6 jul 2012

Cafe con leche y Medialunas

Iba caminando distraído por calle corrientes. La misma, la idéntica calle Corrientes. Eso ya casi no era la calle, era una sucesión de edificios dispuestos siempre en el mismo orden, de modo que si se ve un edificio, se sabe que edificios habrá desde ese hasta el obelisco o hasta el río, y para el otro lado, hasta callao. La misma sucesión exacta de la misma secuencia. Así como uno mas uno da dos, y después de 2 viene 3 y que si digo 2, presupongo necesariamente 1. Ningún cambio era posible, todo esta medido, seccionado, nominado, establecido en una exacta coordenada cartesiana. Puedo contar las fachadas, y divertirme descubriendo que si cuento de uno a diez, para volver a empezar de uno, si comienzo a contar desde “El Gato Negro”, yendo para el lado del río en la vereda impar, hay 3 heladerías que son numero 7 y 3 quioscos que son numero 8. Las librerías suelen caer en 3 y 5. Las baldosas. Hay que caminar de modo que cada paso saltee una baldosa. A veces para lograr esto hay que alargar o acortar los pasos. Odio las baldosas de perímetro chico, lo obligan a uno a dar muchos pasos cortos y queda entonces ridículo, como un pato o un juguete a cuerda. Hay tanta gente caminando por corrientes en todo momento que por suerte nadie se fija en el tempo de un solo caminante.  
Calle Corrientes y que aburrimiento. Que aburrimiento y que frío, y que hermoso y lleno de pelos mi sobretodo negro. Un animal lleno de pelos blancos y grises, un ser oscuro y enmarañado. Las alas de mi sobretodo negro son como las alas de un cuervo, ondean con el viento y las manos en los bolsillos son manos felices. Camino dos cuadras pasando Paraná, y en cada esquina amagaba a doblar, pero alguna fuerza me mantenía erecto, sonámbulo, por la calle corrientes, como si paradójicamente Corrientes fuera una corriente de algún río, una corriente eléctrica o energética que de moto automático juntaba a esos miles de autómatas en dos carriles y los hiciese caminar a izquierda y derecha hasta que alguno pudises en un acto de fe o de horror increíbles, apartarse del magnetismo que los atraia, del poder centrifugo y malefico de esa cascada. Que frio y en vez de eso, tal vez fruto de un impulso irracional, viro violentamente y se precipito en una de las calles paralelas. Hizo media cuadra y se metio en un café que cualquier otro hubiese pasado de largo. Que suerte salir de calle Corrientes, de se endemoniado vaiven que a uno le da calor hasta en estos dias en que hace tanto frio, Frio aunque lleve uno puesto un sobretodo negro de alas de cuervo. Que cafe roñoso este, che. Dios mio, maldigo a esos perros que cerraron la Richmond. El Gato negro y la Giralda quedan sobre Corrientes, pero no quiero volver a Corrientes y se acabo. Esas librerias son mi Circe. Me atraen mas que la calle misma. La cosa es que en las librerias uno no se puede sentar ni puede tomar café. Que pena.  Al entrar, sacudio nerviosamente las solapas del viejo sobretodo que llevaba, a la vez que lanzaba rapidas y convulsivas miradas al interior del cafe. Amago ir hasta la barra, pero al final se sento en una de las mesas chiquitas que tenian vista a la calle. Que lastima, una lastima, no es el cafe Cordoba ni el Ouro Preto. 
