14 ago. 2017

ya desde ahora

"El hombre es el lobo del hombre"
dijo un tal Thomas Hobbes
Alla por el 1600
Y es muy pero muy triste
tan triste como increible
que hoy, 417 años despues
al otro lado del mundo
despues de cientos de guerras
de genocidos, de colonizaciones
Nunca haya sido mas cierto
que el lobo es el lobo del hombre

A nadie le importa nada
Como dijo Fito: la mitad de los porteños me dan asco
me dan asco la mitad de los argentinos
y la otra mitad casi casi
solo se salvan algunos
pocos, muy pocos
en Buenos Aires hay menos justos
que en Sodoma y Gomorra

y mucho mas asco me da ese 1 por ciento
que hace lo que quiere
apoyado por un 49% de pelotudos
o mas bien: de hijos de puta
de cinicos, de asesinos, de complices
¡todos lobos!

Lo unico que me reconforta
es que cuando los palos caigan
cuando se acabe la plata
cuando empiece el tumulto
no caeran, no pueden caer solo los pobres

Ahi es cuando hay que acordarnos
(sin olvidarse nunca, empezando de hoy mismo)
de ese 49 por ciento
de sus nombres, direcciones, apellidos
para que al menos el derrumbe
sea justo

4 ago. 2017

No existe
concatenación
enlace
mezcla
superposición
composición
no existe un tono
una frase
una oración
un gesto
que pueda salvarnos
de la vida
y de la muerte

7 jul. 2017

Severino

Te veo caminar por las calles
la cabeza mirando al frente
en los ojos un fuego frio
llevas la vida y la muerte
en una valija

Te veo llegando al banco
todo ya esta en llamas
el pasado y el futuro
todo la ya estallo, estallara
solo que no lo sabe

Te veo entrar al hall
donde buitres y dragones
preparan el festín que viene
cocinan y sazonan
el cuerpo y el alma de millones

millones que irán al trabajo
del trabajo a su casa
de su casa al trabajo
y de ahí a una caja de madera,
y luego nada
luego eternamente nada.
pero aun no lo saben.

Te sentas en un banco
en la sala de espera
del gran hall de Citibank
apoyas la valija en el suelo
y el tiempo comienza a correr

Para completar la pantomima
tenes que quedarte un rato
al menos un minuto
no podes salir disparado
si lo haces, se darían cuenta

y alguien podría decirte
"señor espere, se  olvida su portafolio"
asi que te quedas sentado
y empujas con el taco, con el talón del zapato
la valija bien adentro, bien abajo del asiento

¿quien osaría, quien podría imaginar
 que luminosas u oscuras premoniciones
 pasaron en ese minuto
 por el fuego de tu cabeza?

 Ese minuto fue la eternidad
 Ese minuto fue toda una vida
 una vida completa y cerrada
 una vida y también una muerte

Luego, un minuto o mil años después
te habrás levantado y habrás salido
como un autómata, con una mano en el ala
del sombrero, con paso displicente
por la puerta de Bartolome Mitre

Y mientras caminabas
una dos o tres cuadras después
justo cuando te distrajo un niño
una flor una paloma el ruido del viento
o la imagen de tu amada América

fue que escuchaste el terrible
(terrible pero justiciero)
sonido de la explosión
que demolía paredes
vidas billetes intereses
pronto comenzarían
a sonar las sirenas

Cajas Chinas

"¡Oh brillante princesa! ¿por qué dejar esa ventana abierta a la noche?" 

Edgar Allan Poe


Te siento respirar
lejos de tu lugar
hoy tuve un sueño con vos
que locos eramos los dos
en los buenos tiempos

Charly Garcia



- Que raro vos conectada a esta hora - dijo Sebastian.
- ¿que tiene de raro? - dijo ella.
- Que generalmente, la gente a esta hora duerme - le respondio Sebastian.
- ¿y quien te dice que yo no duermo? - tecleo ella, misteriosa e innacesible.
- La unica forma es que seas una bloggera sonambula - le respondio, Ironico.
- Soy una viajera insomne - disparo ella oracularmente. - ¿y vos?
- ¿y yo que? - pregunto Sebastian.
- Generalmente a a esta hora la gente duerme - devolvio ella.
- ¿y quien te dice que yo soy gente? - le dijo Sebastian, sonriendo desde la oscuridad, apoyando la barbilla en una mano. Bien podia escribir con una mano.
- ¿y que sos entonces? - le pregunto ella, escribiendo con las dos manos.
- Soy la sombra del viajero - dijo Sebastian, y del otro lado ella sonrio.
- Soy el sueño que sueña el sueño de alguien - dijo Sebastian, y ella carcajeo en la oscuridad, rompiendo un silencio de relojes que hacian tictactictactictac.
- Soy un personaje de la bloggera insomne - dijo Sebastian, por tercera vez. Ella dejo de sonreir y al tiempo que alargaba los largos y palidos dedos hacia la taza de cafe, dio unos reflexivos golpeteos sobre la mesa con los dedos de la otra mano.
- Es muy posible que lo seas - le confeso.
- Si es asi, deberias saber como me llamo - la desafio Sebastian.
- Tu verdadero nombre es Kubla Khan - arriesgo ella.
- Solo existes en el sueño del conejo - volvio a arriesgar ella.
- Tu numero es 1797 - sentencio ella, por vez tercera.
- Arriesgasteis demasiado - dijo Kubla Khan. Y luego dijo: Yo conozco tu nombre: Christabell.
Ella inicio el gesto, casi automatico, de pasarse la mano por el pelo. Guardo silencio.
- Tu apodo es "la durmiente" - le escribio Kubla Khan. Y espero.
En la oscuridad de su cuarto, Christabell cambio su pelo de negro a rubio, luego a plateado, luego a gris ceniza, luego nuevamente a negro. Tarareo una cancioncita, como meditando la proxima movida del juego. Entonces escribio.
- ¿mi numero? - dijo.
- 1831 - respondio Kubla Khan. Pero lo dijo de este modo:


