pero sobre todo cerca de la calesita y de los puestos. Los puestos se me imponen sobre todo, Vicky. Los puestos y verte parada en la vereda, sobre avenida Rivadavia, absorta contemplando una manta repleta de cosas que eran como gorros o pantallas de velador, verte absorta y sin verme y pensar que era como si estuvieses esperando, mas no esperando algo, sino, en fin. 
¿Que estabas deseando? Yo no me habria acercado de no oler eso que era como un deseo disperso, como una nube de tabanos verdes y dorados que te rodeaban zumbando y cantando, alborotando tu pelo rubio y largo, rozando impavidamente y con esa furia ciega de los tabanos tu piel tan invadida por el calor, tan tubo fluorescente, tan tan.
Esperar: Tener esperanza. No. ¿Creer que va a succeder alguna cosa? Muy posiblemente. ¿y si no? Desear que algo ocurra. Eso ya casi es un verbo. Es interesante la cuarta definicion de la RAE:
"Permanecer en un sitio donde se cree que ha de ir alguna persona o ha de ocurrir algo". Mientras oigo Abide with Me realmente sospecho si es realmente la cuarta definicion de la RAE, puesto que ahora recuerdo que tal vez ese recuerdo sea tardio, o tal vez incluso inexistente porque, ¿me habias esperado? Ahora creo que en realidad te encontre un poco antes, en las cuadras cuyos nombres nunca recuerdo, pero que rodean entre bares y puestos de diario la estacion de Caballito, y que entonces hablamos de musica y me acompañaste o te segui al Parque, y ya entonces mientras caminaba y te rozaba minusculamente con el brazo, mi brazo largo y levemente peludo y tu brazo casi espectral, siempre tan falto de esa cadencia tan artificialmente natural que poseen la mayoria de las mujeres. Vos te movias como empujando el aire, como una sirena o una medusa, levemente inclinada hacia adelante, hechandote sin quererlo la pajarera rubia en la cara y en los ojos, haciendome pensar que buena falta te harian unos anteojos de carey.
Y fue entonces despues, cuando vos veias o creias ver las pantallas o los gorros que yo me aleje hacia la calesita para acariciar a un gato muy marron y muy gordo, para luego voltear y admirar la perspectiva de como una hermosa sirena rubia esperaba (cuarta definicion. Exempli Gratia: "te espero  las ocho), y ahora tambien recuerdo otra semantica de esperar, y es la de parar en una actividad hasta que succeda algo. E.G: Esperemos a que se enfrie para comer. Esperemos. ¿Yo no esperaba algo tambien? 
Porque no habia razon para irnos o para quedarnos, y haciamos mientras pretendiamos no hacer, y pretendiamos buscar (yo discos, vos quien sabe) cuando en realidad esperabamos a que algo succediese. Todo esto puede haber sucedido de este modo, o al menos un poco de este modo. No hay que fiarse de los escritores como yo, tan propensos al monologuion. Fijate que practicamente no recuerdo nada de lo que hablamos esa tarde, ninguna frase tuya, nada concreto, solo la sensacion de lo frio de tus manos pese al abrumador calor, salvo esa repugnancia como de murcielago que siempre me inspiro el sudor frio, salvo la sensacion de un embudo hueco en el centro del mundo; Eso y la espera, la espera y esas cosas como tabanos de jade o moscardones.
Deberia haberte besado, ahora lo se. 
Dos personas que esperan es mal negocio. Algo inutil, kafkiano, que huele a tramite o a cola de hospital. Esperar, paciencia, paciente, hospital. Todo Falso, pura literatura. Ver una mujer de pollera roja y pensar en el diablo, ver el mar y pensar en los jonicos, el insomnio y la muerte: todas trampas. Todas trampas, si, pero algo de eso habia. Tal vez no pense en los hospitales. Casi con seguridad no pense en ello. Yo nunca pienso esas cosas. De hecho, casi nunca pienso nada. 
Esperar por. Durante. En la puerta. Con sueño.  A que acabe.Dejar esperando. Un beso. Bah, 
Esperar en el sentido de influir. 
- Vicky, espero algo de vos - Ergo, estoy aca como si fuese presion atmosferica. Vos seguramente me habrias mirado sin decir una palabra, en esos angulos raros que tenias, ni de frente ni de costado, ladeada de un modo extraño, cual cobra u flamenco, y yo te habria dicho que
- Me gustas, estoy aca porque me gustas, pava, pavota, pavita, soporto el calor y las señoras conchetas que toman cafe del otro lado de la avenida solo por vos, por tu pelo y porque te quiero.