 -Mozo - llamo una vez que se habia instalado al sobretodo en una silla y a si mismo en la otra - me da una carta por favor. En vez del mozo, que parecia ocupado en una conversación con el tipo que estaba detrás de la barra, el dueño o tal vez el encargado, acudio con una carta una rubia bajita y graciosa, de pelo planchado y uniforme de mesera. Le entrego la carta con un “Buenas tardes” y se fue a atender una mesa en donde dos viejitos que acababan tambien de entrar pedian una botella de moscazo y soda. De uniforme, mira. Bordo y negro, que elegante. Un pajarito demasiado lindo para este bar tan feo. Y que buen culo para ser tan bajita, hay que ver. Veamos. ¡Uff! Como odio estas cartas pretenciosas de tipicos bares pretenciosos pero desagradables. Que piojos resucitados. Tipico, uno ve la tapa y la contratapa de simil cuero, auspiciada por alguna bodega, solo para abrirla y ver 2 o 3 hojas de mierda afoliadas en donde no solo ofrecen lo comun o hasta lo basico, sino que a unos precios que parece que fuesen El Tortoni o el Café La Paz. Como si una tapa barata de simil cuero justificara todo lo que de hipocrita tiene este lugar. ¿Sera tarde para levantarme e irme? Puedo irme a la plaza congreso, a ver a las palomas, y
- ¿Va a pedir algo señor? – La moza habia reaparecido. Tenia una bandeja metalica en una mano. Es curioso que con la misma mano sostuviera tambien la carta, teniendo la otra libre.
- Un café con leche con medialunas-. Respondio, cerrando rapidamente la carta y extendiendola hacia la mesera. La rubia pigmea recupero el menu con presteza y se retiro a la vez que respondia “Un café con leche y medialunas entonces”. Se quedo mirando la mesa, perdido en un fastidio evidente.
Que le voy a hacer, algo tengo que pedir. Quince pesos no es tampoco un mal precio. Una taza, un café con leche, una triada de medialunas. Una triada, como las Gratias Graeci. Pienso que si me levanto y me retiro no pasaria nada. Pero el sobretodo. Que desdoblarlo, que cuidar que no pierda ni una pelusa, que zambullirme dentro, que salir caminando como un espantapájaros lleno de pelusas… no, es demasiado tiempo. Mejor voy a pagar ahora. Si. Dejo la plata sobre la mesa y le digo “Cobrese”. Espero 5 minutos, por que no es cosa de tampoco ser descortes, aunque el café sea una mugre, y me voy. Parecia mascullar algunas cosas en una voz baja rapida y prácticamente inentendible para cualquiera que no lo estuviese observando deliberadamente. Al cabo de unos cinco minutos, la mosa reaparecio con la misma bandeja metalica, pero en forma horizontal esta vez, y sosteniendo una taza y un par de medialunas, la cual deposito sobre la mesa al cantito de “un café con leche con medialunas” (un poco burlon creo yo, pues no se puede mostrar entusiasmo al dejar una bandeja si uno trabaja de dejar bandejas todos los dias). La mesera noto que el pago estaba ya sobre la mesa en la forma de un montoncito de billetes arrugados de dos pesos. Sin dejar de mirar la mesa, dijo:
- Cobrate por favor. El cambio queda para vos.-
- Gracias.- La mesera tomo el puñado de billetes y tras un somero conteo que consto de pasarse cada billete de una mano a otra (y de guardarse uno en el bolsillo) fue hacia la vereda aparentando ir a atender una mesa. Digo aparentar por que las 2 mesas que estaban en la vereda estaban desiertas, por lo que me imagino que aquella blonda querría o fumar un cigarrillo o hablar por teléfono.
