"Es Lunes", dijste. Aunque primero me dijistes "no", y despues me miraste. Si, me miraste, y se ve que en mi cara hubo algo asi como un reproche, como un pedido de explicacion. Y te parecio estupido, lo se. El pedido te parecio estupido, o al menos exhasperante, un pedido innecesario, fuera de lugar. Al dia siguiente, mañana, dentro de unas horas, era Lunes, y yo lo sabia. Lo sabia o deberia saberlo, deberia haberlo sabido, porque tu cara hizo una mueca de cansancio, una cara de pocos amigos, y entonces me dijste, como explicandome, como refregandome en la cara no solo lo aplastante de tu razon, sino tambien el fastidio de hacertelo decir; "Es Lunes", dijiste, y esa era la causa del no.
Claro que era Lunes, estupida. Eso fue lo que pense, pero naturalmente no te lo dije. No te digo muchas cosas, y a veces lamento que no son aun suficientes las cosas que no te digo. Deberia decirte menos, cada vez menos. Y eso porque te conozco. Mientras mas te conozco, se que cosas debo ir callandome. Vos, en cambio, conociendome, conociendo mi aberracion por lo lunes, por los comienzos, por el numero uno y la unidad entera... Vos, justo vos, que conoces toda mi lucha, mi constante batallar contra ese hijo de Cronos, contra Cronos mismo, contra ese ferreo reiniciarse de las cosas, horrible eterno retorno de lo identico, identico retornar de lo horrible, horrible identidad de cada retorno... Y echarmelo en cara asi, no solo afirmando categoricamente su existencia con un "es", sino ademas, y esto fue lo que mas me dolio, anunciando su inminencia, porque mañana. Te juro que no esperaba una traicion asi.
Claro esta que o sos increiblemente cruel, un perfecto sorete, para hablar mas claro, o no sabes en absoluto lo que decis. Si, es eso: no tenes ni idea. Vos me dijiste que "no" y que "mañana es Lunes", pero en esas dos propocisiones hay varias cosas... Mas alla de que no hay conexion necesaria entre una y la otra, y por lo tanto la negacion queda incausada, sino y por sobre todas las cosas me sorprende lo categorico de tu segunda afirmacion.
Que arrogancia la tuya, que enorme poder de sintetis, un poder de sintesis terrible, comparable solo al de aquel profesor Filifor. Filifora, en tu caso. Condensar un inasible espacio de tiempo; pasar por encima asi nomas, sin miramientos, a tipos como San Agustin, para condensar un instante o varios (es imposible decirlo) dentro de una etiqueta llamada Lunes. Absurda manera de surfear sobre la nada, de crear el scalectrix, el devenir de la ruleta y del dado. ¿Acaso entendias lo que es necesario para que haya un Lunes? ¿Te dabas cuenta de la cantidad de pensadores, de siglos, de mentiras necesarias para un Lunes?
No, claro que no. No te dabas cuenta, no te das cuenta tampoco ahora. Imposibilidad. Eso es lo que en realidad estaba escrito sobre el porton del instante, y no sobre el camino. Sobre el Lunes esta tambien ese cartel: imposibilidad. Tambien esta en el infierno de Dante: imposibilidad. Aceptaria el Lunes de otros, pero no de vos. Evocas algo que no comprendes. Un misterio en el cual sos profana, en el cual no estas iniciada. ¿Lunes? Flatus Vocis! Puro nominalismo lo tuyo. ¿Y las consecuencias? ¿y las consecuencias, insensata? obsecuente. Que mañana sea Lunes acarrea detras de si todas las semanas y todos los dias del mundo, acarrea y trae a la realidad no solo todo el terrible pasado, con sus fechas conmemorativas y sus dias vividos al divino cuete, sino tambien todo el futuro estructurado, todos los horarios de entrada y de salida, todos los coches y barcos que parten, viajan y llegan, todos los ganadores de la loteria, todos los calendarios, todas las vidas que nacen con sus muertes a cuestas, todas las colas y esperas de tipo similar. Todo Borgeano pero muy cierto. Decir Lunes es una declaracion de principios, es implantar toda una cosmovision. Pero que sabras, que sabes vos de todo aquello, porque para vos mañana es Lunes y se acabo, religiosa y dogmaticamente todo se acabo. Habria que matarte o llevarte al loquero.
Es Lunes, dijiste, y esa era la causa del no, y yo senti entonces que mentias, que descaradamente mentias, que me tendias un lazo, una vil trampa. Lamentablemente y como siempre, la razon llego demasiado tarde; Lo descubri cuando ya no estabas (habias pegado un portazo para irte directamente hacia el Lunes) y yo, ya solo, tirado en el colchon y mirando al techo, dejaba caer la vista en el humo del cigarrillo, distraido por las formas siniestras que dibujaba: Era todo al revez. Primero y Principal, en el principio, fue el No. Siempre habia sido el No. Vos habias dicho que que No, que tristemente No, que un No categorico, determinante, nihilista. Que No, y como que No, y no a pesar del No sino por el No mismo, mañana era Lunes. Mañana es Lunes porque No.
"La duda nace del no estar conforme. El ser que duda es el disconforme, y las dudas que valen la pena son las dudas surgidas de un pensar profundo, conciente e inconciente. Lo que quiere estar donde esta y esta conforme con ello, ese, ese no duda... ¡Ese no se permite dudar! ¡Ese más bien quiere creer! Así pues, los filósofos tienen que ser por fuerza personas disconformes y criticas. Esa incomodidad es lo que Exhorta al movimiento." (D.O.D, Prologo)
15 jul 2015
13 jul 2015
La realidad es una pelicula clase B
Juan caminaba por las calles. Caminaba y caminaba, como buscando algo. Buscaba una salida, pero detras de cada esquina, otra calle comenzaba. Siempre habia otra calle, otra esquina, otro semaforo. Nunca una salida.
"Busco una salida", penso Juan; Pero mientras lo pensaba se reia, porque una salida a que, ¿no? Era absurdo y era lo mismo caminar que buscarla frente al televisor o en la cama de algun hospital, en la barra de algun bar o en la silla de cualquier despacho.
Ahora se daba cuenta, como tantas otras veces antes, que todo lo que uno (bueno, no cualquier individuo, pero el si) podia hacer era, de un modo u otro, buscar una salida.
Buscarla caminando era un derroche instintivo, un lujo vital, un beneficio del filosofo o del mendigo, que para el caso era lo mismo. Enfilo derecho por una avenida amplia e iluminada, notoriamente centrica. El aire era frio y humedo, y aunque la lluvia habia parado hacia dos horas, flotaba en el aire una neblina blancuzca, que en juego con el alumbrado de los faroles le daba al cielo un aire irreal. Los aleros de los comercios lo guarecian de las gotas de lluvia que ocasionalmente se desprendian de los arboles. Juan iba pegado a las paredes, como un bicho o un soldado de trincheras. Enfundado en su gabardina raida, escuchaba sus pasos sobre la acera desierta. Las luces que emergian, automaticas y ciegas, desde el interior de las cortinas de hierro, le hacian pensar en cementerios o en museos. Su sombra iba solitaria por delante, marcandole el paso. Aquello era sencillamente perder el tiempo, perderse de todas las cosas y de todas las personas. Pero, ¿que otra cosa podia hacer? Era un dia especifico de la semana, era una hora especifica de la noche. Todo el mundo tenia algo que hacer en ese momento, todo el mundo tenia algo que hacer al dia siguiente. ¿Adonde ir? Cualquier sitio en el que apareciera, irrumpiria en un orden ya fijado con anterioridad, preestablecido, causaria esa incomodidad bien disimulada por los amigos; No habria que hacer ni de que hablar, y al cabo de dos horas estaria sintiendose verdaderamente miserable, para luego escarparse con la mas espontanea de las excusas, seguramente inventando algun pretexto inexistente. Notable paradoja aquella de que la causa de la compania sea tambien la excusa para la soledad. "Exelente frase", penso Juan. Claro que a esa hora cualquiera era poeta. Gran cosa, gran cosa.
Aunque por otro lado la cosa estaba tan mal. En cierto modo, en el mas cierto y honesto de los modos, no habia nada mejor que esa madrugada de vacio absoluto. Al menos era preferible esa angustia, casi un lujo, y no la otra, la de la jaula, la de los dias y los horarios encadenados, estructurados como en una via, días - durmientes, meses- folleto, años - programa, vida - carta de restaurante. Mejor eso que la libertad de gondola, que los momentos anudados sobre la misma soga, cual cadena deductiva que, aceptadas ciertas premisas pequeñoburguesas, le permitia saber a la gran masa de la humanidad en donde estaria al dia siguiente, en que cementerio seria enterrada o el nombre que tendrian sus proximos hijos.
