3 oct 2013

Elogio del reloj bolsillo

                                                     

Tengo un reloj de bolsillo, y es mucho mejor que una de esas horribles pantallitas de cuarzo, inmundamente frías e inmóviles. Mi reloj es plateado y pretenciosamente antiguo, y tiene agujas  que giran maravillosamente. Al igual que la mayoría de los de la especie de bolsillo, tiene la forma de un alfajorcito, y al certero impacto de mi dedo pulgar la tapa superior se abre como la corola de una amapola o como una ostra, ente menos romántico pero no obstante guardián de una perla, si se tiene suerte.
Claro que, en el caso de los relojes, estos no exhiben perlas, sino un precioso engranaje lleno de bellísimas rueditas de acero cromado, mundo de minúsculos contrapesos y de monadas inaprensibles que constituyen un mecanismo ajustable que, con el preciso cuidado y el paciente mantenimiento, da la hora de una forma tan soberbia y elegante que no se puede mas que aplaudir y exclamar “oh” y “ah”. Pura belleza de precisión matemática. Mezcla de ingeniería medieval y oscuros secretos alquímicos, parece que para construirlo se hubiesen reunido todo tipo de astrólogos y sabios.
La principal diferencia entre mi reloj de bolsillo y esos gélidos zombies digitales es que mi reloj es integra y esencialmente un reloj; No un reloj por accidente, por modo o por una pasajera necesidad, no señor: la relojidad de mi reloj no es una simple opción dentro de una paleta de funcionalidades igualmente accidentales, propia de ese desorden caótico llamado tecnología, que tantos adeptos ha ganado últimamente entre el vulgo, como no puede ser de otro modo con todo lo que, en esta vida moderna, esta impregnado de un increíble mal gusto. No. Mi reloj es enteramente reloj, con mayusculas. Todo su ser esta planeado, orientado y diseñado para dar la hora. Su ser es ser reloj, y esto es mucho decir. Mi reloj no es un bastarde, no es uno de esos vergonzosos hibridos (ver hybris, del griego, exceso, nunca mejor aplicado) de telefono, camara, licuadora, mejor amigo y tostadora. Gracias a dios mi reloj no es de esos rompecabezas ridiculos, sino un ejemplar de pura cepa. Cada pieza de mi reloj esta ensamblada de una forma nica, cada componente  forma parte de un engranaje unico, existente en un cosmos de regularidad que se expresa  en una circularidad infinta.
Ademas, vean que dentro de los relojes, no es uno cualquiera: Es un regalo, y dentro de los regalos, es el regalo de una mujer. No es cosa ahora de meterse con las relaciones entre el tiempo y el amor (ya exploradas por la literatura), puesto que es sabido que el tiempo es enemigo natural del amor, lo cual pueda clarificar de uno u otro modo el sentido del regalo, su signo. Para probar esto puedo decir que como el amor se funda y solo puede persistir en el instante, entonces el reloj, que solamente sabe de esperas y de recuerdos, donde los relojes siempre estan detenidos y por eso mismo naturalmente nadie los mira.
Porque, a fin de cuentas, ¿Qué es un reloj?. Un reloj es la representación del tiempo, y el mejor reloj es aquel que no solo represente de mejor modo al tiempo, sino aquel que sea, el mismo, una mejor representación temporal. Mientras pienso en esto, el tiempo corre. ¿Qué mejor representación del tiempo que el correr de las agujas, cuando el tiempo es, tal como lo entendian los antiguos, algo fundamentalmente asociado con la fluidez y con el movimiento?. Las pantallitas de cuarzo, tristemente planas y quietas (y mudas de todo tic y de todo tac) no llega a plasmar el verdadero transcurrir del tiempo. Sus minutos, meros cambios en palitos negros, dejan sin representar los restantes cincuenta y nueve segundos de cada minuto, para no hablar de las intercesiones entre esos segundos, que aunque imperceptibles para el ojo humano, no dejan de representarse por el movimiento del segundero en los verdaderos relojes. La representación digital es elitista, casi periodistica, amarillista: solo cubre los sucesos, sin prestarle atención al proceso, a la gestacion, al devenir. ¿Cómo explicarle a esa pantallita que el tiempo es un fluir constante de instantes inasibles, anidados indistinguible e infinitamente uno dentro de otro? Y que entonces, el movimiento continuo y omniabarcativo de la aguja segundero, izquierda derecha, realiza una mimica mucho mas honesta de la realidad ontologica de la sucesión, vulgarmente llamada tiempo.
Es cosa sabida (vox populi) que existen dos tiempos: el sagrado y el profano. Para nosotros, simples mortales, el unico tiempo en el que podemos existir es aquel profano. La eternidad no existe para nosotros mas que poetica o analogicamente. Nuestro tiempo es el devenir que se dice en pasado, presente y futuro.
La aguja, movil a la vez que simple, es una imagen simbólica de ambos  tiempos en uno: rueda y archivo historico, eternidad y sucesión, sucesión en la eternidad. La aguja es en ese instante en el cual gira alrededor del circulo parmenideo, el ser en si. Es el titanico esfuerzo humano por llevar registro de lo absoluto, por volver al infinito mensaurable.
Ahora bien, ¿es cierto que la aguja gira alrededor de los numeros? Veo entonces que la aguja esta quieta, completamente congelada, y que es el circulo  el que prodigiosamente  gira a  su alrededor, y  conforme a su giro los numeros varian lentamente  a su alrededor, y que el tiempo es la conciencia de la aguja sintiendo al circulo (la eternidad), no ya girar, pues eso es solo para la aguja, ser tristemente lineal, sino sencillamente rodearla, y entonces el tiempo es una vez mas, me parece, el transcurrir de la aguja alrededor del circulo, y su saberse en movimiento.
La aguja vacila y , resentida, se detiene. ¿Esta quieta? Nuevamente el círculo gira sin girar, ES. Todo fluye con un movimiento tan uniforme que es la inmovilidad misma, y entonces la aguja percibe nuevamente que ella es la única inmóvil en una eternidad que gira, y que al querer ser aprendida, una vez mas, inútilmente, por la aguja, se transforma en un redondel segmentado en números romanos con una aguja que incesantemente se mueve, que no ha dejado de moverse en el tiempo, sin por eso interferir con la eternidad representada en todo momento y simultáneamente por mi reloj de bolsillo.

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