- “Gracias. Que cinica hija de puta. No hacia falta decirlo con tanto desprecio. Eso me pasa por tener un gesto con la gente. Aunque un peso no valga hoy dia nada, un gesto deberia valer lo mismo siempre, sin importar el valor monetario del mismo, que es un mero simbolo del valor emocional del gesto. Pero la muy estupida se fijo en la cantidad de la propina y no en los motivos que la propulsaron. Es linda pero estupida esta chica. Si no, no me explico como no respondio gentileza con gentileza, che, que las sonrisas no cuestan tanto.  Se quedo mirando el plato en donde estaban las dos medialunas, con una expresión que primeramente me parecio vacia pero que luego note que era concentrada o re concentrada, e iba de las medialunas, con expresión incredula, hasta la taza, con intenciones socarronas. Esto ya es demasiado, ¡que poca vergüenza tienen algunos!, y es de no creer que algo como esto pueda pasar aquí, en pleno microcentro de Buenos Aires. ¿Qué pensarian los turistas de esto? Bah, esos gringos y cariocas no tendrian problema, lo mismo les da de grasa que de manteca, siempre y cuando tenga la palabra “Tango” encima. Me los imagino entrando a un baño publico en donde sirven café, siempre y cuando se llame “Cofee Tango” y tenga en la entrada una bandera argentina, unos mates dibujados, ect. Se habran pensado que soy un loco o algun estupido, la rubia esta, se habra pensado, le habra dicho al mozo o al encargado: “Este es un loco o un estupido, por lo que no son necesarias las tres medialunas, podemos servir simplemente dos”. Pero no, señorita de buen culo y uniforme, yo puede ser que no sea un genio, pero tampoco soy un turista. Se dio entonces que la moza volvio a aparecer desde el fondo, dirigiendose nuevamente, sin apuro, hacia las mesas de afuera. Esto fue notado inmediatamente por aquel, que la intercepto con la mirada. Fruto quizas de una extraña magia, la moza detuvo la marcha.
- Srta, disculpeme – Comenzo diciendo con calma pero con turbación. – que la moleste, pero yo pedi la promocion del café con leche con medialunas. Con medialunas en plural, y mire usted, parece que les ha faltado traer una. ¿ve? – Y mientras decia esto, tomo el plato con las medialunas y lo coloco delante de los ojos de la moza, que al advertir el punto que marcaba el cliente, mostrose rapidamente fastidiada, casi hasta la indignación. Fastidada, que indignación fingida, se piensa que voy a retractarme, a no luchar por lo que la logica, la cultura y el deber me imponen, que le voy a decir “No, deje, no dije nada, valla tranquila”
- Disculpeme usted – contesto la Moza – yo no preparo los pedidos, eso tiene que hablarlo con el cocinero o con el encargado, yo solo traigo las cosas desde la barra, ¿sabe? – Y la pregunta retorica fue acompañada de una sonrisa que intentaba mantener viva la posibilidad de una futura propina, habiendo olvidado quizas que ya se habia cobrado la mesa. – Ademas – Continuo – El combo viene siempre asi, con dos.
- No, señorita, disculpeme usted nuevamente pero, como usted bien sabe, ese siempre no puede ser siempre, sino tal vez solo ahora, y a lo sumo le aceptaria un “últimamente”, supossitio personalis, srta. Yo comprendo la situación del pais, señorita, no crea que no comprendo las crisis y los aumentos. Todos los tenemos, pero no todos reducimos las medialunas asi, sin vergüenza. No no no, por favor le pido, no se excuse. Yo tambien sufro aumentos y disminuciones, yo tambien necesito mantener mis margenes de ganancia, y uno de esos margenes, dejeme decirle (uno muy importante) es el asunto este de las medialunas. Comprendera usted a la horrorosa perdida a la que me enfrento cuando, manteniendo mi inversion, veo disminuido mi capital medialunesco de masa y azucar en un 33,3% con indice periodico. Imaginese si yo estableciera que ahora quince pesos no son tres billetes de cinco sino dos, ¿no le pareceria ridiculo? ¿No creeria entonces que yo me he vuelto loco o que le estoy tomando el pelo?. ¿No le parece?.