Y mientras se perdia en esos razonamientos circulares, avanzaba en linea recta por la avenida, como un heroe de novela negra. "Ahora salen de ese callejon dos maleantes. Uno lleva pistola y el otro una navaja. Derribo al de la pistola de un puñetazo rapido, y el de la navaja huye. Lo sigo a distancia hasta un edificio de departamentos.". En esa parte del cuento decidio que tenia hambre.
Hambre. Una causa perdida, el hambre. Lo era desde hace siglos y seguiria siendolo mientras el hombre fuese hombre, o al menos hasta que los sueños de socialismo utopico que Bakunin, Kropotkin y el mismo compartian no se plasmasen, magicamente, sobre la tierra. Pero, en todo caso, era una causa perdida a esa hora de la noche, porque mas alla de los tres billetes sucios que albergaba en el bolsillo de la gabardina, estaba el principal impedimento de que el bodegon mas madrugador abriria en no menos de tres o cuatro horas, y Juan tenia hambre en ese momento. La lluvia comenzo nuevamente, como una confirmacion de la imposibilidad, de lo absurdo de todo aquello.
- A mi deberian de matarme en este mismo instante- mascullo Juan, mas para si mismo que para cualquier otro. De todos modos, era imposible. Imposible que me maten primero porque esta calle esta absolutamente desierta, parece mentira que de dia no se pueda ni caminar. Pero ademas imposible porque soy yo, y a la gente como yo nunca le pasa nada. Yo soy como un personaje de Perec. Algo asi como un fantasma. Vivo otras emociones, otras aventuras. Nunca me tocan los peligros de la clase media: nunca me enfermo, nunca tengo accidentes de transito, no sufro robos ni estafas.
Juan se paro en una esquina bastante iluminada, en donde la avenida cortaba con otra avenida. Mirando en angulo de la esquina, penso que era fantastico lo redonda que era. Lastima que estuviera enmarcada en esas porquerias metalicas, especie de barandillas inutiles, como si el cordon no diese a la calle, sino a un precipicio. Pensandolo mejor, era como una confirmacion de su teoria. La calle, el espacio, era el vacio. Vacio bastante bien estructurado, vacio funcionalmente subdividido, pero vacio al fin, no cabia engañarse. ¿Para que, ademas? Y asintiendo a su propia idea, estupidamente conforme con la tautologia, Juan se recosto en la barandilla y encendio un cigarrillo.
- Totalmente de novela negra.
Al cabo de algunos minutos, que tan vez eclosionaron en hora, Juan sintio un lejano clocleo sobre el asfalto, y al cabo de unos minutos tuvo delante de si a una chica joven, pobremente vestida, groseramente provocadora. Le ofrecia, segun entendio, los servicios habituales. Era logico, a esa hora y en una esquina demasiado iluminada.
- ¿Tenes departamento? - pregunto Juan
- No. ¿vos?
- Si, pero no es por la zona, y no tengo auto. No creo que quieras caminar cinco quilometros.- Ante el silencio de la chica, agrego - En todo caso, aunque quisieras, despues de caminarlos yo tendria ganas mas bien de irme a dormir.
- Aca a media cuadra hay un hotel - dijo la chica - Si te parece vamos ahi.
Juan la miro por un instante. Era una chica joven, andaria por los ventitantos. Estupidamente teñida, con esa (falsa) sensualidad popular de lo platinado. La ropa no le quedaba bien. La realidad era una pelicula clase B.
- ¿No tendras por casualidad algo para comer? - solto Juan. La frase se le antojo estupida, y le quedo como dando vueltas. Incluso creyo escuchar algo asi como un eco de su pregunta, rebeverando metalicamente contra los carteles de neon. La chica lo miro con algo que no de decidia entre incredulidad y fastidio. Ahora es cuando me suelta alguna asquerosidad, penso Juan. Seguro me manda a la mierda, fija.
Juan se quedo con el cigarrillo en la boca, esperando la puteada que nunca llego. La chica simplemente se dio vuelta y desaparecio doblando la esquina. Bueno, era una lastima que no tuviera. El conjuntito plateado con la campera de jean era algo ridiculo pero que de algun modo encajaba. Si venia al caso, su gabardina pulgosa y su blue jean raido, que a fuerza de lavarropas mas que blue era de un grisaceo indefinible, eran tambien ridiculos pero adecuadisimos para la situacion. Juan se descubrio entonces lamentandose un poco por su negativa. Todo daba igual, y entonces tambien daban igual los billetes arrugados y humedos, igual daba gastarselos en comer que regalarselos a una chica a cambio de lo que alcanzase, aunque no fuera mas que una lamida de pija, que mas daba. Al menos le quedaban cigarrillos, y la vista de la esquina le gustaba. Era luminosa y gris, salpicada de varios charcos. Si miraba los charcos, juan podia ver el reflejo de los balcones y de las ventanitas de los edificios. Siempre que caminaba, lo hacia o mirando al suelo o mirando a los pisos altos. Era increible como de algun modo, por aglomeracion urbana o por magia cabalistica, los pisos superiores de los edificios sobrevivian al progreso y a la publicidad. Entonces resultaba que arriba de una infame tienda de ropa de moda se alzaban, como torreones de un castillo, innumerables ventanas grises, llenas de balconcitos o rejas metalicas. Otras veces, si uno alzaba la vista y aguzaba la vision, podia ver, por ejemplo, en lo mas alto de la fachada de un banco, como una pared mas antigua, de color indefinible, se alzaba por detras del reboque nuevo, por encima de los carteles publicitarios, evocando otras epocas; Era como si detras de esa Buenos Aires, que el odiaba,hubiese otra Buenos Aires, mas antigua y por lo tanto verdadera, que el desconocia y por lo tanto temia, pero al menos eso era algo, era el principio de algo.
Mientras pensaba esta otra ciudad, intentando conectar en su mente esos puntos de acceso, forjando en si mismo la ciudad, volvio a escuchar un clocleo, un taconeo que se acercaba, sin prisa y sin pausa, por la misma esquina por la cual la chica habia desaparecido. "Seguramente una compañera", penso Juan. Seguramente la anecdota del "¿tenes algo para comer?" habia ido de boca en boca, y seguro ahora mismo alguna otra chica, tal vez con mejores dotes de persuasion o al menos mas confianza, venia a probar suerte o al menos a reirse un poco. Tal vez venia solo a mirar, a mirar porque estaba siempre eso de ver para creer. Juan le dio la espalda a la esquina, recostandose contra el umbral de un edificio de departamentos. No tenia ganas de repetir la escena. Entonces escuchio una voz conocida.
- Toma- dijo la voz. Juan se dio vuelta y vio a la chica, con campera de jean y conjunto plateado, la expresion ausente, la mano extendida y, al final de la mano, una bandejita de plastico que contenia, aun caliente, una porcion de arroz con azafran y menudos de pollo. En silencio, Juan tomo la bandeja.
- ¿Como dijiste que te llamabas? - pregunto.
- No te dije - respondio escuetamente la chica, mirando ya para otro lado. Juan tenia la bandeja con una mano, con la otra el cigarrillo. Sin saber por que, miraba a la chica. Buscaba sus ojos, un encuentro de miradas. ¿Para que? imposible saberlo. No habia nada que decirle, y era una suerte que ella tuviese la pericia o el desinteres de mantener la cara volteada, mirando el suelo o algo en la otra cuadra, porque si ella lo hubiese mirado, no habria sabido que decirle, nada que decirle salvo un insustancial gracias. Y sin embargo, seguia ahi parada, no se iba. Habia hecho el amague pero seguia parada al lado suyo, lo suficientemente lejos como para impedir la vinculacion, pero lo suficientemente cerca para permitir el cuadro. "Claro, esta esperando a que coma" penso Juan. El arroz con menudos se enfriaba, y Juan opto por darle succesivas pitadas al cigarrillo. La chica le echo una o dos miradas, con autentica curiosidad. A la tercera mierada, sus ojos se encontraron. Como queriendo dar una explicacion, Juan sonrio y alzo el cigarrillo. La chica tambien sonrio. Sonrio y alzo las cejas.
- Hace lo que quieras- dijo la chica, justo antes de darle la espalda y desaparecer nuevamente.
Cuando la chica se fue, juan tiro el cigarrillo y, mientras lo apagaba con el pie, probo un primer tenedorazo de arroz. No estaba mal. No estaba nada mal.
