14 ene 2015

La reunion de los 7

LA REUNION DE LOS 7

Iskra pedaleaba por la maxavenida. Como siempre, elegía el carril superior para sus paseos. El cielo era azul y límpido, como siempre en esa época del año. Casi no llovía por esa época, y la mayoría de los días se sucedían en un azul continuo y uniforme. Mitad por naturaleza, mitad por biointervención, la cosa es que la región 23 tenía fama de ser la mejor climatizada del mundo. Luego andar un buen rato recorriendo el vial costero, pareció cambiar de opinión y bruscamente giró por una bajada que descendía directamente a los viejos suburbios, casi en el límite de la región, a esos edificios grises y vacios que, si mis lecturas de historia no me fallan, solían ser antes de la guerra[i] la capital de una de las naciones del cono sur.
Luego de pedalear unos veinte minutos en completa soledad, se cruzó con un puesto ambulante de revistas. Se divirtió un rato fingiendo elegir varias revistas, realizando la sencilla combinación de teclas para el retiro, pero cancelando la operación justo cuando la máquina comenzaba a expender la revista o el diario. Al final, eligió llevarse un panfleto ligero, que fue leyendo mientras tomaba una callejuela lateral. A las pocas cuadras el terreno comenzó a acusar una pendiente, por lo cual noté que nos acercábamos a las ruinas de la zona portuaria. Iskra frenó súbitamente (lo cual me obligó también a mí a frenar) y dejó el panfleto en el suelo. Cuando volvió a moverse, noté, por su incremento de velocidad, que había cambiado el modo de su ciclett[ii] al automático. Si se alejaba lo suficiente, ya no podría alcanzarla, lo sabía. Lo sabía y, sin embargo, no pude resistir la tentación de detenerme a recoger el folleto que había tirado. Era un boletín rápido, de esos que se publican casi al instante de un acontecimiento importante. Este era del día de ayer.

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AGNOT 25 de Abril del 2445 18:45 Región 23 del sudoeste:
El día de hoy, aproximadamente a las 12:00 del mediodía, dos explosiones sacudieron la tranquilidad habitual de la próspera región 23. Luego de la explosión varios vecinos del arur 4 y el arur 5 realizaron llamadas alarmantes al comando de intervención, el cual acudió al lugar minutos después de los estallidos. El rápido reconocimiento del comando identificó que las explosiones sucedieron en las instalaciones del departamento de energía del área, el cual provee de electricidad a las arur 3, 4, 5 y 6.
En cuanto al origen de las explosiones, el comando en conjunto con el grupo de multingenieros determinó que estas se debieron a un error humano en la distribución potencial. Esto sucedió debido a un desajuste de modelo Nos comentó Eilin Suarez, multingeniera del departamento energético como a que la cantidad de energía suministrada por las nuevas esferas solares es mucho mayor al que proveía el anterior modelo geotérmico, las coordenadas anteriores no distribuían la potencia con la fluidez y rapidez necesaria para la refrigeración normal. Fuentes responsables del departamento energético del área aseguraron que los nuevos valores ya están cargados en el sistema, información la cual tranquilizo a los residentes afectados. Se estima que las arur 4 y 5 estarán sin energía aproximadamente hasta el día de mañana.

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Iskra sabía que la seguía, era obvio. La elección del panfleto, claramente alusiva al Burba, y además estaba lo del mensaje. Era clarísimo, casi un juego de niños para cualquiera que supiese algo de criptografía o que, simplemente, hubiese leído a Conan Doyle. Yo había hecho ambas: un profesorado en literatura (además de otro en filosofía y uno reciente en ciencias de la lógica) y un seminario de criptografía. Iskra lo sabía muy bien, y entonces el mensaje (secuencialmente una dirección) estaba dirigido a mí como un juego. Iskra sabía seguramente que no podría resistir a la tentación de leer el panfleto. Ahora que sabía adónde iba, no hacía falta seguirla tan de cerca. Pero, ¿sabía dónde iba? Las letras ciertamente formaban una palabra, seguida por un numero, lo cual era la coordenada exacta de una dirección, pero de una dirección que no existía, o que al menos no existía en el mapa actual, en el mapa de la región 23 del sudoeste[iii], subdividida en 38 arurs. Y no existía por la sencilla razón de que, por motivos de simplicidad, las calles seguían el formato 11X, es decir, eran un número y una letra. Las calles denominadas por un sustantivo, un adjetivo o un verbo existían o, mejor dicho, habían existido, hace 400 años. Curiosamente, algunas de esas calles, ahora en ruinas, existían todavía en la periferia de los antiguos suburbios, que era justamente la zona por la que ambos pedaleábamos. ¿Qué perdía intentando llegar? Según lo que recordaba (de joven había recorrido la zona exterior, e incluso había realizado un mapa de las antiguas denominaciones de las calles) la dirección en cuestión estaba a pocos minutos.
Justo antes de reparar en la vieja construcción (una antigua vivienda de dos pisos, con un jardín natural adelante y una fachada arcaica) que se ubicaba en la altura exacta, reparé en la ciclett de Iskra. Estaba estacionada justo delante de la verja, por lo que supuse que Iskra se encontraba dentro. Mientras estacionaba la vi salir por el hueco que en algún tiempo, siglos atrás, debió ocupar alguna puerta.
̶ Ya era hora me dijo. No sonreía. No le conocía esa seriedad Entrá de una vez, queres.
̶ ¿Entrar? Pregunte estúpidamente mientras pasaba. El interior estaba, como era lógico, desierto y completamente en ruinas. Mientras reparaba en una ruinosa escalera que comunicaba con la planta alta escuche nuevamente la voz de Iskra.
̶ Subí. Ya están casi todos  ̶ Giré la cabeza y ahí estaba, detrás mío. Bloqueaba la puerta de entrada, tenía una mano sobre la cadera y la otra en lo que parecía ser el bolsillo trasero del monn[iv] .
¿Acaso escondía algo? Por alguna razón, aun desconocida para mi, había algo inquietante en su postura. ¿Qué hacíamos ahí de todos modos? ¿Por qué había comenzado a seguir a Iskra, en primer lugar? La había cruzado casualmente en la maxiavenida, eso era cierto. Me había mirado, en el segundo en que nuestros cicletts se cruzaron, de una manera extraña ¿Lo había hecho? ¿Me había mirado siquiera? Ahora, mientras subía la escalera algo nervioso, era difícil saberlo. Era demasiado irreal la situación, y demasiado ridículo todo posible motivo. Solo me quedaba seguir subiendo, con Iskra a mis espaldas y la incertidumbre por delante.
La escalera daba directamente a un cuarto enorme y derruido, en donde me esperaban una mesa, varias sillas de madera[v] (es la primera vez que veía sillas de madera auténticas) y cuatro personas, dos hombres, una mujer y un adolescente andrógino[vi].

̶ Falta alguien más Dijo Iskra, para sorpresa de todos. Un vistazo rápido a los presentes me alcanzó para comprender que todos estaban, molestos más molestos menos, tan desconcertados como yo: Ninguno parecía saber que hacía realmente ahí, en esa antigua vivienda en ruinas, en la periferia de la región. Iskra daba golpecitos de impaciencia contra el marco de la puerta. Se la notaba algo molesta. Levante la mano tímidamente, casi por educación, e iba a presentarme cuando Iskra me interrumpió.
̶ Usted se calla dijo en voz alta, obviamente dirigiéndose a mi Aquí nadie se presenta, ni dice su nombre, ni ninguna de esas pavadas. No hasta que llegue Zaria.