1
8
3
1
- ¿no te parece que mi apodo es una ridiculez? - le pregunto ella.
- Completamente ridiculo para un vampiro - dijo el, puesto que los vampiros jamas duermen. Al pensar en la palabra "vampiro", Kubla Khan se llevo instintivamente la mano a su dorada Cimitarra. Las estrellas brillaban sobre el plateado cielo de Xanadu, que era el centro del mundo. Pero en algun sitio del basto universo, la bloggera insomne, el vampiro Christabell, existia de un modo amenazante.
- Solamente quiero sentarme en mi sillon y sufrir los problemas ajenos - Dijo entonces ella - No quiero involucrarme.
- Una vez que se pulsa el boton de "Start", el motor se pone en marcha y los atomos giran, de una vez y para siempre - se lamento Kubla Khan.
- Entonces se pierde el inicio, el momento de inicio y hasta el boton de "Start" - completo Christabell.
- Y despues no se puede dormir... -se lamento Christabell- Pero vos, ¿por que no dormis?
- No duermo porque estoy demasiado cansado, cansado hasta de mis sueños - respondio Kubla Khan.
- Me gustaria dejar de ser - dijo entonces Christabell. Y luego se sorprendio de haberlo dicho. Hacia mucho frio en el castillo. El viento gelido se colaba por las derruidas paredes de la torre. Lo unico bueno de esa torre era la excelente cobertura de señal.
La declaracion provoco sorpresa y estupor en el incredulo Kubla Khan, que medito un rato antes de volver a escribirle.
- Toda cosa que cambia deja de ser lo que era antes - dijo Kubla Khan, con obvia intencion de ayudarla.
- Ya se - comprendio ella - Invirtamos los papeles entonces: yo soy una creacion de la sombra del viajero.
- Lucia Febrero - dijo Kubla Khan.
- La novia olvidada - suspiro Lucia, perdiendose entre contemplaciones celestes.
- el compas cosmico, la plomada universal, el gran metro - recito un emocionado Kubla Khan.
- Mi cara es el orden geometrico de la creacion. - Dijo Lucia
- Mi cuerpo es el anhelo de absoluto - volvio a decir Lucia.
- Mi belleza es la cara sensible del ser - Dijo nuevamente Lucia, y sintio clavar un clavo bien remachado.
- El sentido de tu vida es purgar a la creacion de la anticreacion - continuo Kubla Khan.
- Recuperar el equilibrio, mueran los Peronistas, Mueran los Radicales - Exclamo Lucia.
- ¡Mueran todos! - Bramo Kubla Khan, y desenvainando la Cimitarra, dio un par de sablazos al aire.
- Soy increible para los ciegos y evidente para los hijos de la luz - dijo Lucia.
- Reconstruir las bases de la sociedad dinamitando las casas de los ricos - continuaba un euforico Kubla Khan.
- En algun mundo, en alguna ciudad, en algun barrio, en alguna calle, tras alguna puerta, en algun cuartito, esta la verdad - precognizo Lucia.
- La superioridad moral del guerrillero se encarna en lo certero de sus balaceras - rabiaba Kubla Khan, poseido por las Erineas.
- Solo los elegidos llegan al final del sagrado alambique - dijo Lucia.
El guerrillero urbano difiere radicalmente de los delincuentes. El delincuente se beneficia personalmente de sus acciones y ataca indiscriminadamente a los explotados y a los explotadores - dijo el.
- El amor es una bandada de palomas - dijo Lucia, resplandeciente como una salamandra.
- El revolucionario es un enemigo implacable de este mundo. Si continua viviendo, es para destruirlo. - dijo Verjovenski
- La voluntad es un fiero Leon - dijo Lucia.
- Su meta es una sola: la destruccion segura de este sistema asqueroso - dijo Verjovenski
- La eternidad es asomar la cabeza por encima del alambrado - Dijo Lucia, guiñandole un ojo a Verjovenski. Ahora estaban en un tunel y como frente a frente. Verjovenski podia ver a la chica pelirroja en el centro de una habitacion que era el centro de un laberinto, y Lucia podia ver las pupilas negras y delirantes de un estudiante en una mugrosa buhardilla de Moscu.
- Todo lo que obstruye la revolucion es criminal - dijo el, y se levanto de su silla.
- No es posible ni la creacion ni la destruccion, el cambio oculta la verdadera permanencia de los elementos - le retruco ella, casi dormida.
Verjovenski iba a dar un segundo paso al frente cuando una repentina baja en el servicio de internet por cable coaxil lo expulso violentamente del tunel en donde compartia espacio y tiempo con Lucia, la bloggera insomne. 
Algo desilusionado, Sebastian se incorporo en su silla. El te ya estaba frio. El sol, palido y como haciendo esfuerzo, le llegaba desde la ventana desde un cielo nublado. Sebastian suspiro y espero: la conexion regresaria de un momento a otro.