La moza habia perdido para entonces mucho de su calma inicial, y nerviosamente intentaba justificarse con sonrisas y asentimientos, a la vez que respondia cosas como “Es comprensible, señor”, “Lo se, pero entienda usted que”, “Disculpeme, pero eso no me parece de tal modo”, “Piense que, Vea que, considere que”, Ect. A cada negativa, aclaracion o rectificación de la moza, que sostenia pensionadamente la carta contra sus muslos, el hombre, con cierta monomania, replicaba con grandes demostraciones verbales y logicas, las cuales acompañaba con gestos y ademanes que parecian concluir o reforzar puntos argumentativos cruciales, gestos tales como levantar el dedo indice hacia arriba, o asir un punto en el aire, o señalar un punto cualquiera en la mesa como si este punto fuese el aspecto determinante y final de un argumento. La mesera no habia hasta entonces levantado la voz, y gracias a ella la discusión se habia mantenido en un nivel de voz normal, de modo que ninguno de los clientes se habia percatado aun del litigio por la medialuna. Callose entonces y, respirando profundamente a la vez que llevaba su pelo platinado hacia atrás, miro al cliente con una expresión de resignacion
- Señor, vuelvo a repetirle que yo solamente tomo los pedidos y asi como los escribo, los entrego. Usted pidio la promocion de café con leche con medialunas, y exactamente de ese modo yo lo ordene en la barra. Vea que en la carta no especifica el numero de medialunas, y yo no ordeno jamas “dos medialunas” o “tres medialunas”, sino simplemente “un café con leche y medialunas”. La barra me pasa el pedido y yo sencillamente se lo traigo a usted y luego le cobro. Este yo de acuerdo o no con usted sobre el detalle de la cantidad debida de medialunas y la cantidad real, vera que no tengo yo culpa alguna a la vez que no puedo ayudarlo, pues ni decido de antemano la cantidad de medialunas del pedido ni puedo agregar mas medialunas una vez tengo tal pedido, puesto que, por si no lo sabe, las medialunas estan en la cocina, como todo comestible, y a mi no se me permite la entrada. Dejeme explicarle que la decisión acerca de este punto tan delicado no me corresponde a mi, sino al encargado. Quizas el mozo, al que le emiti el pedido, halla confundido el mensaje. Habria que acudir a el para saberlo. Respecto de la devolucion del importe correspondiente a una medialuna, sepa que eso es tambien del todo imposible. Vera: Yo sencillamente tomo la cuenta, la cual me entrega el encargado, que es el que cierra las mesas, y se la traigo. Cuando usted paga, yo inmediatamente dejo el dinero en la caja, que como imaginara esta solo a cargo del encargado, sin que se me permita abrirla o tocarla siquiera.
- Señorita – respondio entonces el cliente – Ya veo que usted es en este asunto una victima casi (ese casi fue enunciado quizas con un acento de ironia o de burla) tanto como lo soy yo, por lo que no tiene sentido argumentar con usted sobre mi razon teorica sobre el asunto. Le pido por favor llame al mozo para que pueda hablar con el.
La moza, entonces, camino rapidamente hacia la barra y luego de apoyarse tranquilamente en ella, espero a que apareciera el encargado, el cual salio desde atrás de una bacha. Cruzo unas palabras con este y, luego de que ambos lanzaran una mirada rapida hacia el cliente, sencillamente se fue una vez mas hacia las mesas de afuera.  
Esta debe haber hablado con el encargado. Asi, sin mas ni mas, hablar con el encargado. ¿Por qué no habra llamado al mozo, la muy zorra, como le dije? No se por que no se podian resolver las cosas con el mozo, de hombre a hombre. Un mozo de ley puede saber y puede comprender cosas que una simple mesera no entiende. El mozo tiene codigos y tiene memoria, reconoce a sus clientes, no anda aparentando, no reparte sonrisas estratégicamente, como esta rubia. No. El mozo es siempre franco, malhumorado o alegre dependiendo del dia, como todos; Pero franco siempre. El mozo conoce su oficio y sabe, y no podria negarme, que las medialunas siempre fueron tres, y que estos empresarios modernos no pueden venir a destruir el arquetipo clasico del café con leche y las tres medialunas que apenan entran en el plato. El mozo, ¡pobre el que trabaje aca! ¡Que vergüenza debe sentir cada vez que lleva solo dos medialunas! ¿Cómo escapara a las miradas frias y de reproche de los que advierten la falta de respeto implicita, pretendidamente encubierta, cobarde? ¿Devolvera una mirada severa que intente salvaguardar su dignidad? ¿sera una mirada indiferente, como lavandose las manos de la locura del encargado? ¿O sera una mirada complice, condescendiente, que apoye al cliente a reclamar?. “Yo te entiendo, compañero. Estos imbeciles, estos empresarios y empleaduchos, estas lacras, no comprenden nada de las buenas costumbres y los codigos de la gastronomia.” Y si, claro que si. Por que una cosa es que suban los precios, eso todos lo entendemos. Otra cosa diferente es subir el precio y ademas restarle una medialuna. Eso es deformar el concepto, pasarse de la raya. ¡Y ademas esa idiota tiene el tupe de decirme que siempre fue así, que “siempre vino con dos”!.