Pero las cosas no succederian de ese modo. Yo no hablo nunca asi. Asi hablan algunos personjes que cada tanto leo, que leo para llenar los huecos de estas escenas. No, las cosas no ocurririan asi. Ocurrian menos Maria y Castel y mas vos y yo, mas realidad, aburridamente, vos zorra entre los puestos, negando querer las uvas, yo perro de caza detras de la zorra plateada, hasta ir a tomar una gaseosa cerca de la fuente o en los bancos de madera, y entonces te habria besado sin conmiseracion alguna, en la boca y sin una incomoda palabra de por medio, silenzio stampa. 
Es raro que no lo haya hecho, me digo ahora. Casi nunca resisto la tentacion de besar una mujer que repentinamente me gusta, sobre todo si es en una plaza y hace calor y es tan rubia y tan desfalleciente, sobre todo si hay casualidad de por medio (la casualidad deberia absolvernos de las peores villanias). Porque fue eso: me gustaste repentinamente, porque si, porque yo buscaba un ejemplar de Nadja que no encontraria hasta meses despues (en ese mismo parque o en otro muy parecido) y vos nunca me dijiste que hacias ahi, tan irrealmente ahi, inutilmente estabas ahi, tan de codo contra el farol a la noche en una esquina de la boca o san telmo que Sol - Do. Por todo eso y tambien porque estabamos solos y caballito es siempre hermoso por la tarde, con sus sombras y sus calles empedradas. Las sombras y los empedrados son como invitaciones a los besos y a los paseos en carrosa, las herraduras en las piedras hacian (hubiesen hecho) clap-clap-clap-clap, y el sol se esconderia demasiado rapido detras de algun edificio. No hubiera hecho nada mas que besarte, de eso estoy seguro.
Incluso ahora no puedo asegurar que fueses vos, Vicky, la que ese dia me habias gustado repentinamente. Antes y despues de ese dia fuistes y volvistes a ser nada o poco menos. Ahora no pasarias del te con leche y la charla amena, aunque te me aparecieses vestida de encaje victoriano, con un hermoso parasol blanco y todo. Las cosas son un misterio. Yo creo en las posesiones. Con ese calor, quien te dice que con ese calor y tu debilidad no fueses un poco como las locas (posesas recurrentes), no fueses un poco otra (¿que hacias ahi, de todos modos?), mitad vos y mitad ese pozo vacio que flotaba en el aire y me arrastraba muy cerca tuyo.
Lo interesante, o lo aburrido, es que no puedo precisar como termino todo. ¿Acaso termine comprando una navaja, casi por despecho? ¿Acaso todo transcurrio como una cancion ya archisabida? No puedo evitar pensar que en el primer texto, protoversion de este mismo y anterior a la cancion, la historia terminaba de otro modo, que yo intentaba besarte y vos me dabas vuelta la cara de un cachetazo, o solamente movias hermosamente la cabeza hacia un costado, como un armiño o como Marusja la hermosa rusa del Sanatorio Berghof. Tambien podia terminar de la manera contraria a esta o a la anterior. El problema es que todas estas son opciones de la literatura, y que en la vida real suele imponerse el habito, la fuerza que nos mantiene fijos en la insana costumbre de dejar pasar, casi con desgano, las oportunidades y con ellas, los errores y los aciertos. A esta altura ya da igual. Da igual porque esto es darle vueltas a lo mismo, a algo que esta en algun lado, congelado en esa tarde y en los pedazitos de iris que escapaban de tus pestañas demasiado cargadas de esa cosa negra (siempre ignorare el nombre) que las egipcias y los mapaches tienen sobre los ojos. Al igual que ahora, estabas compuesta, como yo, mas de ausencia que de presencia.
Entonces tal vez estabamos, aun estando ahi, estando en otro lado. Es decir, siendo en otro lado. Es un escape facil, tan fantastico que parece infantil, Vicky. Pero es que de otro modo nunca podre entender como vos y yo estupidamente caminando por algo mas de dos horas entre los puestos hablando de nada y mirando la nada y pasando entre las lonas llenas de señoras y chicos insportables y tal vez al fondo alguna banda callejera, formando una figura que no solo no podia cerrarse, que era tan dificil de vivir sin la fuga, sino que tampoco podia (aun no puede, eso obvio) escribirse, irrefutablemente inenarrable, prueba externa este texto que seguramente borrare. La cancion ha ayudado mucho, no hay duda.

PD: De algun modo, Vicky, esto es una carta. Es molesto tener que publicar esto obligado por la sincronizidad de una cancion entre tantas, molesto haber tenido que sacar a revolotear lo que ahora no son mas que fragmentos de recuerdos, ya seguramente contaminados por mil mecanismos psicologicos, por el orgullo y la influencia de la poesia de Goethe, para citar una de las muchas deformaciones que afectan lo que fue real. Escribir es pasar la realidad por una picadora de carne. El anonimato que con esfuerzo (el mio) mantenes en estas lineas es solamente la imposibilidad de los lectores para reconocerte (si te conocieran) del otro lado, del lado de la carne picada, del lado del espejo falso o destruido.