5 jul. 2017

Instantanea de un Miercoles o un Jueves en Coroico

El sol se reflejaba en el agua. La superficie, espejo cristalino, reicibia la luz dibujando con parsimonia extrañas formas. Cosas como globos o telarañas, o mas bien redes. Flotaban en su superficie y también debajo.
El cielo era de un celeste palido, blancuzco, y daba la impresión de estar terriblemente cerca. Al alcanze de una pedrada. No habia mas sonido que el del viento, muy escazo, y que el de la musica de fondo, que variaba entre salsa y merengue.
En el fondo, asomando por detras y por arriba del muro rojo que, cual si fuese el Eden, cercaba el complejo, se veia la selva. La selva o al menos una arboleda furiosa y verde que era su comienzo, que al menos era el monte. De entre la marejada de verde, sobresalían tres o cuatro palmeras antediluvianas, que completaban el extraño paisaje.
Si levantaba un poco la vista del agua, veia un espectaculo bastante menos interesante: mis pies. Esas cosas largas y llenas de tendones, que pasan por normales pero que se le antojarian horribles a un conejo o a un arbol. Mis pies: En apariencia, completamente normales. El izquierdo, con una cicatriz entre el dedo mas chico y el que lo sigue y habilidad nula para el manejo de una numero 5. El derecho, con una uña renacida hace poco. No hay mucho para decir de mis pies. De mis piernas creo que tampoco. Tengo las pantorrillas algo flojas, pero dentro de todo se mantienen. Las rodilllas tienen, pobrecitas, restos del mapa que supieron ser en mi niñez (todo chico que se precie un poco a si mismo tiene un mapa en cada rodilla). De las rodillas para arriba, la cosa mejora un poco. Mis casi dos años de basquet en Platense me habian dejado unos cuadrices y unos biceps medianamente formados, que de todos modos eran algo asi como la sombra de la idea platonica de Bicep o Cuadricep que siempre vemos en los Atlas del cuerpo humano.
Forzando un poco la vista y sin mover la cabeza, podia ver el comienzo de mis bermudas, que a falta de unas verdaderas bermudas, de digamos unas bermudas pura cepa, eran en realidad unos short blancos de futbol.
Si me decidia a mirar a mi derecha, lo primero que saltaba a la vista era mi brazo, flaco y nudoso, poderosamente bronceado, como casi toda la parte de mi cuerpo de la cintura para arriba. Se me estaba dando bien imitar el color de los locales. A eso contribuian mi oscuridad natural y mi completo desden por los bloqueadores solares y demas cremas que considero indignas de un descendiente (si bien uno lejano) de los valerosos griegos Jonicos. Esas cremas y lociones se las dejo al maricon postmoderno. Mi brazo derecho: sin señar particulares. Una pulsera de hilo de cera en la muñeca, dos anillos en la mano, uno de acero y uno de dudosa alpaca.
Si, en cambio, me decidia a mirar a mi izquierda, mi linea de vision pasaba por alto la obviedad de mi otro brazo para ocuparse de los ojos cerrados de Nadine.
Estabamos como en alguna postal dominicana o Cubana. Sentados y casi acostados en unas largos camastros de madera, que en filas de cinco se agrupaban a lo largo de la piscina.
El mundo giraba sobre nosotros, y nosotros girabamos sobre el mundo. El mundo giraba porque asi lo requeria la naturaleza de las cosas, y nosotros girabamos mitad porque habiamos hecho cincuenta kilometros de bicicleta en plena montaña, y mitad porque despues de haberlos hecho habiamos estado nadando y tomando cervezas sin parar, una atras de otra.
Habiamos vuelto al modelo geocentrico. El cuerpo era una piedra y el resto del universo giraba a nuestro alrededor, del mismo modo que giran los serafines, querubines y potencias alrededor del trono de dios. Aqui y ahora el trono era una piscina en un complejito en el borde de la selva de Coroico, y dios eramos Nadine y yo; Y tambien las dos botellas de paceña que todavia sobrevivian.
Ahora mismo, o mas tarde, me iba a demorar en el resto de Nadine. Iba o voy a pasar de sus ojos cerrados a su pelo muy rubio y todavia mojado, de sus parpados llenos de sol a la expresion desafiante a la vez que relajada de su boca. De su bañador negro de dos minusculas piezas a su cintura o a sus largas piernas de amazona. Pero todavia no. Aun quiero quedarme un rato mas en esta sensacion, sintiendo girar el mundo, experimentando como todos los ruidos, pensamientos, dias pasados y futuros se alejan y se diluyen, dejando solamente este presente; Este presente que ni siquiera es presente, que es apenas un momento o ni siquiera eso: un atomo, una particula de existencia. Ahora, en este infimo instante en el que se detiene el tiempo, soy como Zarathustra durmiendo bajo el arbol. Lo estoy soñando a Zarathustra mismo, asi como el gran Kahn lo soñaba a Marco Polo. Y quien sabe, quien sabe con certeza si Zarathustra no habra soñado, bajo su arbol, con un Agentino que tomaba cerveza en Coroico con una Brasilera.

En algun momento, tal vez mañana, tal vez dentro de un año, pero seguramente en el segundo siguiente o en el proximo, todo volvera a comenzar. Alguien se tirara a la pileta y su estallido me sacara de esto. Alguien pedira mas cerveza. Los alemanes nos invitaran a un estupido concurso de algo, y seguramente diremos que no. O tal vez Nadine abrira los ojos y dira cualquier cosa, y yo por supuesto pretendere escuchar lo que me dice y claro que respondere lo que sea que me encamine a seguirle el juego.