̶ ¿Zaria?
̶ Si, Zaria. La persona que falta. Veo que usted es especialista en realizar preguntas estúpidas. Aunque tal vez tal vez no sean estúpidas, ¿no? Y aquí sonrió– Bueno, bueno, como dice un viejo libro, usted no se apure. Siéntese y espere.
Todos habían escuchado las palabras de Iskra, que había hablado no tanto para mí como para todos los presentes. Fue un modo muy simple de explicarnos la situación y de revelar el plan de acción a corto plazo. ¿Qué hacíamos ahí? Esperábamos a Zaria, y Zaria llego unos diez o veinte minutos después. Entró directamente a la habitación, casi de la nada, como un fantasma, como si se hubiese materializado en la habitación contigua.
̶ Sos increíble dijo Iskra, bastante molesta.
̶ Vine Caminando Dijo Zaria a modo de única explicación.
̶ Sentate. No sabes lo que es la puntualidad. Debería pegarte un tiro le respondió Iskra.
̶ Solo si tuvieses un arma dijo burlonamente Zaria al momento que se cruzaba de piernas sobre una de las sillas.
Zaria se soltó el pelo, de un colorado verdoso, e inmediatamente este se volvió negro. Toda ella, que hasta un momento era como Iskra, muy blanca y de ojos celestes, se volvió un negativo de si misma: Morena y con brillantes ojos marrones[vii].
Iskra, que hasta entonces había estado reposando contra el marco de la puerta, se puso de pie y caminó hasta el extremo opuesto de la habitación, donde había una gran ventana con un cortinal. A modo de cortina había una tela plástica, claramente colocada hace poco. Iskra la cerró de un tirón y nos encaró.
̶ Antes que nada, las presentaciones. Como todos ustedes saben, mi nombre es Iskra  ̶ Como yo nunca había escuchado ese nombre estuve a punto de decir algo, pero la mano en alto de Iskra pareció atajar la protesta pavloviana de nosotros cinco. Zaria sonreía. Al vernos expectantes, Iskra continuó.
̶ Les pido que, por favor, no me interrumpan. Ustedes creen que yo me llamo de otra forma. Eso está muy bien, pero ahora, ahora y siempre en estas condiciones, y desde ahora mismo y en su fuero interno, y solo para ustedes pero también verdaderamente, soy Iskra nos echó a todos una mirada divertida y continuó ̶  Y ella es Zaria  ̶ dijo señalando a la sonriente Zaria cruzada de piernas Y siempre que se refieran a nosotras, sea por verbo hablado o escrito, se referirán como a Iskra y a Zaria. Eso es primordial. Ahora, para continuar, los buenos modales exigen que yo sepa quiénes son ustedes Iskra me miró con una genuina expresión de curiosidad, y luego miro a Zaria.
̶ Zaria, ¿Quién es este?  ̶ Zaria me miro con seriedad unos segundos y luego respondió.
̶ No tengo idea, Iskra. Señor, ¿Quién es usted?
Efectivamente, aquello era o una prueba extraña o un juego idiota. Las caras de los restantes invitados rezumaban una estupidez análoga a la mía, pero en el rostro del andrógino pareció iluminarse una chispa de entendimiento, que sin embargo se guardó para sí. Algo exasperado, dije claramente mi nombre y mi apellido, edad y tareas actuales. Luego de oírme, Iskra y Zaria sonrieron.
̶ Usted es Dielo dijo Iskra, nuevamente seria. Miró entonces al Andrógino y preguntó:
̶ Usted. Dígame quien es este hombre El Andrógino me miró y respondió calmadamente: Dielo.
̶ ¿Y usted, andrógino, quien es? preguntó Zaria ̶  El andrógino respondió luego de unos segundos: Mysl.
̶ Excelente, excelente. Muy bien, Mysl dijo Iskra ̶  ¿entendieron todos? ¿Entendió usted, Dielo?
Y Dielo, o sea yo, comencé a entender Entiendo Dije. Entonces se presentaron los cuatro restantes. Un muchacho de raza nubia[viii], alto y fornido al cual le costó bastante entender, terminó por recibir de Iskra el nombre de Byloe. El hombre restante, de aspecto maduro y gaffs[ix] (que claramente parecía ser un catedrático o un investigador) se nominó a sí mismo como Gelsens, lo cual hizo sonreír a Iskra. La chica restante, menuda y de cara angulosa, recibió de Zaria el nombre Nadja.
̶ Muy bien volvió a decir Iskra queda entonces labrada el acta fundacional de Burba, acta que luego nuestra querida Zaria, que está grabando todo esto en cinta, se encargará de labrar por escrito y que luego cada uno de ustedes tendrá oportunidad y obligación de firmar.
̶ Deténgase Interrumpió Gelsens Hasta aquí le hemos tolerado pacientemente sus tonterías. Yo creo ver un poco o bastante de lo que viene con todo esto de los nombres falsos, pero así y todo creo que usted y su compañera de aspecto heracliteo deberían explicarnos, ya mismo y sin rodeos, por qué motivo nos han traído, citado o arrastrado hasta esta construcción pulgosa, y acto seguido...
̶ Acto seguido usted se calla, Gelsens continuó Iskra Ya les dije que, en lo posible, no me interrumpan y, si lo hacen, que no sea para exigir lo que de todos modos estoy a punto de hacer. Pero usted tiene razón, Gelsens, o al menos la tiene en algunas cosas. Aclaremos entonces los tantos. Primero, si, se puede decir que ustedes han venido hasta aquí engañados de algún modo. No obstante, no deben confundirse: No soy yo quien los ha engañado o, si lo hice, fue con su completo y total consentimiento. Usted sabe muy bien lo que creía pretender cuando Zaria lo citó aquí ayer, Gelsens, y no hace falta que se lo aclare yo ante el resto (Zaria soltó una risita y Gelsens la miró algo estupefacto). Segundo siguió Iskra ̶  en breve voy a revelarle, tanto a usted como al resto, no lo que creen que los trajo aquí, sino lo que realmente los trajo. Tercero, Zaria de ningún modo es mi compañera. Es mi perro faldero Llegado este punto y para total estupefacción de todos los presentes, Iskra sufrió un repentino ataque de risa, que fue celebrado por Zaria, que también reía y además la insultaba de pies a cabeza. Ambas ejercían una extraña fascinación en el resto de nosotros. Era patente que ambas nos tomaban el pelo, pero lo hacían de un modo completamente novedoso para nosotros. Había en sus gestos, en sus miradas y en sus risas una vitalidad como decirlo desquiciada, que ninguno de nosotros había visto antes. Si el resto seguíamos nerviosamente sentados en las sillas destartaladas era porque, tal vez inconscientemente, percibíamos que detrás de sus estupideces se escondía un componente realmente peligroso. Si. Detrás de esas fantochadas, y a pesar de lo exagerado y caricaturescamente secreto de aquella reunión de novela (o precisamente por eso mismo) yo percibía algo real, algo temible, monstruosamente real. No podía ni quería moverme.
Después de algunos minutos, ambas se calmaron e Iskra continuó la plática:
̶ Ahora que estamos un poco más calmados, voy a dejarme de tonterías y a intentar explicarles, queridos y queridas conciudadanos del globo, viajeros e investigadores de las 178 Regiones, buenos camaradas y amantes de la paz, el orden y el progreso, ¡si! ¡Voy a intentar explicarles por qué es que están ustedes aquí̶ Iskra había levantado el brazo y cerrado el puño, y mientras hablaba parecía prepararse para descargar un golpe sobre alguien o algo, pero en cambio se detuvo y miró estúpidamente a Zaria.