-
"Busco una salida", penso Juan; Pero mientras lo pensaba se reia, porque una salida a que, ¿no? Era absurdo y era lo mismo caminar que buscarla frente al televisor o en la cama de algun hospital, en la barra de algun bar o en la silla de cualquier despacho.
Ahora se daba cuenta, como tantas otras veces antes, que todo lo que uno (bueno, no cualquier individuo, pero el si) podia hacer era, de un modo u otro, buscar una salida.
Buscarla caminando era un derroche instintivo, un lujo vital, un beneficio del filosofo o del mendigo, que para el caso era lo mismo. Enfilo derecho por una avenida amplia e iluminada, notoriamente centrica. El aire era frio y humedo, y aunque la lluvia habia parado hacia dos horas, flotaba en el aire una neblina blancuzca, que en juego con el alumbrado de los faroles le daba al cielo un aire irreal. Los aleros de los comercios lo guarecian de las gotas de lluvia que ocasionalmente se desprendian de los arboles. Juan iba pegado a las paredes, como un bicho o un soldado de trincheras. Enfundado en su gabardina raida, escuchaba sus pasos sobre la acera desierta. Las luces que emergian, automaticas y ciegas, desde el interior de las cortinas de hierro, le hacian pensar en cementerios o en museos. Su sombra iba solitaria por delante, marcandole el paso. Aquello era sencillamente perder el tiempo, perderse de todas las cosas y de todas las personas. Pero, ¿que otra cosa podia hacer? Era un dia especifico de la semana, era una hora especifica de la noche. Todo el mundo tenia algo que hacer en ese momento, todo el mundo tenia algo que hacer al dia siguiente. ¿Adonde ir? Cualquier sitio en el que apareciera, irrumpiria en un orden ya fijado con anterioridad, preestablecido, causaria esa incomodidad bien disimulada por los amigos; No habria que hacer ni de que hablar, y al cabo de dos horas estaria sintiendose verdaderamente miserable, para luego escarparse con la mas espontanea de las excusas, seguramente inventando algun pretexto inexistente. Notable paradoja aquella de que la causa de la compania sea tambien la excusa para la soledad. "Exelente frase", penso Juan. Claro que a esa hora cualquiera era poeta. Gran cosa, gran cosa.
Aunque por otro lado la cosa estaba tan mal. En cierto modo, en el mas cierto y honesto de los modos, no habia nada mejor que esa madrugada de vacio absoluto. Al menos era preferible esa angustia, casi un lujo, y no la otra, la de la jaula, la de los dias y los horarios encadenados, estructurados como en una via, días - durmientes, meses- folleto, años - programa, vida - carta de restaurante. Mejor eso que la libertad de gondola, que los momentos anudados sobre la misma soga, cual cadena deductiva que, aceptadas ciertas premisas pequeñoburguesas, le permitia saber a la gran masa de la humanidad en donde estaria al dia siguiente, en que cementerio seria enterrada o el nombre que tendrian sus proximos hijos.
Y mientras se perdia en esos razonamientos circulares, avanzaba en linea recta por la avenida, como un heroe de novela negra. "Ahora salen de ese callejon dos maleantes. Uno lleva pistola y el otro una navaja. Derribo al de la pistola de un puñetazo rapido, y el de la navaja huye. Lo sigo a distancia hasta un edificio de departamentos.". En esa parte del cuento decidio que tenia hambre.
Hambre. Una causa perdida, el hambre. Lo era desde hace siglos y seguiria siendolo mientras el hombre fuese hombre, o al menos hasta que los sueños de socialismo utopico que Bakunin, Kropotkin y el mismo compartian no se plasmasen, magicamente, sobre la tierra. Pero, en todo caso, era una causa perdida a esa hora de la noche, porque mas alla de los tres billetes sucios que albergaba en el bolsillo de la gabardina, estaba el principal impedimento de que el bodegon mas madrugador abriria en no menos de tres o cuatro horas, y Juan tenia hambre en ese momento. La lluvia comenzo nuevamente, como una confirmacion de la imposibilidad, de lo absurdo de todo aquello.
- A mi deberian de matarme en este mismo instante- mascullo Juan, mas para si mismo que para cualquier otro. De todos modos, era imposible. Imposible que me maten primero porque esta calle esta absolutamente desierta, parece mentira que de dia no se pueda ni caminar. Pero ademas imposible porque soy yo, y a la gente como yo nunca le pasa nada. Yo soy como un personaje de Perec. Algo asi como un fantasma. Vivo otras emociones, otras aventuras. Nunca me tocan los peligros de la clase media: nunca me enfermo, nunca tengo accidentes de transito, no sufro robos ni estafas.
Juan se paro en una esquina bastante iluminada, en donde la avenida cortaba con otra avenida. Mirando en angulo de la esquina, penso que era fantastico lo redonda que era. Lastima que estuviera enmarcada en esas porquerias metalicas, especie de barandillas inutiles, como si el cordon no diese a la calle, sino a un precipicio. Pensandolo mejor, era como una confirmacion de su teoria. La calle, el espacio, era el vacio. Vacio bastante bien estructurado, vacio funcionalmente subdividido, pero vacio al fin, no cabia engañarse. ¿Para que, ademas? Y asintiendo a su propia idea, estupidamente conforme con la tautologia, Juan se recosto en la barandilla y encendio un cigarrillo.
- Totalmente de novela negra.
Al cabo de algunos minutos, que tan vez eclosionaron en hora, Juan sintio un lejano clocleo sobre el asfalto, y al cabo de unos minutos tuvo delante de si a una chica joven, pobremente vestida, groseramente provocadora. Le ofrecia, segun entendio, los servicios habituales. Era logico, a esa hora y en una esquina demasiado iluminada.
- ¿Tenes departamento? - pregunto Juan
- No. ¿vos?
- Si, pero no es por la zona, y no tengo auto. No creo que quieras caminar cinco quilometros.- Ante el silencio de la chica, agrego - En todo caso, aunque quisieras, despues de caminarlos yo tendria ganas mas bien de irme a dormir.
- Aca a media cuadra hay un hotel - dijo la chica - Si te parece vamos ahi.
Juan la miro por un instante. Era una chica joven, andaria por los ventitantos. Estupidamente teñida, con esa (falsa) sensualidad popular de lo platinado. La ropa no le quedaba bien. La realidad era una pelicula clase B.
- ¿No tendras por casualidad algo para comer? - solto Juan. La frase se le antojo estupida, y le quedo como dando vueltas. Incluso creyo escuchar algo asi como un eco de su pregunta, rebeverando metalicamente contra los carteles de neon. La chica lo miro con algo que no de decidia entre incredulidad y fastidio. Ahora es cuando me suelta alguna asquerosidad, penso Juan. Seguro me manda a la mierda, fija.
Juan se quedo con el cigarrillo en la boca, esperando la puteada que nunca llego. La chica simplemente se dio vuelta y desaparecio doblando la esquina. Bueno, era una lastima que no tuviera. El conjuntito plateado con la campera de jean era algo ridiculo pero que de algun modo encajaba. Si venia al caso, su gabardina pulgosa y su blue jean raido, que a fuerza de lavarropas mas que blue era de un grisaceo indefinible, eran tambien ridiculos pero adecuadisimos para la situacion. Juan se descubrio entonces lamentandose un poco por su negativa. Todo daba igual, y entonces tambien daban igual los billetes arrugados y humedos, igual daba gastarselos en comer que regalarselos a una chica a cambio de lo que alcanzase, aunque no fuera mas que una lamida de pija, que mas daba. Al menos le quedaban cigarrillos, y la vista de la esquina le gustaba. Era luminosa y gris, salpicada de varios charcos. Si miraba los charcos, juan podia ver el reflejo de los balcones y de las ventanitas de los edificios. Siempre que caminaba, lo hacia o mirando al suelo o mirando a los pisos altos. Era increible como de algun modo, por aglomeracion urbana o por magia cabalistica, los pisos superiores de los edificios sobrevivian al progreso y a la publicidad. Entonces resultaba que arriba de una infame tienda de ropa de moda se alzaban, como torreones de un castillo, innumerables ventanas grises, llenas de balconcitos o rejas metalicas. Otras veces, si uno alzaba la vista y aguzaba la vision, podia ver, por ejemplo, en lo mas alto de la fachada de un banco, como una pared mas antigua, de color indefinible, se alzaba por detras del reboque nuevo, por encima de los carteles publicitarios, evocando otras epocas; Era como si detras de esa Buenos Aires, que el odiaba,hubiese otra Buenos Aires, mas antigua y por lo tanto verdadera, que el desconocia y por lo tanto temia, pero al menos eso era algo, era el principio de algo.