Pero aun no, todavia no. Aun quiero quedarme un poco mas en esta sensacion. Quiero sentir un tiempo mas el tecleo de la maquina, el calor de la estufa y la placida sensacion de las pantuflas en los pies. Quiero atisbar el piso de madera, demorarme aun un poco en la demente carrera mistica de los fraseos de John Coltrane, mientras escribo imaginando la piscina y el sol sobre Nadine; y al mismo tiempo alargo mi brazo para servirme un poco mas de Paceña, diciendole a Nadine que su español es una maravilla, mientras me imagino a mi mismo escribiendolo, siempre escribiendolo todo.

30 jun. 2017

17

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Strike One:

Mira Perez -había dicho Leinmann- es solo una reducción de costos operativos, la decisión la tomo la gerencia general-. Perez, que bien podía llamarse Lopez o Gonzales, que sabia que no se podía hacer nada, había preguntado si no se podía hacer nada de todos modos, a lo que Leinmann le había dicho que no, que no había nada que hacer, que ese mes que estaba por terminar iba a ser el ultimo, y que pasara al final de la semana por Recursos Humanos a charlar lo de la liquidación final.
Perez y Leinmann se habían dado la mano, y eso había sido toda la reunión. Cinco Minutos. Diez años de trabajo resumidos y finiquitados en cinco minutos. A razón de dos años por minuto. No había que dudarlo: Leinmann era un fenómeno. Con algo de resentimiento, Perez no pudo evitar agregar que mas que un fenómeno era "todo un Judio, un judío en buena ley, que le hacia honor al apellido y a la raza".  Claro que el jefe, Silberman, era también un judio, un judio Sefardi, pero un judío a fin de cuentas. Entonces Perez, que era descendiente de gallegos pero no por eso bruto, dudo. Perez nunca pensaba mal del jefe. El jefe por algo era el jefe, y si el jefe había tomado la decisión de cerrar el departamento entero para ahorrar costos, entonces el jefe sabia lo que hacia. Era mala suerte, no le gustaba nada, pero entendía que era necesario. Y si era necesario, ¿como podia ser injusto? Con este ultimo pensamiento, Perez remato la cuestión. Se puso el saco y tomo el ascensor. Eran las cinco menos diez. El salia a las seis, pero dado que era su ultima semana de su ultimo mes de su ultimo año, ultimo año de diez de salir siempre a horario, ¿que podía pasarle?
Perez no había llevado ese dia el auto. Los Viernes eran especialmente caoticos en el centro de la ciudad. Uno podia tardar el doble, a veces hasta el triple, si cometia el error de ir en auto un Viernes. Tenia pensado volver en el subte pero, ¡que diablos!, si era su anteultimo viernes, bien podia tomarse un taxi hasta casa. Perez, que creia estar a las mil maravillas, no habia notado que su despido lo habia afectado al menos un poco. De haberlo sabido, habria notado que tomar un taxi es basicamente lo mismo que volver en auto.
Como Perez ni leia ni escuchaba musica, se aburrio bastante en el viaje de vuelta, que termino costandole una hora y media y 350 pesos cash.
Al llegar a la puerta del edificio de departamentos, clon exacto de los 20 edificios identicos que poblaban la cuadra, y donde el y su mujer Noemi ocupaban el 17c, Perez se dio cuenta de que no tenia las llaves. Estupidamente, se giro para mirar el lugar vacio donde hacia 2 minutos habia estado el taxi. Pero acaso, ¿era seguro que se le habian caido en el taxi? No. Siempre llevaba la llave en el bolsillo interno del saco, invariablemente. Y era imposible que se cayese de ahi. Por consiguiente, la llave deberia estar todavia en el pequeño portallaves de su cubiculo, es decir, en la oficina. Claro como el sol del mediodia. Algo fastidiado por la incompetencia - que no era nada habitual en el ahora habil ex-coordinador de relaciones publicas - Perez se rasco la cabeza. ¿Deberia volver a la oficina a buscar la llave? Si no volvia, iba a estar sin llave hasta el lunes. Pero, maldicion, eran pocas y casi nulas las ganas que tenia de volver. Eran casi las siete de la tarde. Es cierto que los Viernes el solia quedarse casi hasta las ocho en la oficina, pero una cosa era quedarse planificando la grilla o revisando los audios de telemarketing y otra cosa era bancarse el trafico de la ciudad un viernes en hora pico. Si volvia ahora, iba a llegar a su casa a las nueve y pico de la noche. Es cierto que con la llave, pero casi a las diez de la noche. Era un fastidio. Preferia pasarse el fin de semana dependiendo de la llave de Noemi que hacer ese ida y vuelta en taxi.
En estas cavilaciones estaba Perez cuando se abrio la puerta de su edificio. Una vecina habia salido a sacar la basura, y Perez aprovecho la oportunidad para entrar sin tener que hacer bajar a Noemi. Iba a ser divertido golpear directamente la puerta del departamento. Hasta podia hacerse pasar por el portero. De cualquier modo, Noemi debia estar en casa a estas horas. Y si aun no habia llegado, siempre estaba la posibilidad de esperarla en el pasillo o de ir a molestar a el portero, que deberia tener una llave maestra o al menos una copia o el telefono de algun cerrajero cercano. De algun modo, a Perez le gusto la sensacion de llegar a casa tan temprano. Esto fue lo ultimo que penso antes de subir al ascensor y tocar el botoncito con el numero 17.