̶ Zaria, ¿Por qué están todos aquí? preguntó.
̶ Están aquí porque saben lo del folleto respondió Zaria con tono aburrido.
̶ En efecto dijo Iskra, que había recuperado el tono decidido Esa es una excelente manera de enfocarlo. Ustedes están aquí porque están enfermos. Y antes de que alguno se ofenda o se apure a mostrarme sus exámenes médicos, yo les digo que no tiene caso. Ustedes vieron el folleto y fueron citados, o fueron citados y vieron el folleto, o fueron citados por el folleto mismo, da igual. Causa y efecto, efecto y causa, es lo mismo. Lo que importa es la relación. Sepan que no fueron los únicos citados, no. Había muchos más, no importa cuántos. Muchos, pero no vinieron, como era natural. Ustedes, en cambio, vinieron. Están aquí, eso es un hecho. Y ese hecho es un hecho no natural, si entendemos natural como la conducta sana y racional de un ciudadano de las regiones, siempre feliz y realizado en aras del eterno progreso. Progreso y sustentabilidad, ¿no es ese el lema?
̶ Efectivamente ese es Dijo Zaria.
̶ Gracias, mi querido Glaucon dijo Iskra sonriente Continuando con lo anterior, que ustedes estén aquí es una prueba de que su conducta no es del todo sana y racional. Como seguramente se estarán diciendo desde hace un rato: Esta reunión, esta casa, todo esto, es absurdo. Marcadamente absurdo, ¿no, Dielo? Iba a decir algo, pero Iskra continuó.
̶ Es absurdo, y sin embargo nadie se ha ido de aquí, ¿cierto? Desde que entraron se dieron cuenta que, sea por lo que sea que hayan venido engañados, como bien dijo Gelsens, que eso era sólo una farsa. Y sin embargo nadie se ha ido todaví̶ Iskra hizo una pausa. Nos miró una a uno con una mirada que encerraba una pregunta, o quizás una respuesta Creo entender cómo se sienten dijo entonces Y es que yo misma me sentía así… de cierta manera me sigo sintiendo.
̶ Algo má̶ Dijo Mysl
̶ ¿Cómo? Repita lo que dijo Le ordenó Zaria. Pero fue Nadja la que habló.
̶ Estamos o queremos estar aquí porque de algún modo, inexplicablemente, pensamos que aquí hay algo más. Probablemente probablemente sea que no haya nada, pero yo siento... o quiero... siento que debe haberlo.
̶ Va por buen camino, Nadja Dijo Iskra Su intuición es válida, pero deje que yo se lo explique. Eso es precisamente lo que todos estamos sintiendo o queriendo sentir: un afuera, un algo más. Pero, ¿Qué puede ser? Como bien sabe Dielo, que no por nada es un erudito en la historia de la civilización humana pre-regional, este mundo no tiene, en comparación a las sociedades occidentales del siglo XX o de la sociedad globocapitalista del siglo XXI, casi problema alguno. La población del planeta es ínfima. La descontaminación avanza indeteniblemente[x]. La energía es libre y gratuita por al menos los próximos 2000 años, si la densidad poblacional se mantiene, cosa de la cual se asegura nuestro amado centro de control natal. En igual situación de gratuidad y abundancia se encuentran el alimento, el agua y el transporte. Cualquier ciudadano de las regiones, y esto es idéntico a decir cualquier ser humano, puede comer, alojarse y desplazarse por el globo casi gratuitamente. Ustedes tal vez no lo sepan, pero Dielo y tal vez Gelsens si: el grado de maquinización y distribución funcional del trabajo es una innovación propia de nuestra época y, en resumen, nunca en la historia humana el ser humano ha gozado de una libertad como la de ahora, casi absoluta, libertad para ejercer lo que se quiera o simplemente para no hacer nada y en fin... como decirlo esta es la primera sociedad en donde todos y cada uno de los seres puede optar, según su propio deseo y en libertad, por alcanzar su propia noción de felicidad.
̶ Una sociedad utópica, Millermianamente Feliz, libre de las ilusiones del progreso indefinido y del yugo de las tiranías nacionales Dijo orgullosamente Gelsens.
̶ Nunca mejor definida Acotó Zaria.
̶ ¿Qué es lo que buscan, lo que buscamos entonces, que es ese de más? nos preguntó Iskra. Nadja y Mysl, y también yo, dimos o propusimos someramente varios ejemplos, pero al instante comprendimos que cualquier experiencia, bien u objetivo que nos propusiéramos podía ser, por mas difícil que fuese, posible de cumplir según las vías normales de la sociedad a mediano o largo plazo.
̶ Como ven Dijo Zaria todas sus metas, todos sus deseos, que naturalmente son razonables y deseables, en una palabra buenos, están ya en la lista de posibilidades de nuestra moderna sociedad de regiones.
̶ Y por eso mismo es perfecta Sentenció Gelsens.
̶ Perfecta continuó Iskra si, es perfecta. Usted ha dado en el clavo, Gelsens, pues ese es precisamente el problema: que es perfecta, si por perfecta entendemos a una estructura que cumple sobradamente con las necesidades de sus componentes, una estructura que, sin violentar a ninguno, a todos engloba y satisface. De manera que ese algo más, si nos falta, no puede ser nada razonable no puede ser nada bueno, nada que se subordine a un orden.
̶ Lo que ustedes vinieron a buscar, lo que ustedes desean, ustedes ahora miembros de Burba, es el Caos.
 ̶ ¿Qué quiere decir? dijo Gelsens, que ahora parecía comenzar a comprender y a alarmarse en igual proporción.
̶ El caos quiere decir el caos, Gelsens dijo Zaria Caos, desorganización, desintegración de esta sociedad tan perfecta y tan bonita.
̶ ¿Qué quiere decir? Volvió a preguntar Gelsens No tiene sentido. ¿Con que fin, con qué motivo recurrir a esas violencias pasadas? Es innegable que el fin del ser humano es llegar a su propia felicidad, y si por fin construimos en una sociedad que logra ese objetivo entonces
̶ No hay motivo, idiota Lo interrumpió Zaria.
̶ Que la felicidad es el fin del ser humano es del todo y muy fácilmente negable, mi querido Gelsens dijo Iskra Esa es justamente la cuestión de fondo de todo esto. La felicidad individual o global, cualquier tipo de felicidad, la felicidad en sí misma, no nos satisface. Si le soy sincera, tanto Zaria como yo estamos del todo hartas de esa fastidiosa felicidad, y creemos que ustedes también lo están lo están, aunque aun no lo sepan.
̶ Volviendo a lo del folleto, ya sabrán que fuimos nosotras las que pusimos la bomba.
Las palabras de Zaria, seguidas por un silencio mortal y por un aluvión de miradas en busca de auxilio o explicación, nos cayeron como una descarga eléctrica o como un golpe de ston[xi], pues contrariamente a lo que dejó entender Zaria, ninguno de nosotros sabia o siquiera había pensado que la difundida explosión del centro de energía se debiese a otra cosa que a un desperfecto técnico, como bien explicaba el panfleto. Bien podría tratarse de un chiste, pero la seriedad y la ferocidad en los rostros de ambas muchachas dejaban entender que hablaban en serio. El rostro de Gelsens estaba mortalmente serio y rígido. Noté que tenía los puños apretados.