El encargado se acaba de dar vuelta. ¡Esta apoyado en la barra, sin hacer nada, sin llamar al mozo, sin mirarme o hacerme una seña para que me acerque a hablar con el! ¡Que soberbio hijo de puta, tan importante se cree! “Si si, ya veo”, debe haberle dicho a la moza, “un cliente hinchapelotas, ¿que pesado este tipo no?. Vos anda tranquila nena, no le des bola. Si quiere discutir, que venga, yo no lo pienso llamar y, es mas, voy a darle la espalda para que vea lo poco que me importa una medialuna”. Si, veo bien que eso es lo que esta pensando el encargado. Me quiere ganar por cansancio, por absurdo, el muy rata. Me quiere dejar acá aislado, y que yo me canse, me confunda, recapacite, vea que estoy en falta, que estoy exagerando, y que una medialuna robada no es tanto, ya que esto se hace en varios sitios, piensa el, no yo, y el valor de una medialuna no es tan alto. Pobre idiota, esta completamente equivocado. Voy a quedarme aquí hasta el cierre si es necesario. O no, mejor no. Voy a darle a el diez minutos, no mas, para que recapacite y venga a aclarar esto. Si no, me levanto y voy hasta la barra.
Pasaron alrededor de 20 minutos, en donde el cliente se mantuvo en silencio, lanzando sonrisas y risitas calladas, mientras fingía leer holgadamente un diario que había secuestrado de una mesa vecina que estaba vacía. Cada tanto, lanzaba una mirada furtiva hacia la barra, quizás para vigilar lo que hacia el encargado. El encargado por su parte, solamente observo una vez hacia la mesa del cliente, y sin mostrar ninguna reacción, siguió mandando y recibiendo pedidos. El bar se había llenado bastante desde la llegada del cliente. Entonces, sin que medie ningún hecho externo como causa, el cliente se levanto, dejo el diario en la mesa, y con mucha calma y metodismo, se coloco nuevamente el sobretodo negro con el que había entrado. Abrocho los tres botones, desde abajo hacia arriba, y en un movimiento compulsivo, que constaba en alisar las solapas al la vez que se encogía de hombres para luego estirar la espalda, termino de acomodarse. El encargado estaba de espaldas verificando una porción de selva negra para cuando el llego a la barra.

- mi scusi signore – le espeto, con una graciosa entonacion, al encargado, el cual miro, no sin sorpresa, sobre su hombro.
- ¿Si?.. Ah... es usted. ¿Que desea? ¿Quiere algo mas, o quiere que la mesera le lleve la cuenta?
- Señor – comenzo, reprimiendo su indignacion, pero asegurandose de que cada palabra fuera lugubre y tuviese la dureza adecuada – creo que usted no esta informado. No solo no deseo nada mas, sino que la chica ya me cobro. Es decir, no quiero pedir nada mas de lo que pedi, sino que quiero exactamente lo que pedi. Sin nada de mas, pero tambien sin nada de menos. Y como lo que he pedido ya esta pago, seria mejor que sencillamente acceda a lo que ya sabe.