Mientras pensaba esta otra ciudad, intentando conectar en su mente esos puntos de acceso, forjando en si mismo la ciudad, volvio a escuchar un clocleo, un taconeo que se acercaba, sin prisa y sin pausa, por la misma esquina por la cual la chica habia desaparecido. "Seguramente una compañera", penso Juan. Seguramente la anecdota del "¿tenes algo para comer?" habia ido de boca en boca, y seguro ahora mismo alguna otra chica, tal vez con mejores dotes de persuasion o al menos mas confianza, venia a probar suerte o al menos a reirse un poco. Tal vez venia solo a mirar, a mirar porque estaba siempre eso de ver para creer. Juan le dio la espalda a la esquina, recostandose contra el umbral de un edificio de departamentos. No tenia ganas de repetir la escena. Entonces escuchio una voz conocida.
- Toma- dijo la voz. Juan se dio vuelta y vio a la chica, con campera de jean y conjunto plateado, la expresion ausente, la mano extendida y, al final de la mano, una bandejita de plastico que contenia, aun caliente, una porcion de arroz con azafran y menudos de pollo. En silencio, Juan tomo la bandeja.
- ¿Como dijiste que te llamabas? - pregunto.
- No te dije - respondio escuetamente la chica, mirando ya para otro lado. Juan tenia la bandeja con una mano, con la otra el cigarrillo. Sin saber por que, miraba a la chica. Buscaba sus ojos, un encuentro de miradas. ¿Para que? imposible saberlo. No habia nada que decirle, y era una suerte que ella tuviese la pericia o el desinteres de mantener la cara volteada, mirando el suelo o algo en la otra cuadra, porque si ella lo hubiese mirado, no habria sabido que decirle, nada que decirle salvo un insustancial gracias. Y sin embargo, seguia ahi parada, no se iba. Habia hecho el amague pero seguia parada al lado suyo, lo suficientemente lejos como para impedir la vinculacion, pero lo suficientemente cerca para permitir el cuadro. "Claro, esta esperando a que coma" penso Juan. El arroz con menudos se enfriaba, y Juan opto por darle succesivas pitadas al cigarrillo. La chica le echo una o dos miradas, con autentica curiosidad. A la tercera mierada, sus ojos se encontraron. Como queriendo dar una explicacion, Juan sonrio y alzo el cigarrillo. La chica tambien sonrio. Sonrio y alzo las cejas.
- Hace lo que quieras- dijo la chica, justo antes de darle la espalda y desaparecer nuevamente.
Cuando la chica se fue, juan tiro el cigarrillo y, mientras lo apagaba con el pie, probo un primer tenedorazo de arroz. No estaba mal. No estaba nada mal.
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19 jun 2015
Another brick in the Mc
La cola es larga. Comprar una hamburguesa es todo un tramite. Comer se convierte en algo burocratico. La gente espera. Son varias colas, no solo una. No hay orden alguno, o mas bien si, si hay orden, un orden desconocido para mi, o tal vez demasiado conocido, que me horroriza.
Me horroriza que a la gente no le horrorize toda esta disposicion industrial. Se come en una verdadera banda de produccion. Con las manos dentro de mi saco, miro con algo de estupefaccion a los adolescentes que se mueven maquinalmente detras del mostrador. La pared del mostrador es identica al a tapa de The Wall: Ladrillos blancos e indiferentes. ¿socarrona coincidencia o burla solapada? Cualquiera de las dos, dignas de una foto. Las manos van y vienen, esos chicos se mueven realmente como las hormigas de una colonia. Da casi asco lo laboriosos que son.
¿siguen algun sistema? No me decido. Pienso que estan rigurosamente entrenados, pero no de un modo sistematico. Es mas bien un entrenamiento de la voluntad, una ascesis de atencion al cliente. Me imagino los lemas de las capacitaciones: "Haz lo que sea, pero haz algo", "un buen empleado es un empleado en movimiento", "mas vale repetir lo hecho que no hacer nada". La sensacion de personalidad se pierde en estas colas facilemente.
La cola en la que estoy no avanza mucho. No veo a la cajera, pero seguramente es una estupida. A nadie le molesta el poco espacio que hay en las filas. La gente que sale con su bandeja (esto tiene algo de campo de conentracion, de comedor de carcel, de trabajos forzados), cargada de hamburguesas y vasos plasticos, roza practicamente a todo el mundo. Es un milagro que ninguno le vuele la bandeja de un codazo. Todos tenemos aca algo de hormigas. Nos movemos incesantemente y nada interrumpe el sistema. De seguro que juega un buen papel el inconciente colectivo, el primitivo ser social. De otro modo, la entropia generaria choques y bandejas en el piso cada cinco minutos.
Reparo en varias cosas. Algunas son mas aburridas que otras. La tan gastada dicotomia entre la idea y la cosa. Me aburren los carteles publicitarios. Para que decir que la hamburguesa del cartel no tiene punto de contacto con la carne muerta que uno de va a llevar envuelta. Los carteles son todos colores vivos, tienen un valor por si mismo. Nos venden la ilusion de los años sesenta, la felicidad inmediata al alcance de un dolar. Pero no es un dolar, son noventa pesos, o ciento diez. A nadie le parece raro, y a mi me aterra. Pagar cien pesos por una hamburguesa, por un pedazo de carne semipodrida y semibañada en conservantes. Enormes comederos industriales, atendido por adolescentes sordidos que comienzan asi a limar sus energias. Pero todavia no comprenden, no saben que... pobrecitos. Ahora ya no los odio ni les tengo asco. Me dan mas bien lastima. Los ladrillos blancos en la pared. Hey, boss, let the childs alone.
Lo grosero de la estafa me maravilla. De hecho, me saco la galera ante lo magistral de su jugada. Hay algo de comico en todo esto. El ambiente no ya de confort, sino directamente de felicidad idiota, de congratulacion del idiotismo. Sonrisas idiotas y burlonas de si mismos. Todos payasos. Cien pesos una hamburguesa esa una estafa, lo saben, lo sabemos, y sonrien, aun asi sonrien y hacen fila. Brave new World. Agregale sal a tus papas por solo quince pesos. Tout va tres bien in the best of the possible worlds.
Los uniformes son mas lindos en las cajeras. Los chicos parecen directamente unos boy scouts idiotas, una especie de gendarmencitos corporativos, de chalequito y boina, todo en color caqui. Dan ganas de pegarles una bofetada o un zopapo en la nuca. Pero estan tan felices friendo papas y poniendole lechuga a las cosas que es mejor dejarlos asi.
A las chicas, por alguna razon extraña, el uniforme no les sienta tan mal. Por una cuestion extraña, o tal vez gracias a la division del trabajo, son todas feisimas, menos una. Oh cruel destino de la adolescente fea, destinada a levantar llamados en un call center, a embolsar porquerias en Coto o a agrandarme el combo en una linea de producccion.
Me fijo en una rubia alta y flacucha, la unica que no es deliberadamente horrida. Tiene tambien el unforme caqui con boina y chaleco, mezcla de boy scout y operario. Tiene el pelo recogido en una trenza. Es la trenza lo que la saca de lo vulgar. La trenza y la boina, mas lo rubio, dan algo germanico, algo suizo. Tal vez sea que es tan joven y que parece, incluso con su ridiculo uniforme, incluso con las manos llenas de tickets, tarjetas de credito y hamburguesas con queso, tan contenta. Por detras de la rubia pasa una chica vestida de civil, mas alta que el resto, con una melena negra que amenaza llenar de pelo todas las hamburguesas. Es la unica que va de civil y con el pelo suelto. Pasa como una rafaga, saludando a todos los empleados. Seguramente es una ex empleada o una futura empleada.
La gente se sigue retirando con sus bandejas, y noto que hay algo como una curva de la felicidad, una curva que bien podria comprarse a la curva de la vida humana: comienza en la fila, en donde la expectacion y la esperanza son enormes. Curiosamente, los que estan en el fondo de la fila parecen los mas felices. Paradoja. Miran, a una distancia perfecta, embelezados los enormes carteles, pletoricos de platonicas ideas de hamburguesa: con queso, con tomate, con "bacon" (es decir, con panceta), con huevo, con lo que sea. Especulan sobre su decision, se imaginan ya el enorme y perfecto medallon de carne, juegan con su poder de compra; Tasan, evaluan, imaginan las posibilidades. Sienten el dinero en su bolsillo y, como si estuviesen junto a una chimenea, sopesan tranquilamente su libertad de eleccion.