̶ Explíquese. Explíquese ahora mismo Exclamó Gelsens.
̶ ¡Pero vamos! Usted no se habrá creído esa cantinela de la distribución energética y bla bla, ¿verdad? Me extraña de usted, Gelsens, que presume de lógica y sentido común. ¿Cuántas explosiones por desperfectos ha habido en las últimas décadas? Yo me arriesgaría a decir que ninguna, o al menos ninguna de que hayamos tenido noticias, y sin embargo usted creyó que ya veo. No podemos negar, Zaria, que el poder de la negación es un arma asombrosa.
̶ Fueron bombas dijo Zaria bombas caseras. Yo misma diseñé los componentes y luego envié los planos por separado a varios impresores en distintas regiones. Luego simplemente retiré las partes y ensamblé yo misma los componentes. Como se imaginará, tengo muchas más.
̶ Volamos la central porque estamos cansadas de la energía gratuita, porque estamos cansadas de todo. Y no pida explicaciones, Gelsens. Al ser humano integro no le basta la regordeta felicidad. Quiere también la libertad, y cuando la felicidad lo engloba todo, cuando el bienestar abarca y permite todas las opciones, la verdadera libertad exige la infelicidad y la destrucción.
̶ Pero no para otra cosa la remedó Zaria, como si fuesen dos actores teatrales no para otra cosa, no. Lo negativo tiene hoy día un valor autóctono, un valor por sí mismo, y es así porque, hoy en día, y escuchen bien lo que viene, hoy en día la destrucción y el caos son la única revolución posible.
̶ En la sociedad de la felicidad, luchamos por la desgracia dijo Iskra.
̶ En la sociedad de la abundancia, luchamos por la miseria dijo Zaria.
̶ En este mundo sustentable, lucharemos por la crisis dijo Iskra.
̶ En estas regiones seguras, lucharemos por la muerte dijo Zaria.
̶ Entre las gentes pacificas volaremos cosas Dijo Iskra.
̶ Lo revolucionario en nosotros exige la sedición y la corrupción Dijo Zaria.
̶ Si dios ha resucitado, lo mataremos de nuevo Dijo Iskra.
̶ Si por fin Babel fue edificada, la echaremos por tierra, una y mil veces, hasta que no quede nada dijo Zaria.
̶ Que el caos y la anarquía ganen las calles, ese es el objetivo de Burba. ¡La sangre por la sangre, la bomba por la bomba, la mierda por la mierda! Exclamó Iskra.
Mientras Iskra y Zaria continuaban arengándose y desafiándose con proclamas cada vez más extrañas e irracionales, note que Gelsens se aproximaba lentamente hacia la escalera. Claramente quería escabullirse, y para eso necesitaba ganar la calle sin ser detenido. Pese a la algarabía del momento, Iskra noto sus movimientos. Dando un salto que me recordó al guepardo, Zaria se interpuso entre la puerta y Gelsens. Su cabello había cambiado nuevamente a un rubio pálido, y sus ojos eran ahora verde grisáceo.
̶ ¿Qué hace, adonde piensa que va? Preguntó Zaria Nadie sale de aquí hasta que se levanta la sesión.
̶ ¿Qué? Usted que se ha creído le respondió Gelsens, ya visiblemente indignado. Zaria no hizo caso de las palabras de este, y agregó ̶  Iskra decide cuando se levanta la sesión, y hasta entonces usted se queda aquí.
̶ Apártese le respondió Gelsens Le doy dos segundos. Ustedes están claramente desequilibradas. Pueden por lo que a mí respecta, hacer lo que les plazca, pero yo me debo a mis deberes de civil de la región 23, y deberé informar de esta reunión en la próxima asamblea urbana, para que las autoridades correspondientes decid...
Gelsens no llego a terminar la frase, pues un horrible estampido sacudió el aire. Sonó como un fuego decorativo[xii], pero más simple y como decirlo arcaico. Luego del estampido, mis oídos se llenaron de un horrible pitido, y noté en el aire un olor rancio y vagamente familiar.
̶ ¿Pólvora? Preguntó asombradísima Zaria ̶  ¿conseguiste una a pólvora?
Gelsens yacía desplomado boca abajo. En su espalda, a la altura de los omoplatos, el monn comenzaba a translucir una gran mancha de sangre. Iskra sostenía en su mano derecha un curioso artefacto metálico, que parecía algún mecanismo sacado de alguna máquina antigua, que me recordó a los pistones y a las bujías que de niño vi en algún museo. Mirando con más atención, vi que el artefacto constaba de un tambor metálico y un tubo del mismo material. El tubo aun humeaba, y entonces comprendí, o más bien recordé, lo que estaba viendo: Estaba en presencia, por primera vez en mi vida, de un arma de fuego.
̶ Es una preciosidad Dijo Iskra casi una pieza de museo. A tambor y de seis balas, ¿podes creerlo?
Zaria no respondió, pero en cambio nos miró detenidamente a todos y a cada uno de los restantes. Habíamos presenciado un asesinato no. Una ejecución, aquello había sido, a todas luces, una ejecución.
̶ Con esto finaliza nuestra divertidísima reunión Dijo Zaria. Y agregó– Espero que todos hayan comprendido por qué vinieron y por qué siguen aquí, pues veo que no se han ido. Saben, es genial que no hayan querido irse.
̶ En efecto, me hubieran puesto en un aprieto dijo Iskra como sólo tengo cinco balas, habría tenido que acusar excelente puntería para matarlos a todos.
Antes de irnos de lo que sería luego llamado la reunión de los siete, y que aún mas adelante pasaría a los libros de historia como la reunión fundacional del grupo anarquista (o terrorista, según la tendencia del traductor) Burba, Iskra me asignó el puesto de notario oficial del grupo, puesto que Zaria debería cumplir el papel de secretaria general, papel que en un principio habían pensado para Gelsens.



[i]               Por la guerra se entiende, como es natural, la serie de conflictos bélicos que, durante la segunda mitad del siglo XXI, prácticamente destruyeron la civilización humana como hasta entonces se la conocía. Las causas de esta guerra, como mas adelante nos explicaría Iskra, fueron varias, pero entre ellas destacan fundamentalmente cuatro: crisis energética, crisis alimenticia, crisis monetaria y crisis técnica. La respuesta a esas cuatro problemáticas fue la organización del globo en regiones, lo cual fue facilitado por la drástica reducción poblacional que experimentó el planeta. Se estima que en el año 2030 había en el planeta 12 000 millones de personas. Para el año 2115, que fue cuando comenzó la reorganización, había en el planeta menos de 500 millones de personas. El proceso de reorganización implementó la revolución energética, principalmente sustituyendo los fósiles por energía geotérmica y energía solar, y recientemente energía Teslectrica (es decir, electricidad inalámbrica proveniente de la ionosfera). La revolución energética posibilitó la posterior revolución técnica y, con ella, la sexta revolución agroganadera.
[ii]             El Ciclett es un vehículo de dos ruedas, que tiene su predecesor en la bicicleta o la motocicleta antigua y, de hecho, es una feliz combinación de ambos. En su modo analógico o manual, es una bicicleta asistida con compensadores de gravedad y un sistema de distribución de peso automático. En su modo automático, es una motocicleta eléctrica que funciona con energía solar o con cargas eléctricas. Lo innovador de este vehículo es que parte de las cargas eléctricas son cargadas por el pedaleo del ciclista en modo analógico. Así, uno puede cargar su ciclett simplemente manejándolo manualmente.