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Strike Two:

Perez escucho el ruido desde afuera, casi desde el pasillo. Seguía pensando en la llave y en la broma de hacerse pasar por el portero, casi como un ejercicio mental. Sabia que no iba a hacer la broma, era malo para esas cosas. Cuando llego a la puerta, tuvo aun el gesto de llevarse la mano derecha al bolsillo izquierdo superior del saco, solo para sonreír: claro, pero que estúpido, si no tengo la llave. Y entonces escucho el ruido, o tomo conciencia de que lo escuchaba. Un chirrido acompasado, como el que haria una hamaca de plaza poco aceitada. Se detuvo antes de golpear la puerta y, por un segundo, repaso su inventario mental de ruidos del departamento 17c. Su buscador no encontró coincidencias. No obstante, lo invadió una vaga aprensión, un extraño sentimiento de malestar. Le extraño el cambio de humor. En vez de golpear la puerta, como tenia pensado, Perez toco el timbre de su propia casa. Se le habian pasado las ganas de hacer chistes.
Toco el timbre y espero. No hubo respuesta. Espero 20 segundos y, con paciencia, volvio a tocar, tres veces seguidas.  Entonces la hamaca se detuvo. Perez espero y volvio a tocar, ahora en tres prolongados timbrez largos, que denotaban impaciencia. Y estaba a punto de ir a buscar al portero cuando le parecio escuchar sonidos apagados que venian de adentro.
- Ah, entonces hay alguien - dijo o penso Perez casi maquinalmente. Y espero. Al cabo de un minuto, escucho del otro lado la voz de Noemi, preguntando naturalmente "¿Quien es?" Perez sencillamente contesto que se habia olvidado las llaves. Y penso que era fantastico que el cerebro humano pudiese reconocer las voces tan facilmente. No existia software de deteccion de voz que identificara tan bien y tan rapido una voz que el cerebro humano.
- Ah... bueno, espera que ya te abro - le dijo Noemi.- Naturalmente, Perez espero. Y aunque estaba, sin saberlo, bastante atontado por la noticia de su despido, no pudo dejar de notar que Noemi estaba tardando unos increibles casi cinco minutos en encontrar la llave, cosa rara si uno pensaba que la llave estaba casi siempre en el portallaves justo al lado de la puerta, o que a lo sumo podia estar sobre la mesa, o en la mesita de luz, o sobre el sofa. Impaciente, Perez toco el timbre de vuelta.
- ¿y che, sale o no sale esa pizza? - le espeto a su despistada mujer, sintiendose cansado por primera vez en el dia. Habia sido un dia no muy bueno, pero ya casi llegaba a su fin, o al menos, eso pensaba Perez.
- Ya te abro, espera - le contesto Noemi del otro lado. Perez noto que la voz de su mujer sonaba ausente, como si en vez de estar al otro lado de la puerta le estuviese hablando por telefono desde Dinamarca o desde el Polo Norte.
Cuando la puerta se abrio, al cabo de unos dos minutos mas, Perez tuvo un momento de confusión; Porque por un momento, en el lugar en donde tenia que estar la cara de su mujer, con ojos cafe y pelo castaño, esa cara mas ancha que larga, que le recordaba a veces a un perro pequines y otras veces a las tipicas hawaianas de Honolulu, le parecio ver la cara de un chico rubio y palido.
La confusion se transformo en sorpresa cuando ese segundo paso y Perez se dio cuenta de que efectivamente habia un muchacho rubio que mas que ser palido, estaba palido. Sin decir una palabra, y sin hacer otra cosa que un leve movimiento de cabeza, que Perez no pudo identificar como un saludo, como una disculpa o como sencillamente un gesto que reconocia su existencia, el chico, pues era poco mas que un muchacho de unos veinte años, salio caminando y desaparecio por las escaleras. Justo cuando se cerraba la puerta de estas, Perez pudo ver como el muchacho se calzaba una estupida gorra de algun equipo de la NBA. Perez entro y cerro la puerta, aun confuso, barajando entre su cansancio todo un malabarismo de posibilidades (aun cuando sabia que de un segundo a otro Noemi le diria que era un compañero del curso de Ingles o de la facultad o el nuevo cadete del estudio) cuando de repente se detuvo. Estaba a medio gesto de sacarse el saco. Todavia tenia una manga puesta. La otra, junto con la mitad de la espalda del saco, habia quedado colgando.
Perez, que bien podria haberse llamado Gutierrez o Sanchez (porque todos los gallegos se llaman mas o menos igual, era sabido), tuvo una revelacion. Y como todas las revelaciones, habia sido rapida y fulminante: Ya habia identificado ese ruido: Era algo que se movia, pero no una hamaca.