- ¿En serio piensa salir con eso? – dijo el encargado dandose vuelta y encarando de frente al cliente. – Sinceramente esperaba que no siguiera con el tema. Escuche la conversacion con la mesera, y luego ella me comento un poco. ¿Para que seguir con eso?. Dejeme que le confiese algo: Solo le pregunte si queria algo mas por cortesia. Cerre la mesa inmediatamente despues de hablar con la mesera, por lo que usted no esta habilitado a ordenar mas nada. Usted alega que el hecho de que el cafe con leche y medialunas ya esta pago, me obliga a mi a complementar el pedido, pues segun su opinion falta una medialuna. Pero si lo mira bien, vera que en realidad ese hecho, el que usted me halla ya pagado, no me obliga a absolutamente nada, sino todo lo contrario.
- No, no, me permitira el caballero interrumpirle, pero cuando uno entra a un bar y pide un cafe con leche con media..
- No – lo interrumpio el encargado – este caballero no le permite. Y no lo tome por una groseria, pero ya se lo que usted va a intentar explicarme: Que yo no tengo sentido comun, y que las medialunas siempre fueron 3, como 8 las porciones de la pizza y uno el vasito de soda del cafe. Pero ese es su error: Usted no se ha informado, no ha preguntado antes de ordenar, y ha presupuesto que este bar es identico a todos los demas. Usted nos ha prejuzgado, estereotipado, y a eso lo llama cultura, buen sentido, buen gusto, o parte de algun extraño e inexistente codigo gastronomico. Es verdad que soy de la nueva generacion.
- ¿Pue..
- No, no puede hablar con el cocinero ni con nadie mas, sepalo. Aqui el encargado soy yo, y solo respondo al dueño. El dueño, como ya se imaginara, no esta. Tiene varios negocios que administrar y aqui yo soy su hombre de confianza, soy el que toma las decisiones tanto sobre las medialunas como sobre los vasitos de soda. Si esos vasitos son de soda o de agua, si van o no galletitas de cortesia, si servimos la bebida antes que la comida o cuan caliente se sirve el cafe: Todo eso, señor, lo decido yo. Ahora, como le decia, usted ha prejuzgado, y ahora quiere que las cosas sean en orden a sus fantasias. Aqui las medialunas son dos, y valen tanto. Es verdad, como le decia, que yo no soy de la vieja escuela de gastronomos. Como ve, estoy de jean y zapatillas, no uso pantalon de vestir, chaqueta o zapatos. No soy como el mozo. De hecho, sepa que el mozo trabajaba con el antiguo dueño. Esta aqui por su experiencia, pero cuando nosotros hallamos aprendido de el todo lo necesario, el dueño tiene pensado hecharlo y contratar alguna pendeja linda, simpatica, que aprenda rapido y estudie por aqui cerca. No conozco, lamentablemente, tales codigos gastronomicos. La nueva escuela, de la cual el dueño representa un buen ejemplo, ven aqui un negocio: Y es simple, prestamos un servicio todo lo bueno que se pueda siempre y cuando no merme la ganancia. Eso es lo principal, por mas que se sacrifique una medialuna. Segun mi modo de verlo, usted ha ordenado, la orden ha sido transmitida correctamente, el cocinero la ha elaborado especificamente segun la orden, imagine si quiere cada palabra conviritendose exactamente en su correlato alimenticio, y luego esa orden ha sido llevada a su mesa y, consumida o no, abonada. No veo estafa, falla o falta. No lo hemos engañado, sino que lo hemos desengañado.