Los que estan ya a punto de ser atendidos parecen mucho menos contentos. Se dan cuenta que al fin y al cabo es solo una hamburguesa. Ven de cerca a la gente que se retira, y comienza a desvanecerse en ellos la magia de los carteles. Las hamburguesas no son tan altas, tan lindas, tan perfectas. Enorme disminucion ontologica de la hamburguesa, del dinero y, con el, de la realidad toda. Al final era solo el deseo, corriendose a si mismo, mordiendose la cola. Solo el deseo, como siempre.
Me horroriza que a la gente no le horrorize toda esta disposicion industrial. Se come en una verdadera banda de produccion. Con las manos dentro de mi saco, miro con algo de estupefaccion a los adolescentes que se mueven maquinalmente detras del mostrador. La pared del mostrador es identica al a tapa de The Wall: Ladrillos blancos e indiferentes. ¿socarrona coincidencia o burla solapada? Cualquiera de las dos, dignas de una foto. Las manos van y vienen, esos chicos se mueven realmente como las hormigas de una colonia. Da casi asco lo laboriosos que son.
¿siguen algun sistema? No me decido. Pienso que estan rigurosamente entrenados, pero no de un modo sistematico. Es mas bien un entrenamiento de la voluntad, una ascesis de atencion al cliente. Me imagino los lemas de las capacitaciones: "Haz lo que sea, pero haz algo", "un buen empleado es un empleado en movimiento", "mas vale repetir lo hecho que no hacer nada". La sensacion de personalidad se pierde en estas colas facilemente.
La cola en la que estoy no avanza mucho. No veo a la cajera, pero seguramente es una estupida. A nadie le molesta el poco espacio que hay en las filas. La gente que sale con su bandeja (esto tiene algo de campo de conentracion, de comedor de carcel, de trabajos forzados), cargada de hamburguesas y vasos plasticos, roza practicamente a todo el mundo. Es un milagro que ninguno le vuele la bandeja de un codazo. Todos tenemos aca algo de hormigas. Nos movemos incesantemente y nada interrumpe el sistema. De seguro que juega un buen papel el inconciente colectivo, el primitivo ser social. De otro modo, la entropia generaria choques y bandejas en el piso cada cinco minutos.
Reparo en varias cosas. Algunas son mas aburridas que otras. La tan gastada dicotomia entre la idea y la cosa. Me aburren los carteles publicitarios. Para que decir que la hamburguesa del cartel no tiene punto de contacto con la carne muerta que uno de va a llevar envuelta. Los carteles son todos colores vivos, tienen un valor por si mismo. Nos venden la ilusion de los años sesenta, la felicidad inmediata al alcance de un dolar. Pero no es un dolar, son noventa pesos, o ciento diez. A nadie le parece raro, y a mi me aterra. Pagar cien pesos por una hamburguesa, por un pedazo de carne semipodrida y semibañada en conservantes. Enormes comederos industriales, atendido por adolescentes sordidos que comienzan asi a limar sus energias. Pero todavia no comprenden, no saben que... pobrecitos. Ahora ya no los odio ni les tengo asco. Me dan mas bien lastima. Los ladrillos blancos en la pared. Hey, boss, let the childs alone.
Lo grosero de la estafa me maravilla. De hecho, me saco la galera ante lo magistral de su jugada. Hay algo de comico en todo esto. El ambiente no ya de confort, sino directamente de felicidad idiota, de congratulacion del idiotismo. Sonrisas idiotas y burlonas de si mismos. Todos payasos. Cien pesos una hamburguesa esa una estafa, lo saben, lo sabemos, y sonrien, aun asi sonrien y hacen fila. Brave new World. Agregale sal a tus papas por solo quince pesos. Tout va tres bien in the best of the possible worlds.
Los uniformes son mas lindos en las cajeras. Los chicos parecen directamente unos boy scouts idiotas, una especie de gendarmencitos corporativos, de chalequito y boina, todo en color caqui. Dan ganas de pegarles una bofetada o un zopapo en la nuca. Pero estan tan felices friendo papas y poniendole lechuga a las cosas que es mejor dejarlos asi.
A las chicas, por alguna razon extraña, el uniforme no les sienta tan mal. Por una cuestion extraña, o tal vez gracias a la division del trabajo, son todas feisimas, menos una. Oh cruel destino de la adolescente fea, destinada a levantar llamados en un call center, a embolsar porquerias en Coto o a agrandarme el combo en una linea de producccion.
Me fijo en una rubia alta y flacucha, la unica que no es deliberadamente horrida. Tiene tambien el unforme caqui con boina y chaleco, mezcla de boy scout y operario. Tiene el pelo recogido en una trenza. Es la trenza lo que la saca de lo vulgar. La trenza y la boina, mas lo rubio, dan algo germanico, algo suizo. Tal vez sea que es tan joven y que parece, incluso con su ridiculo uniforme, incluso con las manos llenas de tickets, tarjetas de credito y hamburguesas con queso, tan contenta. Por detras de la rubia pasa una chica vestida de civil, mas alta que el resto, con una melena negra que amenaza llenar de pelo todas las hamburguesas. Es la unica que va de civil y con el pelo suelto. Pasa como una rafaga, saludando a todos los empleados. Seguramente es una ex empleada o una futura empleada.
La gente se sigue retirando con sus bandejas, y noto que hay algo como una curva de la felicidad, una curva que bien podria comprarse a la curva de la vida humana: comienza en la fila, en donde la expectacion y la esperanza son enormes. Curiosamente, los que estan en el fondo de la fila parecen los mas felices. Paradoja. Miran, a una distancia perfecta, embelezados los enormes carteles, pletoricos de platonicas ideas de hamburguesa: con queso, con tomate, con "bacon" (es decir, con panceta), con huevo, con lo que sea. Especulan sobre su decision, se imaginan ya el enorme y perfecto medallon de carne, juegan con su poder de compra; Tasan, evaluan, imaginan las posibilidades. Sienten el dinero en su bolsillo y, como si estuviesen junto a una chimenea, sopesan tranquilamente su libertad de eleccion.
Los que estan ya a punto de ser atendidos parecen mucho menos contentos. Se dan cuenta que al fin y al cabo es solo una hamburguesa. Ven de cerca a la gente que se retira, y comienza a desvanecerse en ellos la magia de los carteles. Las hamburguesas no son tan altas, tan lindas, tan perfectas. Enorme disminucion ontologica de la hamburguesa, del dinero y, con el, de la realidad toda. Al final era solo el deseo, corriendose a si mismo, mordiendose la cola. Solo el deseo, como siempre.
14 jun 2015
Metonimia
Sintio una leve presion sobre la rodilla y solo entonces abrio los ojos; Solo un poco, pero los abrio. El sol se filtraba perezosamente por la persiana americana, dejando ver las particulas de polvo en el aire. "Toda una constelacion, gira y gira", penso, y volvio a cerrar los ojos. En realidad, la luz solo alcanzaba hasta la mitad de la cama, y el resto todavia estaba en la penumbra grisacea del amanecer. La constelacion de motas de polvo era realmente hermosa. Daba gusto, abriendo solo un ojo, verla flotar en el rectangulo de la luz, como una tonta nube de corpusculos, como una via lactea de basuritas. Parecen un conjunto de amebas, un cardumen, plankton con inteligencia, penso mientras sentia el cuerpo algo mas pesado. "Voy a quedarme dormido de nuevo".
Luego de otro rato, la presion sobre la rodilla derecha lo distrajo nuevamente. El sol no se habia movido ni un poco, y la cara de Mia era tan hermosa y tan gatuna como siempre. Ella se habia acurrucado contra su hombro, completamente dormida. Movimientos enteramente gatunos, de animal domestico, penso. Dejando de lado la constelacion y los muebles, parcos y pocos, se concentro en la cara de Mia. Era siempre muy hermosa, dormida o despierta, con musica o, como en ese momento, en el aburrido silencio de la mañana. Al verla asi, tan indefensa a a vez que tan segura, sintio ganas de cometer el horrible pecado de despertarla. Despertarla con un beso o con un tiron de orejas, incluso con una cachetada repentina. La pierna de Mia se apreto un poco mas sobre su rodilla, y todo su pequeño cuerpo, oscuro y escurridizo, parecio querer buscar un hueco invisible contra sus costillas. Sus rulos negros le cayeron entonces en los ojos y en la cara, y entre riendose y maldiciendola, cedio a la irresistible necesidad de atraerla contra si con el brazo libre. Mia se revolvio toda contra el y produjo un verdadero maullido (cosa increible) para luego quedarse nuevamente en la mas perfecta quietud. Sonreia.