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Strike 3

Lo que ocurrio a continuacion se desarrollo de una manera tan rapida que Perez casi no tuvo tiempo para pensar. Solo mas tarde, mirando como un auriga la borra del pocillo de cafe que tenia en frente, pudo ver la secuencia entera una y otra vez.
El chico rubio saliendo y bajando por las escaleras, el entrando y cerrando la puerta de su casa, Noemi sentada en la mesa, novedosamente palida y fumando un cigarrillo, la pregunta mas retorica que necesaria, la ya sabida respuesta (pensándolo bien, era la segunda pregunta retorica y la segunda respuesta sabida que hacia y recibía en el día) la larga explicación de Noemi, que el escucho o mas bien no escucho: si, el chico era efectivamente algo mas que un adolescente, si, el chico era el compañero de algo o el amigo de alguien, y si, se habían estado viendo y habían estado cogiendo como conejos, bueyes, salamandras, martillos neumaticos o como lo que sea, claro que esto no lo dijo Noemi sino que lo penso el, Perez. Luego Perez notando que si el chico habia bajado era porque tenia llave, negativa de Noemi, Perez bajando las escaleras con la esperanza de hallar al infractor, desilusion o mas bien tranquilidad al no encontrarlo, vuelta al departamento, mas explicaciones y, ¿como era posible? también recriminaciones y firuletes oratorios de Noemi, que oscilaba entre la autojustificacion y el arrepentimiento. Perez recordaba que se había mantenido en silencio durante casi toda la charla, casi como si no le interesase el asunto o como si le estuviera ocurriendo a otro, no a el, sino a su vecino o al señor del kiosko de diarios. Tambien recordaba una cosa curiosa: durante toda la charla, y casi desde que entro al departamento, Perez no habia dejado de pensar en sus llaves. ¿no era gracioso, casi ridiculo? Lo habian despedido, su mujer lo habia cagado con un pendejo que apenas habia aprendido a dejar de cagarse encima, y el dale y quetedale pensar en sus llaves, en como habia sido tan boludo de haberse olvidado las llaves, y en que era un fastidio tener que pasarse todo el fin de semana pidiendole a Noemi que le abriera y le bajase a abrir.
Bueno - pensaba Perez mas tarde, frente a su cafe - al menos ahora eso no iba a ser un problema.
¿que habia pasado despues? Perez habia ido al cuarto, habia visto la cama mal hecha, habia esbozado una sonrisa sarcastica y le habia dado una patada a la cama, arrancado la colcha y, en fin, hecho un desastre en la habitacion. Recuerda que se lamento de no haber tenido un hacha o algo parecido.
Luego había vuelto al comedor, esperando ver la reacción de Noemi. Para su sorpresa, ella seguía sentada a la mesa, fumando un cigarrillo tras otro. Era como si a ella tampoco le importase, como si toda la escena fuese para ambos una de las aburridas peliculas que solian ver los domingos a la tarde, cuando no habia otra cosa que hacer. Peliculas que se miraban casi sin prestarles atencion.
En algun momento, no sabia cuando, se habia hecho silencio entre ambos. Noemi habia quedado sentada en la misma silla del principio, y el, Perez, en el sofa. En algun momento Noemi se habia levantado y le habia dicho "Me voy a acostar, decime en algun momento que es lo que vas a hacer", y luego fue y se acosto como si nada. Perez se habia levantado, dispuesto a seguirla y a decirle... a decirle no sabia que, pero algo. Pero, inexplicablemente, hizo otra cosa. Sencillamente apago la luz del comedor y volvio a sentarse en el sofa. Se quedo en la oscuridad un tiempo, y entonces maquinalmente se levanto, agarro las llaves de Noemi y salio del edificio.
Y ahora estaba ahi, a las 12 de la noche, tomando un Cafe enfrente del obelisco. Aunque para ser sinceros, no lo estaba tomando en absoluto. Solo se limitaba a mirarlo, a mirarlo y a repasar la escena una y otra vez. Primero subia en ascensor, luego tocaba el timbre varias veces, luego salia el chico, rubio y muy joven, casi un adolescente, luego entraba y se sacaba el saco, luego....


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Batter Out!