[iii]            En el mundo actual, y desde el periodo posterior al enorme conflicto bélico del siglo XXI, la mayoría del planeta se halla deshabitado. La civilización humana puebla el globo dividida en 178 regiones. Cada región tiene la extensión de lo que en los viejos tiempos se consideraba una metrópoli, y está conectada con el resto de las regiones por una enorme red de MAGLEV (trenes de levitación magnética) y GEO T (trenes entubados a energía geotérmica). El resto del planeta está o bien en estado salvaje (48%) o bien subdividido en áreas turísticas (12%) o bien dedicado a la obtención de alimentos (20%) o bien dedicado a establecimientos industriales y de obtención y generación de recursos (20%)
[iv]            El Monn es una prenda única universal, diseñada desde los antiguos monos industriales. Suelen ser de tela sintética electrificada, por lo cual pueden adoptar numerosas configuraciones, ensanchándose o ajustándose, acortándose (comprimiéndose) o alargándose (distendiéndose) según las necesidades del usuario. Son generalmente rojos, grises o verdes, pero los modelos más modernos y caros cambian de color y tonalidad, llegando incluso a adquirir texturas predefinidas y hasta texturas del entorno inmediato. Los Monn de los comandos de intervención, conocidos como Comonn o Monns de combate, son siempre de color negro y poseen además funciones defensivas de endurecimiento y descargas eléctricas. El Monn de Iskra, por el contrario, era Artesanal, es decir, confeccionado por ella misma, por lo cual no difería de un antiguo mono.
[v]             Los muebles, utensilios y en general, cualquier artefacto de madera, eran rarísimos en la sociedad postguerra. La gran mayoría de los objetos eran de fibra de polietileno o similares materiales sintéticos, puesto que eran producidos por los enormes impresores cúbicos. Los impresores cúbicos son gigantescas maquinas que producen, cual una impresora, todo tipo de objetos necesarios. Trabajan principalmente con materiales plástico - eléctricos, lo cual conlleva que los objetos sean fundidos y reutilizados constantemente según necesidad, sin que esto suponga la demanda de nueva materia prima.
[vi]            Los andróginos son una innovación sexual relativamente reciente (el primer caso registrado apareció hace apenas 20 años, si bien se piensa que hubo casos no documentados más antiguos). Es aún materia de investigación, y de una muy interesante, si su origen obedece a una mutación de carácter natural o si es el resultado de los cambios psicofísicos (principalmente de alimentación y medicación) resultantes de la reorganización. Los Andróginos son bastante variables en su aspecto físico, pudiendo orientarse bien hacia la masculinidad, bien hacia la feminidad.
[vii]             Los discosm o dispositivos cosméticos universales son un invento bastante reciente, y prácticamente son imposibles de conseguir para el grueso de la población. De hecho, su existencia se hizo pública en la exposición científica de la región 45 en el año 2399, e inmediatamente se clasificó el invento como de uso restringido a pacientes con deformidades o insuficiencias estéticas. Zaria no era ni lo uno ni lo otro, y es un misterio como pudo lograr hacerse de uno. No obstante, Iskra sostenía la teoría de que este dispositivo estaba siendo usado con fines de control y espionaje por ciertos miembros del comando de intervención.
[viii]           La especie o Raza Nubia, dentro del género humano en general, es la raza más pigmentada del globo. Su pigmentación es idéntica a la de las razas africanas nativas de principios del novecientos, pero sus rasgos faciales presentan mestizaje de otras razas, principalmente árabes y asiáticas medianas.
[ix]              Sucesor de las gafas modernas. Sus lentes, de un policromo semisólido refractario, poseen la capacidad de cambiar constantemente la graduación del aumento, adaptándose a los cambios del ojo para dar en cada instante una visión óptima. De igual modo modifica la transparencia según la luz o la humedad, e incluso varía su temperatura según el clima.
[x]             Por descontaminación se entiende el conjunto de procesos globales llevados a cabo por las regiones para revertir los efectos ambientales nocivos de las sociedades industriales del siglo XX y XXI. Enormes equipos purificadores y diversificadores trabajan constantemente en el saneado del aire y del agua, solo para dar un ejemplo.
[xi]              Por Ston se entiende a los campos magnéticos de ciertas plataformas. Estos campos magnéticos son por lo general invisibles al ojo humano, y se usan para proteger áreas no accesibles o maquinarias delicadas. Si algún ser vivo se topa distraídamente contra una pared o una barrera de ston, recibe un choque de energía cinética.
[xii]           Sucesor de los fuegos artificiales del siglo XX. Los fuegos decorativos, solo permitidos en las fiestas oficiales de cada región, liberan, además de la típica explosión a pólvora y demás polvos inflamables, polvos electrónicos que se combinan y cambian entre sí de forma y color, plasmando en el cielo todo tipo de dibujos y figuras. 

7 ene 2015

Stalker

"En la altura intangible donde la habíamos exaltado, la preservaríamos de la caída"

Cortazar


¿por que, para que todo esto? No estabas en los lugares de siempre. El dia entero habia sido un satelite que intentaba orbitarte.Tenia que encontrarte de algun modo, y por eso caminaba bajo las largas sombras de Avenida de Mayo. En esta epoca del año, las sombras son interminablemente largas.
Nunca estabas en los lugares de siempre. Los lugares de siempre eran mis lugares de siempre. Estaban interconectados por tuneles o por marcas extrañas, eran puntos que formaban la figura de un mundo azul y difuminado, de un universo callado en donde cada cual permanecia en su mesa y cada mesa permanecia dentro del mundo propio. Los lugares de siempre eran mis lugares, y vos no entrabas en ellos. Nunca estabas, nunca habias estado, nunca estarias, y sin embargo no podia hacer otra cosa que buscarte inutil, locamente, como un raton en su madriguera o un empleado en su rutina, tozuda y ciegamente buscarte en bares y plazas y recorridos mas o menos sabidos, en caras y canciones, en poses y largas esperas.
Hubo momentos en los que te senti cerca. Eran momentos o epocas felices, porque estabas extrañamente cerca y era como si de planetas se tratase, momentos ciclicos, tarot y horoscopos fatalmente cumplidos, Mercurio en Venus, El Sol en Cancer, la suerte en alza y entonces todo estaba tan bien y era tan facil y siempre asi.
Bastaba en esos periodos en entrar en cualquiera de las librerias habituales, buscando los libros que nunca estaban, para encontrarte asomada sobre las obras completas de Perez Galdos o abstraida en una edicion rara del Martin Fierro como si de un acuario se tratase. Yo sabia que andabas por la zona: Lo sabia ni bien bajaba del colectivo, lo sabia apenas mi cara salia del agujero del subte. Era algo como un zumbido o una electricidad, algo ionico. Lo sabia y entonces comenzaba a buscarte.
Casi siempre fue en las librerias. En todos esos años, te vi casi siempre entre hojas y como en el espejo y el enigma de las ediciones y las editoriales, con bateas, estantes y vendedores de por medio. No fueron muchas veces, seis o siete, no se. Tal vez menos.  Pero eso nunca me desanimo. Es sabido que para ser el padre de los que encuentran hay que ser siempre hermano de los que buscan, o algo asi. En las epocas felices me sentia siempre como a punto de encontrarte.