- Veo... – contesto ironicamente el cliente al notar la sonrisa burlona del encargado – veo que usted se divierte con esto, y que por lo tanto no tiene sentido de la responsabilidad, y dudo incluso de su honor y de su persona. Creo que tanto usted como el dueño son dos lacras, dos lacras inteligentes, eso si. Venderian a su madre por un chelin, y son capaces, por escatimar doscientos gramos de masa y un poquito de azucar,  de enemistarse con un posible cliente potencial, que a su vez podria volver a venir acompañado muchas veces en el futuro con muchos otros clientes, consumiendo no solo gran cantidad de medialunas y cafeses, sino tambien cervezas, platos del dia, postres... y usted, con su tan ingenioso combo de dos medialunas, no solo ofende al buen gusto, sino que ademas hace malos negocios. Sepalo. De un solo cliente puede depender el futuro de un establecimiento. ¿lo sabia? El boca a boca, un cliente vuelve con 5, previa recomendacion y alabacion de tal o cual lugar, los otros cinco van con expectativas y, si son colmadas, recomendaran cada uno a otros 5 clientes. Asi usted tiene treinta clientes potenciales cuando atiende bien a uno. Y esta cifra puede, dependiendo de su atencion a cada cliente, elevarse teoricamente al infinito, y digo teoricamente por que en el mundo el numero de personas es limitado. Pero ademas, considere lo siguiente: Si tantas personas comienzan a venir a su establecimiento, necesariamente se formaran relaciones entre ellas, no solo entre los grupos, sino intergrupales. Pues el hombre es un animal social por naturaleza, ni que decir de que tambien es politico y discursivo, sino mirenos, y es de pensar que si la misma gente sigue siendo bien atendida, continue viniendo con regularidad. De lo cual es casi necesario creer que se formaran lazos comunes en cuanto clientes del mismo Bar: Se desarrollara el hermoso sentido de pertenencia, el sentimiento de Elite de los clientes del bar tal. ¿Conoce ese sentimiento mistico y paternalista? Seguramente no, pues no es de la vieja escuela. Se dice que eso es a lo maximo que puede aspirar un bar. Cuando todos los clientes son habituales, y no hay sencillamente espacio fisico para los ocasionales y, cuando cada uno de esos clientes conoce la carta de memoria, la temperatura de cada mesa, y el nombre del dueño, entonces el bar se ha consumado, se ha realizado, ha alcanzado su perfeccion. ¡cuan lejos esta de eso este sitio, con sus engaños y su dueño sin nombre y ausente!. Ahora imagine no solo estas relaciones, sino ademas el surgimiento de relaciones espontaneas entre cliente y cliente o cliente y mozo o encargado. Dos chicos se conocen y enamoran en su bar, y claro esta, vuelven regularmente, no solo por la atencion sino por la cannotacion personal de tal o cual mesita, o hasta de su propia cara. Vuelven quizas para un Aniversario, para un cumpleaños, se quedan hasta tarde, piden sidra, postres. Si su clientela se incrementa, va a necesitar cubrir todas las horas del dia. Va a tener que tomar mas gente, quizas abrir otro local al lado o un piso arriba. A mas empleados, mas gente y a mas gente, mas posibles clientes en el futuro, mas relaciones, mas fama, mas renombre, y toda esa gente, que mas que gente es ya un ambito, un sequito, ¡su sequito, y uds son el sequito de ellos! un pour tous, tous pour un!¡Igualite, Fraternite et culture, mon ami!, y esas personas no permitirian que su bar cierre: Estarian dispuestas a luchar por ese sitio unico y personal,. Pues no lo ven como un vil proveedor de comida y bebida y sonrisas hipocritas, sino que, a la luz de la cultura, lo ven como un hito, como un punto de encuentro, como algo necesario para la perfeccion. Un bar con cultura hace un aporte a la perfeccion de un momento, un aporte que no depende de los precios o de la cantidad de medialunas, señor encargado, sino que depende de la identificacion. Identificacion provechosa tanto para su negocio como para los clientes, que se sentiran mas felices. ¿Ve usted a lo que me refiero? ¿Que dice entonces, verdad que una medialuna nos beneficia a ambos?