A la una y algo de la mañana, Perez tuvo una idea estupida: Iba a ir a recuperar sus llaves. Como coordinador que era, tenia tarjeta de acceso 7x24, lo que significaba que podia entrar a la empresa cualquier dia a cualquier hora... con cualquiera. Perez tuvo otra idea estupida. Sonrio sarcasticamente, por segunda vez en el dia. Llamo al mozo y le dijo que se llevase el cafe. Y no, no queria la cuenta. Queria una cerveza. Mas tarde se tomaria varias mas, y despues un Whisky. Salud. No todos los dias lo liquidan a uno.
Mientras tomaba y miraba pasar la gente, Perez comenzo a sentir un odio inexplicable. No hacia Noemi, tampoco hacia el muchacho. No hacia Silberman, su jefe judio que habia decidido mandar a tomar por culo a todo su departamento, el incluido, y tampoco hacia Leinnmann, aquel otro semita chupa culos del jefe, mas chupaculo imposible, incluso mas que el mismo. El odio era para todos y para nadie. Simplemente odio. Odio y ganas de tener un hacha o una pistola automatica. 
Perez lo penso un poco mas: ¿no era acaso odio a que el mundo siguiera girando? Es decir, a uno le podian liquidar 10 años de carrera en cinco minutos, era increible. Tambien era increible, incluso mas, que a uno le pudieran liquidar 15 años de relacion (¡5 de matrimonio incluidos, señores, en esa oferta increible!) en otros cinco minutos. Era asi de facil. Lo unico que hacia falta eran un jefe judio y un pendejo rubio. El resto era coser y cantar. Y lo mas increible de todo era que al mundo entero le importase un rabano. Lo increible era que el, Perez, pudiera estar tan tranquilo, solo dos horas despues, tomandose una cerveza en el centro, y no incendiando la oficina o descuartizando a la puta de su mujer. Bueno - penso Perez - a lo mejor estoy loco, a lo mejor ya lo estaba antes de esto.
En ultima instancia, no importaba. Lo importante ahora era unirse a las ligas neonazis y matar a Leinmann, a Silbermann y ya que estamos a todos los judios posibles, a los judios y tambien a las chicas de cara mas ancha que larga y de pelo y ojos castaños. A todas las Hawaianas y a todas las que se parezcan. Y por si acaso, tambien habria que acabar con los chicos rubios con gorras de la NBA.
A eso de las tres y monedas, Perez pago la cuenta y salio del cafe con un leve tambaleo. No acostumbraba a tomar, o al menos no tanto como esa noche. Para esa hora, el Perez coordinador felizmente casado del dia anterior estaria durmiendo, soñando ya con los desafios del dia siguiente. El Perez actual, de situacion laboral y sentimental dudosa e incierta, caminaba medio borracho por Avenida 9 de Julio. 
Luego de caminar dos o tres cuadras, Perez se recupero un poco. Ya caminaba derecho, pero en su cabeza habia varias ideas que daban vueltas. Una de ellas tenia mas fuerza que el resto. Y era la de que ese dia habia tenido algo raro. El hacia siempre las cosas bien. Porque cuando uno hacia las cosas bien, las cosas te llevaban a buen termino. La escalera o sube o baja, las vias van siempre a una estacion. De alguna manera, Perez sospechaba que el habia tenido la culpa. No habia estado a la altura. Lo primero de todo era salir temprano. Esta bien, lo iban a despedir pero... ¿acaso lo habian despedido ya? ¿que sabia el si Silberman no tenia pensado en su fuero interno trasladarlo a otro sector? No era imposible. Pero el se habia ido temprano. ¿que pretendia al irse casi una hora antes? Era el coordinador, el que tenia que dar el ejemplo, marcar el paso. Irse temprano justo el dia en que lo despedian era, si no un acto de rebeldia inutil, aceptar que la batalla estaba perdida. Lo segundo, que habia terminado por ser fatal, habia sido olvidarse la llave. Era consecuencia de salir temprano. Le habian truncado su ritmo habitual, con ese despido, y de ahi todo habia salido mal. De algun modo oscuro que no podia comprender, pero que intuia con una seguridad ferrea, sabia que Silberman y Leinmann eran los culpables del final de su relacion con Noemi. No tenia ningun sentido, pero asi era, asi era por mas que intentara negarlo. Y por ultimo, la frutilla del postre habia sido la estupidez, ahora lo veia claro, de tomarse un taxi. Todas y cada una de esas decisiones lo habian llevado a ese desenlace ridiculo, increible, absurdo. Si hubiese llegado una hora antes o una hora despues, entonces estaria durmiendo en su cama, tal vez pensando una forma para quedarse en la empresa No tenia sentido. Y si lo pensaba bien, el tema del chiste y de subir directamente, sin tocar timbre... aunque es cierto, se decia Perez, que era su propia casa, y que tocar timbre hubiera sido mas bien raro, pero... pero al menos si tocaba timbre le hubiera dado a Noemi la posibilidad de hacer desaparecer al rubio como por arte de magia. Perez comprendio, un poco molesto consigo mismo, que le molestaba el hecho de haberse enterado casi tanto como las guampas en si. Porque una cosa es ser guampudo y no saberlo - sentenciaba Perez mientras estaba llegando a Cordoba - y otra muy diferente es serlo a sabiendas. 
Cuando llego a la altura de Avenida Cordoba, Perez doblo para el lado de Callao. Andaba cabizbajo y con las manos dentro del sobretodo. Sonreia. Y bueno - penso para si - si hoy andamos con la mira torcida, entonces disparemos hasta pegarle a algo.


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New Hitter

Sobre Cordoba, casi esquina Montevideo, Perez encontro lo que buscaba. La chica se refugiaba del viento en un viejo portal. Perez se detuvo pretendiendo prender un pucho, y la observo. Era una morocha bastante linda para la zona. casi 1 60, pelo largo y negro, buen culo enfundado por unos jeans tipo chupin. Campera de cuero sobre camisa de Jean. A Perez le gusto el aire Rockabilly de la chica, y decidio que era esa. No le importo quedarse con la primera que viese. De cualquier modo, no era como si se fuese a casar con ella. Y si se casaba, al menos ya sabia con que se estaba casando. No iba a andar tropezandose con la misma piedra, no señor.
Para sorpresa de Perez, la cosa fue facil. El pregunto el precio, ella respondio, Perez le agrego una buena suma, y le dijo con aire indiferente que iban a ir a un sitio de su eleccion. La chica acepto sin problemas, solamente pregunto la zona. Cuando se entero que era en el centro y que Perez le pagaba en taxi de vuelta, no puso mas objecciones. Caminaron casi sin hablar por Cordoba esperando un taxi, puesto que hacia demasiado frio para esperarlo parados. En el camino, Perez compro dos cervezas y una inmunda petaca de alguna porqueria bien graduada. Apenas pisaron Callao aparecio un taxi como caido del cielo.
Llegaron a destino a los 10 minutos. A las 3 de la mañana las calles del centro son un maravilloso desierto para los conductores. Cuando se dio cuenta adonde entraban, la chica lo miro a Perez, extrañada. Perez la tomo del brazo y siguio hacia la entrada.
- ¿estas seguro que podemos entrar aca? ¿no seras algun loco vos, no? - le pregunto ella, aminorando la marcha.
- Claro que puedo entrar - le contesto con fingido aplomo - yo soy practicamente el dueño, nena - vos nada mas pone cara de que sos cualquier cosa menos lo que ya sabes.
- Mira que yo no quiero lios o cosas raras- volvio a atajarse la chica. - al primer problema me voy - agrego.
- No va a haber ningun problema mientras me sigas el juego - le contesto friamente Perez - Ahora callate y ganate el sueldo.
Perez paso la tarjeta una vez, e hizo pasar rapido a la chica. Volvio a pasarla y entro. Los muchachos de seguridad hacian turnos nocturnos. Ese dia estaba Esteban. Perez sonrio. No iba a haber problemas. Esteban le debia unas cuantas. Cuando pasaron por el molinete que iba a los asensores, Perez se limito a mirarlo y sonriendole le dijo - una menos, ¿no?
Sin dudarlo, Perez subio al asensor, y la chica atras suyo. Toco el piso 17. Justo como el de su casa. Se ve que era un dia lleno de conexiones rarisimas.
Al salir del asensor, Perez le paso la mano por la cintura a morocha. Mientras caminaban, la mano se fue deslizando hasta quedar bien agarrada al culo de la chica. Perez la guio al ala este. Una vez ahi, primer pasillo, casi al fondo. Se detuvieron en la oficina que semejaba una gran pescera, con sus paredes de vidrio trasparente. La puerta de madera tenia una pequeña placa en dorado que rezaba: Federico H. Leinmann, Chief executive officer. Perez empujo suavemente la puerta que Leinmann siempre dejaba sin llave, porque dejar sin llave las puertas era una demostracion tanto de poder como de confianza en sus empleados. 
- Adelante señorita - le indico Perez. La chica entro, y Perez entro tras ella. 
Una vez que terminasen, iria sin falta a su cubiculo a buscar su llave.