Una vez me parecio verte en el gato negro. Yo iba saliendo y me parecio ver tu perfil oscuro y un poco encorvado sobre la taza y las cucharas. Naturalmente no pude detenerme a cerciorarme que eras, que eras y entonces decirlte algo, decirte "te encontre", o "¿puedo sentarme?", decirte cualquier cosa pero hablarte, tender el magico puente de las palabras en algo que no fuese siempre el silencio y  la cordial distancia de las librerias. No puedo dejar de pensar, ahora que los planetas han estallado e inutilmente te busco, que hubiera pasado si ese dia eras y yo te hablaba. ¿me hubieran mirado tus ojos de india desde atras de todo el pelo?
Tu pelo siempre me habia gustado. Negro y largo, con puntas que parecian flecos de cortina o crines de caballo. Tu pelo era un velo que te separaba un poco de todo, era como un enjambre que flotaba siempre sobre tu cara, escondiendo los ojos y la boca. Ver tus ojos era el premio mayor, y tambien la mayor dificultad. Siempre rapida, siempre oblicua, tu mirada se precipitaba impudicamente sobre todo: las manos, los pies, los carteles, las tapas y contratapas. Todo lo examinaban rapida y como ferozmente.
Luego venian las epocas oscuras, en donde buscarte era un tiempo perdido desde la primera cuadra y el primer cafe. Temporadas enteras en donde sentia, en donde sabia que ese dia no estarias, que no existias y que no importaba cuanto esperase en el mismo sitio o cuanto yirara por los sitios de siempre, que ese dia se terminaria sin verte, sin siquiera intuirte. Esas epocas podian durar meses enteros, meses en donde solo subsistias en mi imaginacion, ya fuese caminando por corrientes con una blusa blanca y una pollera azul, contra el viento de Junio, o desvistiendote frente a un espejo en el calor de Enero y en las inexistentes paredes de un cuarto de hotel imaginario. Un cuarto al que jamas entrariamos, o al que vos si, seguramente acompañada de otros seguidores, de otras victimas del fuego, fuego frente al que yo permaneceria eternamente como mariposa, como polilla, como cualquier tipo de coleptero, de bicho, de alimaña perseguidora, pero nunca como hombre.
No obstante y aun en esas espocas seguia buscandote. Te buscaba aun con mas locura que cuando te sentia proxima. La desesperanza era una musica tan buena como su contrario. Entonces eran los paseos imaginarios, los fantaseos rutinarios sobre conversaciones improbables, sobre invitaciones audazmente realizadas y aceptadas, sobre bares y restaurantes y dialogos memorables en donde vos me contabas sobre tu pasado en Colombia o Venezuela, pasado poblado de campo y sabor a tierra, de viajes entre pueblitos montañosos, fiestas con Acordeones y escapadas romanticas en el dia de los Muertos, y yo te contaba un pasado ficticio de aventuras con los compañeros del colegio de la recoleta, irrupciones nocturnas al cementerio que jamas ocurrieron, escapadas por el balcon de mi primera novia, y entonces ambos nos reiamos de todas las torpezas de la adolescencia. El dialogo proseguia saludablemente hasta la puerta de madera que franqueaba tu casa (porque siempre vivias en casas y siempre sola) o bien hasta la puertas de vidrio polarizado de los hoteles de alojamiento. Nunca ibamos a mi casa, jamas te contaba mi verdadera vida. Mis fantasias excuian sistematicamente toda intromision de la realidad cotidiana. Las baldosas, los bebes en sus cochecitos, los mendigos y las facturas a pagar quedaban como aniquiladas por nuestros paseos, por la oscuridad de tu piel siempre tan oscura, oscurisima toda vos y mas que nada tus ojos, pozos de agua, sombras de la sombra. Y no obstante, en toda la irrealidad de la que mi imaginacion era capaz de dotarte al verte perfecta, residia la hilacha de la dimension fantastica. La irrealidad, en su perfeccion, se denunciaba a si misma y con ella te denunciaba tambien a vos. Tu presencia tan fuertemente evocada se declaraba entonces en todo su caracter falso, puesto que tu figura esperaba a mi voluntad para caminar o para sonreir, y tus palabras eran las mias, tus gestos mecanicos y como de cine eran solo mi anhelo, y algo como un agujero le restaba vida a todo el conjunto. Entonces el dialogo se evidenciaba burdamente como un ridiculo monologo, como el monologo de uno que espera en un cafe, cafe de por medio, y que imagina como una lucha contra el hastio. Entonces el mundo era insipido y gris, y  todo era ridiculo, feo, absurdo.
Cuando la realidad me presionaba hasta esos bordes me levantaba del banco o de la mesa y salia a caminar febrilmente hasta cualquier hora, a veces hasta la mañana siguiente. Luego caia rendido en mi cama o en la cama de alguna puta cualquiera, jurandome abandonar para siempre los juegos y las persecuciones, evitar para siempre las calles y los lugares en donde podia llegar a intuirte. Eso tambien era engaño, pantomima, imaginacion. No era otra que el reverso de aquellas escapadas imaginarias al hotel o que los ficticios paseos por bosques y parques. Parte de la busqueda, parte del juego, cuarto menguante o cresciente, diversos giros de la rueda en la que giraba hacia años, siglos, con vos siempre esquiva y yo siempre persecutor, enterno persecutor.
A veces pensaba que vos tambien me buscabas. Que salias tambien los dias de lluvia, hermosa y quien sabe donde, que salias y tomabas colectivos o taxis, que te bajabas en Callao y entrabas un bar. Elegias cuidadosamente la mesa que daba a Corrientes. Y entonces mirabas la lluvia con expresion ausente y lejana, con mi propia expresion, y veias caer las gotas y el vidrio empañado y tu propia cara entre la niebla, extraño mapa de ojos, nariz y labios. Y entonces tal vez yo me asomaba por Corrientes, tambien lejano y envuelto en un sobretodo. Pero la lluvia y el viento eran demasiado, y vos ya bajabas la mirada hacia el mar cafe con leche del continente taza, y entonces la linea milagrosa se volvia tragiconostalgica, y yo pasaba de largo desde la vereda del tiempo, marchandome en tu reloj, marchandome para siempre, anulando una vez mas la intersección, la oblicuidad, el tan esperado corte de la recta de tu vida con el zigzag de la mia, me alejaba y me alejaba y vos revolvias la taza y solo mirabas tus ojos espejados sobre el mar cafe con leche.
Pensar que vos me buscabas era terrible. Pensar que me buscabas era la tentacion de cambiar la busqueda por la quietud, era un descenso aun peor en la cobardia, un dejarte a vos la odisea mientras que yo me refugio en un cine o en una barra. Cobarde, cobarde y cobarde. Penelope Cagon que ni siquiera a Cenicienta llega. Pero no era solo cobardia. No era solo cobardia porque cuando pensaba que vos tambien me buscabas me asaltaba el miedo de que, cuando hay dos que buscan, generalmente nadie encuentra nada. Buscar es un reconcentrarse en los lugares de siempre.