- Señor, no me malentienda. Comprendo su punto, no crea que soy tan tonto. No obstante, nosotros tenemos politicas. No nos gustan los clientes de su tipo, pero lamentablemente no podemos identificarlos de antemano, y hay que pasar por estas cosas. No se crea que usted no esta contemplado.Voy a explicarle el por que nos desagradan los clientes de su tipo, y despues espero que se retire del lugar. Dese por avisado. En caso de que a toda costa desee usted una medialuna mas, con gusto se la entregare yo mismo si abona el valor de la misma. Y ahora vea: los clientes como usted, gustan de reformar. No nos gusta que nos digan lo que debemos hacer o lo que debemos ser. El hombre es tambien un animal libre, mas libre que racional. Y prefiere hacer lo que le place por sobre lo que se le demuestra racionalmente bueno. ¿no lo cree?. Si fuese solamente una medialuna, no dude en que yo cederia, aludiendo a las ventajas que usted antes mencionaba. Pero los clientes como usted comienzan con cosas pequeñas y, si se les permite sus vicios y caprichos, luego no hay quien los detenga. Querra luego que los servilleteros no sean de plastico sino de metal, que las sillas de afuera no sean de plastico, que no usemos logotipos de marcas, que las mesas no tengan manteles, que usemos mas madera en el mobiliario, que por favor bajemos el volumen de la tele o que la apaguemos si es posible, que tengamos mas promociones, que la pizza lleve mas aceitunas, que aceptemos billetes de cien por cuentas minimas, que invitemos a los habitues copas y postres, que abramos en horas irrazonables ¡todas cosas nocivas para la ganancia, todas tonterias en nombre de la cultura! Si se les permite esto, querran mas, y llegara el momento en que falsearan tanto nuestro sistema que terminara el cliente siendo dueño, y el dueño cliente del cliente. Y eso, señor, es lo que no puede ser, lo que no queremos que sea. La igualité, como la llama usted, borra las diferencias, los limites, las...
Mientras el mozo decia estas cosas y otras parecidas, el cliente vio que la mesera habia vuelto a entrar al establecimiento, puesto que dos rubias que seguramente eran extranjeras se habian sentado en una mesita de dos. La moza, quizas olfateando una propina importada, se pavoneo hasta la mesa, y luego de tomar el pedido, fue hasta la barra. La palabra “medialuna” sono en el aire. Entonces, cuando la mesera paso con la bandeja que contenia un jugo de naranja, una medialuna y inusual porron de Heineken, el cliente tomo con desicion y rapidez la medialuna, y sin perder tiempo, ante la mirada atonita del encargado, se la guardo en el bolsillo del sobretodo. Todo ocurrio en un segundo. El cliente dio dos pasos hacia atras, y realizando un gesto de saludo con un sombrero imaginario, dijo mientras sonreia: - Adios, y al pueblo lo que es del pueblo.

Se fue entonces hacia la salida, por la que justo estaba entrando una pareja de viejitos. Les sostuvo la puesta y les dijo “Buenas tardes”. Estuvo tentado de advertirlos, “Miren, señores, que aquí lo estafan a uno. Vallan mejor a otro lugar y, si se quedan, no ordenen medialunas”. Pero no, no les dijo nada, y salio afuera, adonde estaba el frío, la calle y la gente. Y se perdió entre todo eso.

3 comentarios:

Lucía G. dijo...

Me hizo acordar al día de hoy, fuimos a un café con amigas, todas pidieron Submarino con tres medialunas de manteca. Yo, totalmente distinta, pedí un café Vienés con dos medialunas de grasa.
En el pedido vinieron, de pronto, todas medialunas de manteca. Lo primero que hice fue ir hacia el mozo y decirle "Disculpe, las del café vienés eran de grasa", simplemente me las cambiaron, pero claramente el rostro del hombre fue como "no pude haberme equivocado luego de trabajar tantos años en este café"... En fin, una anécdota que no sé si viene al caso.

Lucía G. dijo...

Me gustó mucho la manera de redactar algo que suele pasar en esos cafés así, de la zona no tan concurridos jaja.
Muy bien escrito, me atrapó totalmente, a pesar que se antemano sabía, que en cierta forma, todo iba a seguir igual. Porque la vida es así, en algunos momentos. Pocas veces se da un giro que cambia el rumbo total de las cosas.
Saludos!

Lucía G. dijo...

Quizás en unas entradas más próximas ponga algunas cosas en las que cambié.
Es más que nada un cambio en la forma de ver la vida, y de pararme frente a ella.
Saludos!