Estaba demasiado comodo como para moverse. Las arañas siempre tienen ocho patas, y hubiera sido muy facil estirar una de esas patas, duras y puntiagudas, recubiertas de pelitos, para cerrar de un tiron la persiana y, no sin crueldad, sumir a la constelacion nuevamente en la nada, en las tinieblas. Solo lo detuvo la modorra que sentia, muy comprensible si se tenia en cuenta el placido calor que provocaba el acolchado. Los muslos y las tetas de Mia, presionadas contra el como un fuego frio, tenian tambien algo de culpa por esa inmovilidad que al parecer duraria aun algunos eones mas. "Zaratustra estuvo una vez bajo el arbol como yo estoy aqui y ahora", dijo en voz baja, sumido en vanas reflexiones. Mia no se movio un centimentro, pero respondio, tal vez ya algo despierta, con un ronroneo de aprobacion o al menos de complacencia. Era una preciosidad, penso. Si el era una araña, largo y peludo, ella era definitivamente un lince. Mientras le echaba los rulos un poco hacia atras, dejandole al descubierto la oreja puntiaguda y el cuello, tuvo un impulso extraño y, sin razon alguna, recordo el fondo del cajon.
Ya su mano dejaba caer uno y luego dos dedos sobre el cuello, para ir bajando suavemente hasta sentir el omoplato, tan fragil, y subir nuevamente hasta casi la nuca, para recorrer casi imperceptiblemente el contorno afilado y como de punta de flecha, de la oreja, y luego dejarse ir hasta el hombro, hasta el antebrazo, ya tan calido, y mas alla, casi en el limite del alcance (pues incluso las arañas tenian limite de alcance), la cintura.
Mientras o, mejor dicho, al mismo tiempo, su otra pata se deslizaba, furtiva y como reptando, hacia la manija del cajon de la mesita, abriendolo casi con repugnancia, recordando la Ballester Molina, arrastrandose entre los obstaculos, tanteando traicioneramente, apartando cajas de cigarrillos, fosforos, revistas, hasta sentir con la punta de los dedos, y luego con la palma, el frio tacto del metal. Al mismo tiempo que sacaba el revolver del cajon pasaba de la cadera al vientre, despertando repentinos maullidos; Enorme conflagracion final, el friosecopeso de un lado, la calidahumedalevedad del otro, un dedo en el gatillo y el otro ya sobre el monte de venus,
Se trataba entonces, en la penumbra del cuarto, debajo y entre las constelaciones doradas de polvo, de buscar, de revolver las patas peludas y los dedos. Comenzo a comprenderlo. Sintio ser un puente entre dos cosas, sintio estar viviendo una metafora, un pasaje que iba desde el clitoris de Mia hasta la bala alojada en la recamara de la Ballester, con un arco que era el mismo, atravesado por corrientes electricas, repentinamente invadido por una rabia que se concentraba en el puño que firmemente sostenia el arma, en el dedo que temblaba sobre el gatillo, que intentaba sentir la bala decisiva y final, bala que solo necesitaba un pequeño pulso... pero no, no porque los pulsos estaban todos del otro lado del puente, en la ribera opuesta del cosmos, en donde, a millones de años luz, atravesando todo el espacio de las constelaciones, su otra mano se movia ritmicamente dentro de los misteriosos orificios de otro tipo de arma, buscando tambien el disparo dentro de la recamara de carne y hueso, sintiendo los gemidos y los mordiscos de Mia, que ya despierta o aun en el limbo lo ayudaba a decidirse por un lado, clavandole las uñas y las rodillas, intentando ejercer (¿pero lo sabria, tendria en sus intuiciones felinas algun leve presentimiento de lo que ocurria en el otro lado?) una presion mayor que la que la sorda consistencia del revolver, medium de algun oscuro demonio nihilista, le demandaba. Eso era la absurda lucha entre el bien y el mal, el tire y afloje en donde, era sabido, la soga siempre se rompia y el mal, que viene solo sin que se lo predique, acababa siempre ganando. ¿que papel jugaba el en esa pugna? ¿Que papel jugaba ella?
La realidad exploto justo a tiempo, con el desagradable estallido de los chillidos fabriles del reloj despertador. Eran las maravillas de la revolucion industrial obligandolos a vivir otro dia, fastidiandolos para sacarlos del sueño y del silencio. Eran los mil pensamientos del dia, las fechas y el implacable correr del tiempo los que, impacientes y algo ofendidos por tanta soberbia eternidad, por tanto despilfarro en cavilacion inutil, golpeaban el pie contra el piso y miraban disgustados hacia la cama. Inesperadamente y aun jadeando, Mia dejo caer, en un remolino de rulos negros, su brazo en un feroz zarpazo sobre el odioso aparato de metal. Demostro su presteza felina al atraparlo en su rabioso chillar para, acto seguido, arrojarlo furiosamente contra el suelo, provocando una ola de carcajadas generales y tambien varios disparos de alto calibre.
Luego de otro rato, la presion sobre la rodilla derecha lo distrajo nuevamente. El sol no se habia movido ni un poco, y la cara de Mia era tan hermosa y tan gatuna como siempre. Ella se habia acurrucado contra su hombro, completamente dormida. Movimientos enteramente gatunos, de animal domestico, penso. Dejando de lado la constelacion y los muebles, parcos y pocos, se concentro en la cara de Mia. Era siempre muy hermosa, dormida o despierta, con musica o, como en ese momento, en el aburrido silencio de la mañana. Al verla asi, tan indefensa a a vez que tan segura, sintio ganas de cometer el horrible pecado de despertarla. Despertarla con un beso o con un tiron de orejas, incluso con una cachetada repentina. La pierna de Mia se apreto un poco mas sobre su rodilla, y todo su pequeño cuerpo, oscuro y escurridizo, parecio querer buscar un hueco invisible contra sus costillas. Sus rulos negros le cayeron entonces en los ojos y en la cara, y entre riendose y maldiciendola, cedio a la irresistible necesidad de atraerla contra si con el brazo libre. Mia se revolvio toda contra el y produjo un verdadero maullido (cosa increible) para luego quedarse nuevamente en la mas perfecta quietud. Sonreia.
Estaba demasiado comodo como para moverse. Las arañas siempre tienen ocho patas, y hubiera sido muy facil estirar una de esas patas, duras y puntiagudas, recubiertas de pelitos, para cerrar de un tiron la persiana y, no sin crueldad, sumir a la constelacion nuevamente en la nada, en las tinieblas. Solo lo detuvo la modorra que sentia, muy comprensible si se tenia en cuenta el placido calor que provocaba el acolchado. Los muslos y las tetas de Mia, presionadas contra el como un fuego frio, tenian tambien algo de culpa por esa inmovilidad que al parecer duraria aun algunos eones mas. "Zaratustra estuvo una vez bajo el arbol como yo estoy aqui y ahora", dijo en voz baja, sumido en vanas reflexiones. Mia no se movio un centimentro, pero respondio, tal vez ya algo despierta, con un ronroneo de aprobacion o al menos de complacencia. Era una preciosidad, penso. Si el era una araña, largo y peludo, ella era definitivamente un lince. Mientras le echaba los rulos un poco hacia atras, dejandole al descubierto la oreja puntiaguda y el cuello, tuvo un impulso extraño y, sin razon alguna, recordo el fondo del cajon.
Ya su mano dejaba caer uno y luego dos dedos sobre el cuello, para ir bajando suavemente hasta sentir el omoplato, tan fragil, y subir nuevamente hasta casi la nuca, para recorrer casi imperceptiblemente el contorno afilado y como de punta de flecha, de la oreja, y luego dejarse ir hasta el hombro, hasta el antebrazo, ya tan calido, y mas alla, casi en el limite del alcance (pues incluso las arañas tenian limite de alcance), la cintura.