Ademas (y este pensamiento me salvaba) vos no podias buscarme. No. Vos no sabias, nunca supiste que existia, que existo. Lamentablemente la existencia de los otros se nos impone de la manera mas burda, mas grosera. Yo no podia permitir entrar en tu conciencia, en la conciencia de la cual tu boca y tus manos eran como la frontera, entrar en tu pelo remolino y en tus ojos cenit, tan groseramente. Por eso nunca te hable en la libreria. ¿Que podia decirte que no fuese grosero, mundano, trivial, ridiculo? ¿Como podia entrar en tu elevada esfera de mujer que se pierde entre libros, sin rebajarme a mi mismo a la esfera del pobre idiota desesperado que intenta un flirt incluso en la sagrada casualidad? No era una cuestion de coraje tanto como era una cuestion estetica. Tu boca, tus ojos, tus hombros fragiles de ninfa, tu sonrisa arrasadora, yo no las amaba mas que como las flores de una belleza superior. El imaginarme usando una de los refritos orales que ciertos hombres y mujeres utilizan para tender trapos entre si y los otros me provocaba una verguenza y un asco indecibles. Nausea ante la cual no podia retroceder de otro modo mas que preguntando ridiculamente por un libro o por una direccion al vendedor, en tono quedo y lo mas normal posible, para despues hechar una ultima mirada a tu pelo y a tu vestido violeta (la ultima vez usabas uno violeta). Una vez en la calle no podia volver a entrar (seria ridiculo) o mirar siquiera hacia adentro. Eso iba contra las reglas del juego, eso atentaba contra la moral del buscador que habia en mi. Una vez que salia, el juego volvia a comenzar. Podia darlo por terminado ese dia, y entonces volver a mi pieza o salir, felizmente liberado por un tiempo, a recorrer disquerias y librerias de modo autentico, o podia autodestruirme en algun bar en sospechosas companias. Tambien podia volver al juego casi inmediatamente.
La regla para volver a tirar al aro era salir fuera del area de triples. Mi regla para volver a buscarte era perderte de vista por un rato, quince minutos, media hora. Era de todos modos una regla estupida, porque nunca pude encontrarte dos veces en un mismo dia. Eso habria sido demasiado, habria precipitado el final del juego muchisimo antes de lo que yo queria. Yo nunca lo hubiese terminado, creeme. Sucede que a veces los momentos llegan y uno tiene que actuar sin estar preparado. No, no a veces. Siempre.
Y mientras yo no te realizara, mientras no agotara tu imagen en mi, mientras tu presencia siguiese siendo superior a mi fantasia, el juego continuaria. Hacia falta dotar a la imagen de vida propia, de tu vida, para poder liberarme del juego. Incluso en los momentos de mayor extasis, incluso en los pinaculos de mi potencia creadora, vos permanecias esclava de mis designios. Sin mi voluntad, sin mis comandos, quedabas inmovil y como tiesa. Tu imagen era como el automata o el cascaron de la chica que yo buscaba incansablemente, dia y noche. Y ese esfuerzo, esa constante animacion de tu cascaron, denunciaba siempre y casi desde el vamos lo ilusorio de mis fantasias, exponia despiadadamente lo imaginario de tu imagen. Evidenciaba lo torcido de mi deseo. Denunciaba tu ausencia. La unica forma de terminar el juego era dotar de vida a ese cascaron, imbuirle un alma. ¿Pero como? La busqueda y nuestros pocos y fugaces desencuentros solo bastaban para componer ese cascaron, para componerlo en todos sus detalles geometricos y holograficos. De tus movimientos tomaba la regla para todo movimiento posible, de tu piel y tu pelo toda la sensualidad, de tu boca y tus ojos deducia y componia tu personalidad, tus respuestas, tus tonos. Usaba todo tu fenomeno para la composicion del maniqui, sin que quedase casi nada. E incluso me era insuficiente: Mucho y muy variado debia colocarlo yo completamente de mi autoria, cerrando bestialmente los ojos ante esa violacion ontologica.
¿Que necesitaba? Necesitaba algo mas, algun componente nuevo. Me di cuenta de que era un dia como cualquier otro, que tal vez fue la tarde del gato negro o la tarde de la libreria, cuando llevabas un vestido floreado y un hermoso sombrero de ala ancha que me llevo luego a hacerte decir lo del pasado colombiano o venezolano: Lo que terminaria el juego seria tu voz. Al hablarme, dotarias de vida al mero cuerpo que eras para mi. Si. Era logico y armonico, un cierre caleidoscopico y espejado para el juego. No ser yo, sino que seas vos la que me hable, la que con tu belleza exotica tendieras el puente que descendiera y salvase el abismo.  Jerusalen Celeste, Gracia divina, quedaria yo absuelto entonces de las vulgaridades. Si vos tendieras el puente... la conversacion, la situacion, que digo, ¡yo mismo ingresaria a tu esfera! Y entonces... entonces tal vez mi realidad llena de cripticos se tornaria libre y descubierta, pletorica de un ritmo vivo, de tu ritmo. Entonces el juego terminaria: Sisifo dejaria su imaginaria piedra, y todo seria posible.
Entonces debias ser vos, sin ninguna intervencion o ayuda de mi parte, la que tienda el puente. Solo eso seria un ascenso. Todo lo contrario o degradaba o prolongaba la cosa. Mas, ¿como lograrlo? No habia modo. Yo solo podia ponerme a tu alcance, solo podia estar lo mas cerca posible. La gracia era siempre un movimiento de lo superior hacia lo inferior, nunca lo contrario. No puede forzarse. El milagro, la iluminacion, ocurre o no ocurre.
Ocurrio un dia de otoño. Las buenas epocas se venian espaciando con alarmante constancia. Hacia un tiempo temia por vos, pensaba que tal vez te habia pasado algo, algo terrible, la muerte o una amputacion, que tal vez te habias casado o estabas en vias. Incluso pense que podias haberte cansado del juego y salido de la ciudad, del pais, del continente. Cualquier cambio que afectase tu fenomeno destruiria el juego de la peor de las formas: una forma en la que yo perdia sin perder, renunciaba no por la destruccion del maniqui, sino por una renuncia tuya que me dejaba con un eterno maniqui a medio hacer, por siempre esclavo.
Mientras caminaba por Avenida de Mayo, entre los hermosos arboles que ensombrecen el asfalto, pase frente a una libreria, y el corazon repentinamente me dio un vuelco. Una rafaga me recorrio la espina dorsal, y senti la tan conocida sensacion electrica. ¡Estabas, estabas, volvia la epoca de alza, el cuarto creciente! Quise seguir caminando pero algo me detuvo. La intuicion venia directamente de la libreria. Mire el cartel que decia "El Tunel" y entre.
La libreria era pequeña y antigua. Estaba dividida en tres pequeñas salas contiguas y comunicadas por algo asi como arcos sin puerta. todas las paredes estaban llenas hasta el techo de estanterias viejas e irregulares, llenas de volumenes igualmente irregulares y viejos. Me di cuenta entonces, como siempre me pasa con las librerias, de que ya habia estado en esa libreria hace algun tiempo. Te encontre en la ultima de las salas, casi al final de la misma, un poco agachada y entonces casi oculta bajo una pila llena de diccionarios, viejos y nuevos testamentos, ediciones del Quijote principio de siglo e incontables volumenes de historia argentina. Tus ojos quedaban ocultos por el ala de cuervo que tenias por flequillo. Te inclinabas sensualmente sobre algo, dejando al descubierto la boca y las manos. Habia algo telurico en ese ocultarse de tus ojos en la maleza oscura. Estabas tan cerca, tan cerca y no obstante cerrada en una impersonalidad maravillosa. Tuve una sensacion vertiginosa y como tubular, como si entre nosotros no mediasen libros y mesas y toda una dimension cartesiana y tridimensional, sino un tubo, una dimension enteramente tubular. Era precisamente un tunel dentro del Tunel, un tunel que yo habia creido madriguera y laberinto por el cual corriamos, por el cual yo habia corrido por tanto tiempo, buscandote, y donde vos tambien habias corrido por tanto tiempo pero sin saberlo, escapandote y huyendo siempre sin saberlo, siempre sin voz y siempre con los ojos ocultos. Senti que el tunel comenzaba a desmoronarse vertiginosamente, y entonces vi que veias que te miraba. Tus ojos me miraban como desconfiados detras del flequillo, negros y desconfiados como los indios mirarian a los españoles. Senti que tenia que acabar con todo, con el juego y con el laberinto, y sin decirte nada me acerque unos pasos. Fingiste volver al libro, lo se. Era una novela de Thomas Mann. Fingias volver al libro pero era inutil. Mi presencia se habia impuesto inquietantemente. Senti que me vigilabas, que de reojo, tal vez por curiosidad, tal vez por fastidio, tal vez por otra cosa, me medias con tus ojos o eso que no son los ojos pero que de todas formas usamos para vigilar al otro sintiendolo o no sintiendolo en un campo visual que, precisamente hablando, era mas bien intuitivo y casi tactil que visual.