29 jun. 2017

Paseo

Cuando me quise dar cuenta, estaba de vuelta en la calle. En las calles, plural, para ser preciso. Estar en una calle es una cosa, estar en las calles, otra. Uno entiende que una calle no es una calle, que no es un segmento numerado que viene de un lado y va al otro, sino que cada calle es una pequeña parte del circuito, de un circuito cerrado y con vida propia, que no conduce a ningun lado mas que a si misma. Las calles.
Y ahi estaba yo, recorriendo las rectas y chocando contra las curvas, como un furioso globulo blanco o como el plateado y reluciente ruleman de un flipper. Un banco de plaza, campanillas electronicas. Un bar de estacion, lucecitas de led. El gran Flipper del peregrino urbano.
Caminaba furiosamente, persiguiendo mi sombra o perseguido por ella. No queria saber nada, no queria tener mas nada, no queria ser nadie mas.
Gozo del movimiento o fastidio de la quietud, Caminaba.
Atravesaba Cafes, Cafetines, Señoras Cafeterias, Confiterias, Pattiseries.
Atravesaba Restaurantes, Ristorantes, Restaurants, Fondas, Fondones, Galpones, Sucuchos, Bodegas, Bodegones, Puestos de panchos y hamburguesas, Fast Food's, Franquicias.
Evadia puestos de garrapiñadas, tarjeteros de telefonia celular, de stand up's, de shows teatrales, de prostibulos.
Recorria galerias, calles, pasajes, avenidas, peatonales, calles de adoquines, biciendas, paseos, boulevares.
Circundaba plazas, plazitas, parques, parquecitos, Baldios, Jardines, meros espacios verdes sin denominacion.
Exploraba Iglesias, Catedrales, Basiliscas, Casas de Putas, tiendas de Antiguedades, disquerias llenas de polvo, Librerias Babilonicas.
Conversaba con Mozos, con gente de la calle, con extranjeros desorientados, con agentes de Bolsa, con perros y gatos, y sobretodo con borrachos.
Perseguia discretamente a gente con sobretodos grises o verdes, a ancianos de boina, a Judios Ortodoxos por la zona de Balvanera, a cualquier Japones o Japonesa en Microcentro, a lindas pelirrojas donde sea que las encontrase.
Y donde sea que estuviese, en la cama o en mi casa o muerto, estaba en la calle, siempre en la calle. Pinball. Tilt tilt tilt. Como dijo Perec: Puedes jugar o no jugar, pero no puedes salvarte del tilt.
Me perseguian la noche, las callejuelas oscuras, las palomas, los vendedores ambulantes de medias y calzoncillos, los testigos de jehova, los militantes de greenpeace, las vendedoras de tarjeta shopping.
Me evadian los dias de mucho calor, los viernes a hora pico, la gente que come en los restaurantes de puerto madero o en Rond Point, los billetes de 500 pesos, los idiotas que compran libros de Pilar Sordo o de Paulo Coelho o de Rhonda Byrne.
Se me repetian insesantemente: En las disquerias, "20/10" de Nito Mestre. En las Librerias: "La cartuja de Parma" de Sthendal. En las iglesias, las estatuas de San Jose y el Niño. En las tiendas de antiguedades, los sables del ejercito argentino.
Nunca aparecian: En las disquerias, "Bubu" de Anabelas. En las librerias, "Lilith" de George MacDonald. En las iglesias, iconos de Adan y Eva. En las tiendas de antiguedades, los gramofonos Victor. En los puterios, las asiaticas.
Virulear y virulear el asfalto de las calles y el concreto de las veredas, hasta que ceden los zapatos o cede el terreno. Un cafe o un porron de cerveza, el refugio de un diario o de un libro o de una vereda llena de gente que siempre corre, que corre como por una cinta mecanica, que corre como la sangre por las venas, como los productos por la banda de caja, y asi y asa.
Y a veces, muy cada tanto, cuando el ahorro de energia es suficiente, romper la hipostasis, salir del circuito cerrado que es Buenos Aires. Ir mas lejos, aun mas lejos de las lejanas Tigre y Lujan. Tomar las grandes rutas, las serpientes de piedra que conducen al frio o al calor, al mar o la montaña, al lago o la selva. Para recorrer otros circuitos de otras formas.