Mientras o, mejor dicho, al mismo tiempo, su otra pata se deslizaba, furtiva y como reptando, hacia la manija del cajon de la mesita, abriendolo casi con repugnancia, recordando la Ballester Molina, arrastrandose entre los obstaculos, tanteando traicioneramente, apartando cajas de cigarrillos, fosforos, revistas, hasta sentir con la punta de los dedos, y luego con la palma, el frio tacto del metal. Al mismo tiempo que sacaba el revolver del cajon pasaba de la cadera al vientre, despertando repentinos maullidos; Enorme conflagracion final, el friosecopeso de un lado, la calidahumedalevedad del otro, un dedo en el gatillo y el otro ya sobre el monte de venus,
Se trataba entonces, en la penumbra del cuarto, debajo y entre las constelaciones doradas de polvo, de buscar, de revolver las patas peludas y los dedos. Comenzo a comprenderlo. Sintio ser un puente entre dos cosas, sintio estar viviendo una metafora, un pasaje que iba desde el clitoris de Mia hasta la bala alojada en la recamara de la Ballester, con un arco que era el mismo, atravesado por corrientes electricas, repentinamente invadido por una rabia que se concentraba en el puño que firmemente sostenia el arma, en el dedo que temblaba sobre el gatillo, que intentaba sentir la bala decisiva y final, bala que solo necesitaba un pequeño pulso... pero no, no porque los pulsos estaban todos del otro lado del puente, en la ribera opuesta del cosmos, en donde, a millones de años luz, atravesando todo el espacio de las constelaciones, su otra mano se movia ritmicamente dentro de los misteriosos orificios de otro tipo de arma, buscando tambien el disparo dentro de la recamara de carne y hueso, sintiendo los gemidos y los mordiscos de Mia, que ya despierta o aun en el limbo lo ayudaba a decidirse por un lado, clavandole las uñas y las rodillas, intentando ejercer (¿pero lo sabria, tendria en sus intuiciones felinas algun leve presentimiento de lo que ocurria en el otro lado?) una presion mayor que la que la sorda consistencia del revolver, medium de algun oscuro demonio nihilista, le demandaba. Eso era la absurda lucha entre el bien y el mal, el tire y afloje en donde, era sabido, la soga siempre se rompia y el mal, que viene solo sin que se lo predique, acababa siempre ganando. ¿que papel jugaba el en esa pugna? ¿Que papel jugaba ella?
La realidad exploto justo a tiempo, con el desagradable estallido de los chillidos fabriles del reloj despertador. Eran las maravillas de la revolucion industrial obligandolos a vivir otro dia, fastidiandolos para sacarlos del sueño y del silencio. Eran los mil pensamientos del dia, las fechas y el implacable correr del tiempo los que, impacientes y algo ofendidos por tanta soberbia eternidad, por tanto despilfarro en cavilacion inutil, golpeaban el pie contra el piso y miraban disgustados hacia la cama. Inesperadamente y aun jadeando, Mia dejo caer, en un remolino de rulos negros, su brazo en un feroz zarpazo sobre el odioso aparato de metal. Demostro su presteza felina al atraparlo en su rabioso chillar para, acto seguido, arrojarlo furiosamente contra el suelo, provocando una ola de carcajadas generales y tambien varios disparos de alto calibre.
16 may 2015
BAM II
- Nombrar a alguien simplemente como "El Cronista" es descaradamente literario.
- No es literario para nada. Obedece a un criterio meramente funcional.
- Sera funcional, pero cuando decimos "El Cronista esto y el Cronista aquello" yo me siento como si estuviesemos hablando de El Estudiante Josef K o del Rufian Melancolico.
- Eso es porque has leido demasiado. Ese es casi siempre tu problema: Ves literatura en todo. La tenes metida en las retinas. Verias literatura hasta en una puta entregando el culo.
- Por supuesto. Para empezar Dostoievski, y tambien Sade. Y Baudelaire, y Rimbaud. Palabras mayores. Y despues todo el resto, los Henry Miller, los Hemingway y los Bukowski. Y... pero... espera...
- ¿Que?
- Espera espera. ¡El Cronista aparece en Los Premios!
- Por supuesto. Si la primera vez que lo vimos con Nasten fue en el London. Pero no tenes porque pensar que se trata de una mera copia o de un juego literarioimaginativo. No te ilusiones: no estas dentro de una novela de Julio. Esto no es "Los Premios", es otra cosa.
- ¿Que cosa es?
- Otra novela.
- ¿De quien?
- Mia.
- No es literario para nada. Obedece a un criterio meramente funcional.
- Sera funcional, pero cuando decimos "El Cronista esto y el Cronista aquello" yo me siento como si estuviesemos hablando de El Estudiante Josef K o del Rufian Melancolico.
- Eso es porque has leido demasiado. Ese es casi siempre tu problema: Ves literatura en todo. La tenes metida en las retinas. Verias literatura hasta en una puta entregando el culo.
- Por supuesto. Para empezar Dostoievski, y tambien Sade. Y Baudelaire, y Rimbaud. Palabras mayores. Y despues todo el resto, los Henry Miller, los Hemingway y los Bukowski. Y... pero... espera...
- ¿Que?
- Espera espera. ¡El Cronista aparece en Los Premios!
- Por supuesto. Si la primera vez que lo vimos con Nasten fue en el London. Pero no tenes porque pensar que se trata de una mera copia o de un juego literarioimaginativo. No te ilusiones: no estas dentro de una novela de Julio. Esto no es "Los Premios", es otra cosa.
- ¿Que cosa es?
- Otra novela.
- ¿De quien?
- Mia.
14 may 2015
BAM I
Hay que recuperar la Buenos Aires mágica, habia dicho Guillermina. Fue hace dos tardes atras, cuando estabamos aburridos entre un mate y el siguiente, yo un poco a la izquierda de la pava y ella un poco a la derecha de los bizcochitos de grasa. Lo habia dicho al aire, un poco como para si misma, o al menos un poco no para mi, no totalmente para mi o para ella, sino mas bien para el cronista invisible. El cronista invisible era siempre la tercera pata de todas nuestras conversaciones. Siempre hablabamos un poco para el. Me lo habia presentado Nastenka hace tiempo, y desde entonces era un amigo en comun para Guillermina y para mi. Ellas lo conocian de antes, "casi desde siempre" decian entre risas cada vez que salia el tema. Yo sospechaba y aun sospecho que Nastenka tuvo algo con el Cronista en algun momento de su existencia, algo fugaz pero magico, un paseo en montaña rusa o un verano de escapadas a la plaza del barrio o al balneario mas lejano, una cosa de esas que uno las vive casi con desden pero que despues vuelven con el aura de la edad de oro o de la libertad absoluta.
El cronista era un tipo genial, de lo mas simpatico, algo asi como una caja de resonancia. Al principio me habia parecido que lo del cronista era una exentricidad propia de Guillermina, la cual me empezo y me siguio cayendo bastante mal durante bastante tiempo. No fue hasta la aparicion de Nastenka que me convenci, que me tuve que convencer de lo serio que era el Cronista y, en fin, comenzar tambien yo a hablar un poco con el y para el.
El Cronista, como bien deja entrever su nombre, es un tipo bastante callado. No habla nunca. O mas bien: casi nunca. Registra todo, eso si. Lo registra quien sabe para que. Nastenka dice que para la posteridad, que para las generaciones venideras, que para los habitantes de Orco o de la Buenos Aires Magica. Habia aparecido en la mitad de una conversacion sobre el recorrido de los trenes. Lo habia citado Vera, la hermana de Nastenka, como fuente de una longitud inverosimil para el trayecto de la linea Belgrano Norte. Yo queria saber quien podia sostener semejante perogrullada.
- Vos no lo conoces. El Cronista es simplemente un periodista, un notero. Trabaja para un diario de Buenos Aires.
Asi habia dicho Nastenka, y cuando yo le pregunte, como un estupido, que para que diario trabajaba el Cronista, me replico maliciosamente que, como era la Buenos Aires Magica a la que se referia, no tenia sentido nombrar al diario en cuestion, porque yo no iba a conocerlo de todos modos. Lo de invisible habia sido una contribucion mia, un epiteto bastante aburrido, por no decir obvio, e incluso hasta inadecuado, pues aunque era cierto que no podiamos ver la cara del cronista o decir de que color era la camisa a cuadros que solia llevar, su presencia en cada charla o en cada caminata se hacia sentir de una manera tal que ninguno de los dos (cuando eramos solo yo y Guillermina) o de los tres (cuando ademas estaba Nastenka) o de los cuatro (cuando tambien estaba Vera) se hubiese animado a dudar de su condicion de integrante. Habiamos discutido varias veces si el Cronista era invisible o no lo era. Para mi su invisibilidad era evidente, pero la argumentacion de Nastenka, apoyada con entusiasmo por Vera y Guillermina, tenia tambien su contundencia. Nastenka decia que si el cronista era inocuo e incoloro, completamente silencioso e intangible (me habia hecho aceptar separadamente y por adelantado, de manera mas bien Socratica, estos puntos) ¿como podia entonces uno saber, como efectivamente siempre sabiamos, no solo que estaba presente y escuchando, sino tambien si estaba o no tomando notas, si tenia puesta una camisa a cuadros o a rayas, o incluso si esta sentado en una silla o parado? Esas determinaciones, continuaba Nastenka, eran netamente espaciales, y como tales no podian captarse con el oido (salvo que uno fuese un murcielago) o el olfato, y entonces aunque el cronista no fuese ortodoxamente visible, era sin embargo visible de algun modo.