Como ya era tarde para volver atras (y ademas habia que terminar el juego) me acerque aun mas, hasta el limite mismo de tu espacio. Habia que tener cuidado de no romper el fragil equilibrio, y para ello yo debia mostrarme sin mostrarme, proponerme sin imponerme.
Se que algo precipito todo el resto. Se que hablamos, que tu voz rompio el silencio y que el maniqui se tansformo en ser vivo, que el circulo se cerro, yo me encargue de cerrarlo.
Luego de verte, mientras te veia, luego de hablarte y mientras te hablaba increiblemente y contra todo pronostico, sentia que era mas imperioso que nunca soldar el fantasma, que era necesario llevar todos esos rios a una petrea esclerosis. Conflagracion final, esa tarde lo era sin dudas, y no queria de ningun modo dejarte salir de ella. No podia permitir nuevamente la imagen, la proyeccion, el holograma despotico de mis pensamientos y mis horas. Tenia que acabarlo, crucificarlo, cerrarlo en mil ataudes de mil clavos cada uno.
Hablamos, lo se con tanta lucidez. Nunca, nunca podre olvidar la lucidez de aquel momento. Esa lucidez seria una piedra en el pozo de mi conciencia, una piedra que se hunde, que constantemente se esta hundiendo, y la siento hundirse y no puedo hacer absolutamente nada para evitarlo.  
Ya se hundia en ese entonces, mientras flotabas sobre Lotte in Weimar como solo saben flotar los hipocampos y las medusas. ¿Se hundia? Si, era como la sensacion de hundirse. Habiamos hablado, hablariamos. Pero aun no. El antes y el despues se confunden un poco, se confundian en esa sensacion de acercarse paso a paso, de ser tragado por un vertice. Habia una colision de fuerzas, una lucha centripeta a la vez que centrifuga, y tambien la sensacion de que poco a poco pero inexorablemente el juego se detenia, detenia su marcha. ¡por primera vez te me aparecias entera y estatica, casi accesible! Sentia que uno a uno se derribaban los muros del juego, que uno a uno de desplomaban los pilares de lo dinamico que siempre te volvian maniqui incompleto y fugaz, sentia que las catedrales del juego de desplomaban como si se tratase de una pared vieja y descascarada, detras de la cual la realidad de caracter euclidiano se asomaba.
Estaba tan cerca como podia, casi encima tuyo, al filo de tu frontera flequillo y tu frontera esfera, de ese espacio en donde empezaba tu territorio y comenzaba el mio. Toc toc. Sentia que todos los puentes tocaban por fin tierra y sin embargo aun faltaba uno, faltaba el principal. Toc toc. Solo podia esperar ese lazo de tu parte, soga para abordar, estribo para subir, señal que acabase con todo. Solo podia esperarte. Mientras esperaba recorde unas palabras entre Maria y Castel: "muda y ansiosa" ¿acaso no estabamos ambos mudos y ansiosos, esperando sin esperar pero en todo caso sabiendo, sabiendonos como rodeados por algo que era el juego y que poco a poco nos enrollaba y en el enrollarnos perdia su velocidad, se coagulaba y se configuraba en lo que poco a poco seria una figura, una forma, una estatua? Por fin levantaste la cabeza y me miraste. Me mirastes oblicuamente, como si miraras algo por detras o por debajo de mi. Cuando nuestros ojos encontraron te dimensionaste. Epifania,  Descendiste desde el cruce de miradas. Aterrizaje ontologico de tus ojos y tus labios, de tu pelo y tus hombros, de tu verdadero peso y dimension, torbellino en el que te plantabas ante mi en toda tu trivial insignificancia, en tu belleza mundana de mujer que busca libros. Inconcientemente, como siguiendo un mandato de alguien que estuviese detras o debajo de mi mismo, me lleve la mano a la cintura.
-¿vale la pena llevarmelo? -Me dijiste. Entonces hablamos, entonces es cierto que habiamos hablado. Yo dije que por supuesto que si, que era un buen libro, uno exelente entre los buenos, y mientras te lo decia me acercaba un poco mas, siempre un poco mas mientras te decia noseque sandeces sobre Thomas Mann, sobre su Nobel de 1929 o sobre su ascendencia Carioca, siempre acercandome con la fria conciencia del reptil, con la mano ligeramente cerca del cinto y con la especulacion de la vivora o la tarantula, mientras vos me escuchabas con expresion divertida o tal vez burlona, pero sea lo que fuese siempre inconciente de estar siendo rodeada. Se que no te diste cuenta.
¿Como, si te hubieras dado cuenta, hubieses hecho lo que hiciste entonces? ¿como fue que me quitastes el libro de la mano, como fue que me diste la espalda?
-Voy a la caja - dijiste. Recuerdo que lo dijiste. "Voy a la caja". Cuando mi mano se aferro a tu hombro me di cuenta que habia algo, Maria. Casi no supe que era cuando tu cara se dio vueltra entre confundida y asombrada, y ni siquiera lo descubri en ese instante de fugaz pero intenso terror en tus ojos, producto de verme el cuchillo en la otra mano. Tu hombro desnudo bajo mi mano era algo como una apoteosis, como el peso de ese ultimo puente que bajaba y nos liberaba a ambos, a ambos pero sobre todo a vos que ya recibias incredula la primera puñalada en las costillas, pececito o corderito, ovillito de incredulidad (en efecto, quien hubiese pensado que en una libreria y con un libro de Thomas Mann en la mano, casi imposible de aceptar por la rapidez, ect). Fue instantaneamente un grito ahogado por el dolor y la contraccion de la segunda puñalada, caracol retrayendo las antenas, huyendo de las puñaladas demasiado lentamente hacia la casita, hacia una casita-caparazon a la que nunca llegarias, a la que te esforzabas en llegar con un nuevo grito que expresaba no solo terror, sino tambien furia y algo de asco. Con ese asco intentabas justificarte, intentabas una defensa metafisica contra la puñalada que te cortaba el escape y la pantorrilla, y entonces comprendi de que se trataba esa sensacion de absurdo que me habian provocado tus ultimas palabras. Ibas para la caja. Ibas para la caja, para la caja, efectivamente. Una puñalada tras otra, e ibas para la caja. "Tu Parles", pense mientras bajaba el brazo por ultima vez.
Irias definitivamente a una caja, porque es lo que corresponde a todo maniqui bien terminado. Al menos te llevarias un buen libro, un libro exelente.