El cronista era un tipo genial, de lo mas simpatico, algo asi como una caja de resonancia. Al principio me habia parecido que lo del cronista era una exentricidad propia de Guillermina, la cual me empezo y me siguio cayendo bastante mal durante bastante tiempo. No fue hasta la aparicion de Nastenka que me convenci, que me tuve que convencer de lo serio que era el Cronista y, en fin, comenzar tambien yo a hablar un poco con el y para el.
El Cronista, como bien deja entrever su nombre, es un tipo bastante callado. No habla nunca. O mas bien: casi nunca. Registra todo, eso si. Lo registra quien sabe para que. Nastenka dice que para la posteridad, que para las generaciones venideras, que para los habitantes de Orco o de la Buenos Aires Magica. Habia aparecido en la mitad de una conversacion sobre el recorrido de los trenes. Lo habia citado Vera, la hermana de Nastenka, como fuente de una longitud inverosimil para el trayecto de la linea Belgrano Norte. Yo queria saber quien podia sostener semejante perogrullada.
- Vos no lo conoces. El Cronista es simplemente un periodista, un notero. Trabaja para un diario de Buenos Aires.
Asi habia dicho Nastenka, y cuando yo le pregunte, como un estupido, que para que diario trabajaba el Cronista, me replico maliciosamente que, como era la Buenos Aires Magica a la que se referia, no tenia sentido nombrar al diario en cuestion, porque yo no iba a conocerlo de todos modos. Lo de invisible habia sido una contribucion mia, un epiteto bastante aburrido, por no decir obvio, e incluso hasta inadecuado, pues aunque era cierto que no podiamos ver la cara del cronista o decir de que color era la camisa a cuadros que solia llevar, su presencia en cada charla o en cada caminata se hacia sentir de una manera tal que ninguno de los dos (cuando eramos solo yo y Guillermina) o de los tres (cuando ademas estaba Nastenka) o de los cuatro (cuando tambien estaba Vera) se hubiese animado a dudar de su condicion de integrante. Habiamos discutido varias veces si el Cronista era invisible o no lo era. Para mi su invisibilidad era evidente, pero la argumentacion de Nastenka, apoyada con entusiasmo por Vera y Guillermina, tenia tambien su contundencia. Nastenka decia que si el cronista era inocuo e incoloro, completamente silencioso e intangible (me habia hecho aceptar separadamente y por adelantado, de manera mas bien Socratica, estos puntos) ¿como podia entonces uno saber, como efectivamente siempre sabiamos, no solo que estaba presente y escuchando, sino tambien si estaba o no tomando notas, si tenia puesta una camisa a cuadros o a rayas, o incluso si esta sentado en una silla o parado? Esas determinaciones, continuaba Nastenka, eran netamente espaciales, y como tales no podian captarse con el oido (salvo que uno fuese un murcielago) o el olfato, y entonces aunque el cronista no fuese ortodoxamente visible, era sin embargo visible de algun modo.
12 may 2015
Postmodernidad
Ella cliclea. Es un clicleo ciclico, circular, repetitivo hasta el hartazgo. Cliclea o Clickea, puesto que no existe la palabra y entonces tampoco una forma de escribirlo. No existe la palabra. Ese es el problema. Ya no existe la palabra y por eso existe el click, el repiqueteo furioso y distante sobre el boton del mouse, nuevo yunque sobre el que el dedo - martillo golpea y colapsa maquinalmente.
La miro: Clic, clic, clic. La miro un poco con desgano, encorvado y con la palma en la cara (mas bien es la cara en la palma, la cara en la palma como un perro en el tapete), la miro como desde atras de mi mismo, como si detras de mis ojos, mas alla de la habitacion y de nuestros dias hubiese, muy muy lejos, otro yo y otros ojos. La miro a esa distancia: cliccliclicliclicliclic. No existe la palabra.
Su clicleo es un clicliclear indiferente, hueco, un cliclear de mecanografa, de mensaje secreto, casi de ultratumba. Sordo, su clicliclear es sordo. Y tambien es refractario. No solo con la mano: Tambien cliclea con los ojos. Esto es mas bien raro. No es que sus pestañas hagan ruido alguno, que hagan clic o hagan chik o croc, para nada. Es mas bien un sincronismo entre en dedo y la pestaña, entre el click y el parpado. Mirandola, no se si el click comienza en el dedo y repercute en el ojo o si, mas bien, comienza nerviosamente en el parpadeo temblequeante del ojo para luego estallar espasmodicamente en el dedo. Se me ocurre que es atravesada por pequeñas descargas electricas, que es un animal en una mesa de pruebas, atado con correas, sometido a estupidas averiguaciones, y me da un poco de pena como su cara, otras veces tan radiante y llena de fogonazos y tormentas, se parece tanto ahora a una bolsa o a un carton de leche. Neutra, sosa, clic.
El sol entra lentamente por la ventana, y nos ilumina como en un cuadro. Ella tan ausente, y yo tan ausente tambien. Un tapping de bajo y un piano machacan el fondo oscuro de la sala. Me doy cuenta que mi dedo gordo del pie tambien clickea. Es decir, marca el tiempo, que es un clicleo un poco mas ritmico que la punta del zapato hace sobre el piso. Jazz. Mas armonioso y menos frenetico, mas caluroso y menos maquina pero... al fin y al cabo...
No existe la palabra. Jazz y clic porque la palabra ya no existe, no fluye, no une. El clic y el jazz son como un fondo que disuelve las formas, que nos disuelve. Mientras la miro, la siento otra, es decir no la miro. La siento otra porque no soy yo quien mira. No estamos. Mientras el sol se oculta veo que no veo y hallo que no estamos, ni ella ni yo, y que lo unico que hay son dos cuerpos, uno ya tumbado y el otro rigido y hieratico como una estatua sagrada, como una estatua con una mano y un dedo que machaca sobre un raton.
La miro: Clic, clic, clic. La miro un poco con desgano, encorvado y con la palma en la cara (mas bien es la cara en la palma, la cara en la palma como un perro en el tapete), la miro como desde atras de mi mismo, como si detras de mis ojos, mas alla de la habitacion y de nuestros dias hubiese, muy muy lejos, otro yo y otros ojos. La miro a esa distancia: cliccliclicliclicliclic. No existe la palabra.
Su clicleo es un clicliclear indiferente, hueco, un cliclear de mecanografa, de mensaje secreto, casi de ultratumba. Sordo, su clicliclear es sordo. Y tambien es refractario. No solo con la mano: Tambien cliclea con los ojos. Esto es mas bien raro. No es que sus pestañas hagan ruido alguno, que hagan clic o hagan chik o croc, para nada. Es mas bien un sincronismo entre en dedo y la pestaña, entre el click y el parpado. Mirandola, no se si el click comienza en el dedo y repercute en el ojo o si, mas bien, comienza nerviosamente en el parpadeo temblequeante del ojo para luego estallar espasmodicamente en el dedo. Se me ocurre que es atravesada por pequeñas descargas electricas, que es un animal en una mesa de pruebas, atado con correas, sometido a estupidas averiguaciones, y me da un poco de pena como su cara, otras veces tan radiante y llena de fogonazos y tormentas, se parece tanto ahora a una bolsa o a un carton de leche. Neutra, sosa, clic.
El sol entra lentamente por la ventana, y nos ilumina como en un cuadro. Ella tan ausente, y yo tan ausente tambien. Un tapping de bajo y un piano machacan el fondo oscuro de la sala. Me doy cuenta que mi dedo gordo del pie tambien clickea. Es decir, marca el tiempo, que es un clicleo un poco mas ritmico que la punta del zapato hace sobre el piso. Jazz. Mas armonioso y menos frenetico, mas caluroso y menos maquina pero... al fin y al cabo...
No existe la palabra. Jazz y clic porque la palabra ya no existe, no fluye, no une. El clic y el jazz son como un fondo que disuelve las formas, que nos disuelve. Mientras la miro, la siento otra, es decir no la miro. La siento otra porque no soy yo quien mira. No estamos. Mientras el sol se oculta veo que no veo y hallo que no estamos, ni ella ni yo, y que lo unico que hay son dos cuerpos, uno ya tumbado y el otro rigido y hieratico como una estatua sagrada, como una estatua con una mano y un dedo que machaca sobre un raton.
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